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Dos plantas venenosas revelan la ruta genética de compuestos medicinales complejos

Seis enzimas permitieron producir atisinium en tabaco y estudiar futuros fármacos inspirados en plantas venenosas.

por Patricia Rodriguez
Close-up of purple bougainvillea flower showing vibrant petals and fresh green leaves.
Foto de Suki Lee en Pexels

TL;DR:

  • Investigadores de Michigan State University y la Czech Academy of Sciences identificaron seis enzimas relacionadas con la producción de alcaloides diterpénicos.
  • Los genes fueron introducidos en plantas de tabaco, que produjeron atisinium, un compuesto complejo asociado con esta familia química.
  • El resultado abre una vía para estudiar futuros tratamientos, pero las moléculas siguen siendo altamente tóxicas y la ruta completa todavía no está resuelta.

Un equipo de Michigan State University y la Czech Academy of Sciences identificó los primeros pasos genéticos que permiten a dos plantas venenosas fabricar compuestos de gran complejidad química. Al introducir esos genes en plantas de tabaco, los investigadores lograron producir atisinium, un alcaloide diterpénico relacionado con la química del larkspur y el wolfsbane.

El hallazgo, publicado en la revista Molecular Plant, podría ayudar a estudiar moléculas con potencial contra el dolor, la malaria, el cáncer y algunas plagas. Su alcance actual es más preciso: ofrece una ruta biológica para producir y analizar estos compuestos en cantidades mayores, no un fármaco listo para usarse.

Copiar la química de estas plantas era el verdadero problema

El larkspur, también conocido como delphinium, y el wolfsbane o monkshood producen alcaloides diterpénicos. En cantidades diminutas, algunos de ellos pueden causar neurotoxicidad y parálisis. Esa misma actividad biológica ha despertado interés en investigaciones farmacológicas.

El obstáculo está en su estructura. Uno de los compuestos más conocidos, la aconitina, fue aislado en 1833 y todavía no se ha logrado sintetizar con éxito en un laboratorio mediante química convencional. Las plantas, en cambio, construyen estas moléculas utilizando cadenas de reacciones controladas por enzimas.

“Las plantas son los mejores químicos que existen: perfeccionan su arsenal de compuestos naturales durante millones de años para sobrevivir”, explicó Björn Hamberger, investigador de Michigan State University.

El problema práctico es que las plantas producen estos metabolitos especializados lentamente y en cantidades muy pequeñas. Extraerlos de las raíces puede ser insuficiente para investigar sus propiedades, mientras que copiarlos desde cero exige reproducir estructuras que la química sintética aún no domina.

De miles de genes a una cadena de seis enzimas

Los grupos de investigación estudiaban plantas distintas. El laboratorio de Hamberger analizaba el larkspur, mientras el equipo dirigido por Tomáš Pluskal, en la Czech Academy of Sciences, trabajaba con wolfsbane. La colaboración permitió comparar varias especies y buscar mecanismos compartidos.

Los investigadores rastrearon miles de genes para localizar aquellos que se activaban en los tejidos adecuados y coincidían con la producción de los alcaloides. El trabajo se concentró en reconstruir la cadena de reacciones paso a paso:

  • Identificar genes activos en los tejidos donde se acumulan los compuestos.
  • Comparar especies de larkspur y wolfsbane para encontrar instrucciones genéticas conservadas.
  • Transferir los genes seleccionados a un organismo huésped.
  • Analizar las moléculas producidas por ese organismo para confirmar qué enzimas funcionaban.

La prueba se realizó en plantas de tabaco modificadas genéticamente. Estas plantas actuaron como biofábricas experimentales y produjeron atisinium, un alcaloide diterpénico que sirve como punto de entrada para estudiar compuestos más complejos.

Las seis enzimas ayudaron a que la molécula adquiriera su forma tridimensional y facilitaron la incorporación de una fuente de nitrógeno. Ese paso era especialmente relevante porque los científicos todavía no conocían con precisión cómo las plantas transformaban un esqueleto diterpénico en un alcaloide.

El principio se parece al de otras investigaciones de molecular farming, aunque con un objetivo distinto. FomoEra documentó recientemente cómo semillas modificadas pueden producir beta-caseína bovina real dentro de plantas.

Caseína de vaca real, cultivada en plantas
Científicos producen caseína de vaca real dentro de semillas de plantas, sin ganado y con mayor rendimiento.

En el caso del larkspur y el wolfsbane, la planta de tabaco no se utilizó para producir alimentos ni medicamentos, sino para comprobar que una combinación concreta de genes podía reconstruir una parte de la química natural.

La planta obtiene el nitrógeno de una fuente inesperada

Uno de los detalles más interesantes apareció al rastrear el origen del nitrógeno presente en estos alcaloides. La estructura final de varias moléculas parece contener una marca asociada con la etilamina, por lo que esa sustancia parecía la candidata más probable.

Para comprobarlo, el equipo alimentó células vegetales con versiones marcadas de etilamina y etanolamina. La señal que terminó incorporada a los compuestos correspondió a la etanolamina, no a la etilamina.

La diferencia importa porque revela que la planta puede comenzar con una fuente de nitrógeno y reorganizar sus componentes durante etapas posteriores. En otras palabras, la apariencia química de la molécula final no muestra necesariamente cuál fue el material utilizado al principio.

Ese dato ayuda a completar el mapa de la biosíntesis y señala nuevas enzimas que podrían trasladarse a levaduras u otros organismos diseñados para producir estas moléculas de forma más controlada.

El potencial farmacológico todavía está lejos de una medicina

El estudio resolvió los primeros pasos de la producción de atisinium, pero la familia de alcaloides diterpénicos contiene muchos compuestos más complejos. La ruta necesaria para llegar a moléculas como la aconitina todavía incluye etapas que los investigadores no han identificado.

La posibilidad futura consiste en introducir las instrucciones genéticas en huéspedes como levaduras o plantas modificadas para obtener cantidades mayores y constantes. Eso permitiría realizar pruebas químicas y biológicas que hoy resultan difíciles por la escasez de material disponible.

“En un escenario ideal, esto podría ayudar algún día a crear nuevos fármacos inspirados en estos productos naturales”, señaló Lana Mutabdžija, coautora del estudio.

La investigación tampoco demuestra que estas moléculas sean seguras o eficaces como tratamientos. Su toxicidad sigue siendo un problema central y cualquier aplicación médica requeriría más etapas de investigación, modificación química, pruebas de seguridad y desarrollo clínico.

Por ahora, el avance más concreto es una ruta genética parcial que permite fabricar un compuesto complejo dentro de un organismo huésped. La promesa está en poder estudiar sustancias que las plantas producen en cantidades mínimas y que la química de laboratorio todavía no consigue copiar.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Solo puedo decir que soy una apasionada con todo lo que tiene que ver con el mundo Digital me encanta todo lo que es escritura, IA, Ediciones de Video Reels y más. Me considero una persona "DIVERGENTE"

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