TL;DR:
- El Lunar Reconnaissance Orbiter midió el cráter del Falcon 9: unos 18 metros de ancho y menos de 3 de profundidad, un techo calculado por la longitud de la sombra.
- La NASA había pronosticado 3.7 metros de hondo y el equipo de Tanner Campbell modeló un hoyo cercano a los 40 metros de ancho.
- El punto de impacto previsto por el centro de defensa planetaria del JPL falló por cerca de un kilómetro, el margen que hereda el próximo choque.
La NASA publicó el 18 de agosto las imágenes con las que su Lunar Reconnaissance Orbiter midió el cráter que abrió en la Luna la etapa superior de un Falcon 9 el 5 de agosto: unos 18 metros de ancho y menos de 3 de profundidad. El dato cierra semanas de estimaciones que iban de 18 a 40 metros y deja el hoyo real en el extremo más pequeño del rango. Hasta la agencia se había pasado: antes del choque calculaba 3.7 metros de profundidad. Las fotos se tomaron el 11 y el 12 de agosto, seis días después del golpe, mediante un relevo entre astrónomos independientes, el centro de defensa planetaria del Laboratorio de Propulsión a Chorro y la sonda surcoreana Danuri. Ese relevo dejó el número que se usará la próxima vez: el punto de impacto pronosticado falló por cerca de un kilómetro.
El ancho salió del borde y la profundidad, de la sombra
El orbitador reunió la serie entre el 11 y el 12 de agosto con su Narrow-Angle Camera, capaz de distinguir detalles de unos 90 centímetros. Los científicos usaron las tomas en las que el borde del cráter quedaba bien marcado para medir los 18 metros de ancho.
La profundidad se obtuvo de otra manera y por eso conviene leerla con cuidado. Salió de la longitud de la sombra, así que el resultado es un techo y no un valor cerrado: menos de 3 metros. Mark Robinson, investigador principal del sistema de cámaras LROC y con base en la empresa Intuitive Machines de Houston, describió a Space.com un hoyo que aparenta quedarse por debajo de esa cifra.
Las imágenes muestran rayos claros y oscuros que salen del cráter. Los oscuros son polvo y roca de la superficie alterados durante mucho tiempo por el viento solar, los rayos cósmicos galácticos y los micrometeoritos; el choque los levantó desde apenas 45 centímetros de hondo. Los claros, pegados al borde, son material fresco excavado de más abajo.
Robinson aportó un detalle sobre la forma del hoyo: el patrón de eyección en V del lado sur resulta "consistente con impactadores naturales que golpean la Luna en ángulos bajos". El patrón, en otras palabras, se parece al que dejan las rocas que caen de lado.
De los tres cálculos previos, el ganador fue el más pequeño
Ninguna de las cifras que circularon antes de estas imágenes era una medición. Las tres se publicaron antes del 5 de agosto, cuando todavía no existía una sola imagen del cráter, y solo ahora se pueden poner al lado del resultado. La tabla compara cada pronóstico con lo que el LRO acabó viendo.
| Estimación o medición | Ancho | Profundidad |
|---|---|---|
| NASA, aviso del 4 de agosto de 2026 | unos 18 metros | 3.7 metros |
| Equipo de Tanner Campbell | cerca de 40 metros | no publicada |
| Preprint del 16 de julio de 2026 | entre 20 y 30 metros | no publicada |
| Medición del LRO, 18 de agosto de 2026 | unos 18 metros | menos de 3 metros |
La NASA clavó el ancho y falló la profundidad: el hoyo resultó al menos 70 centímetros más plano de lo que anticipaba su propio cálculo. El modelo del equipo de Campbell, que reconstruyó la trayectoria del objeto con cientos de observaciones ópticas, se pasó por más del doble. Ya lo habíamos advertido el 9 de agosto, cuando ninguna de esas cifras tenía respaldo instrumental y la medición dependía por completo de que el LRO consiguiera apuntar.

Acertar el punto exacto era el verdadero ejercicio
El Centro de Estudios de Objetos Cercanos a la Tierra (CNEOS), con sede en el Laboratorio de Propulsión a Chorro de la NASA en el sur de California, se dedica a rastrear los cuerpos naturales que pueden representar un peligro para la Tierra. Con este choque hizo algo distinto: aprovechó la ocasión para probar y validar sus herramientas de predicción de impactos, dentro del programa de defensa planetaria de la agencia.
Fueron astrónomos independientes quienes identificaron primero la trayectoria del cohete con datos públicos. El CNEOS afinó el cálculo por etapas hasta acotar el golpe a dos elipses de 3.4 kilómetros de largo por 640 metros de ancho. Las dos parten de la misma reconstrucción de la trayectoria y se diferencian en un punto: solo una toma en cuenta el relieve lunar.
Con esa posición en la mano, la NASA avisó al equipo del Korea Pathfinder Lunar Orbiter. Danuri apuntó unas horas después su cámara de terreno de alta resolución, LUTI, y encontró el cráter. El pronóstico había fallado por cerca de un kilómetro. El equipo coreano devolvió entonces las coordenadas al del LRO para afinar la secuencia de fotos de seguimiento, y el centro del cráter quedó fijado en 19.4759 grados norte y 266.7138 grados este, a 511 metros de altitud.
Ese kilómetro es el saldo aprovechable del episodio. Un impacto artificial con hora y trayectoria conocidas funciona como blanco de calibración: permite saber cuánto se equivocan los modelos cuando toca pronosticar una roca que sí viene hacia la Tierra.
Diez segundos tarde y la foto se va 16 kilómetros
Apuntar la cámara tuvo su propia dificultad. El LRO no vuela mirando hacia donde conviene, así que los operadores inclinaron la nave para orientar las cámaras hacia la zona en cada pasada, a unos 97 kilómetros de altura y a 1.6 kilómetros por segundo. El orbitador completa una vuelta de polo a polo cada 117 minutos, según el conteo de Space.com, y ese fue el intervalo entre disparo y disparo. Como la Luna gira despacio por debajo, esperar a que el lugar del impacto quedara a la vista tomó seis días.

La puntería no bastaba: el reloj mandaba igual. Si la cámara disparaba diez segundos antes o después de lo previsto, el objetivo se corría 16 kilómetros del centro del encuadre. La sexta y última imagen de la secuencia se tomó con la mayor inclinación de todas, 68 grados, y ofrece una perspectiva parecida a la que tendría un astronauta del programa Artemis asomado a la ventanilla de una Orion, con el horizonte lunar de fondo.
El cráter no altera gran cosa la superficie de la Luna: la NASA calcula que un meteorito con la misma energía que traía la etapa golpea el satélite cada seis días. Lo que queda es el registro. El choque del 5 de agosto se anticipó con meses de antelación, se localizó con un error de cerca de un kilómetro y se midió seis días más tarde, y ese margen es el que hereda el próximo pedazo de cohete que llegue a la Luna sin control.