TL;DR:
- Un equipo encabezado por Collin Cherubim detectó helio escapando de LHS 1140 b, un planeta rocoso en la zona habitable de su estrella, a unos 48 años luz. El estudio salió el 16 de julio de 2026 en la revista Science.
- El equipo calcula que el planeta pierde 220 toneladas de helio por segundo. La medición se hizo desde el Observatorio Las Campanas, en Chile, con el telescopio Magellan Clay.
- La señal apareció en septiembre de 2024 y desapareció en las observaciones de 2025. Astrónomos ajenos al estudio piden más datos antes de darla por confirmada.
Un equipo encabezado por Collin Cherubim detectó helio escapando de LHS 1140 b, un planeta rocoso que gira en la zona habitable de una enana roja a unos 48 años luz de la Tierra. Es la primera atmósfera identificada en un mundo de ese tipo: rocoso y a la distancia justa de su estrella para que pueda existir agua líquida en la superficie. El estudio se publicó el jueves 16 de julio de 2026 en la revista Science y lo firman investigadores de Harvard, la Universidad de Florida y el Observatorio Carnegie. La observación se hizo desde Chile, con un telescopio en tierra. Según los autores, esa atmósfera probablemente lleva ahí más de tres mil millones de años.
El dato importa porque una atmósfera es lo que separa a un mundo de una piedra. Retiene el agua en la superficie, reparte el calor y frena la radiación de la estrella. Sin ella, estar en la zona habitable es apenas una dirección postal.
"Una atmósfera es esencial para que un planeta albergue vida tal como la conocemos."
Lo dijo Cherubim, que se doctoró en Ciencias de la Tierra y Planetarias en Harvard y este otoño se incorpora a la Universidad de Chicago. El resultado nació de una cuenta matemática suya: modeló cómo envejecen las atmósferas de los planetas pequeños y encontró un patrón. Nacen envueltos en hidrógeno y helio, sueltan primero el hidrógeno por ligero y se quedan con una capa alta de helio. Con esa predicción armó una lista de candidatos filtrando por masa, radio y temperatura, y LHS 1140 b salió arriba. De paso, ya era el consentido de la comunidad: rocoso, cercano, templado.
David Charbonneau, jefe del Departamento de Astronomía de Harvard y codirector de su tesis, no le compró la idea de entrada. Le pareció endeble justo porque salía de un cálculo y nadie había visto algo así en un mundo rocoso. Los datos lo convencieron: Cherubim, cuenta, analizó los planetas conocidos, predijo que este tendría helio, consiguió el tiempo de telescopio y volvió con una detección estadísticamente sólida.

220 toneladas de helio por segundo, medidas desde Chile
La cita fue en septiembre de 2024, en el Observatorio Las Campanas. El equipo apuntó el espectrógrafo WINERED del telescopio Magellan Clay a la estrella y aprovechó un alineamiento poco común: LHS 1140 b y su vecino LHS 1140 c pasaron por delante del disco estelar la misma noche. Cuando la luz de la estrella atraviesa una atmósfera, deja huellas. En LHS 1140 c no había nada. En LHS 1140 b, el helio saltó a la vista.
El equipo estima que el planeta pierde 220 toneladas de helio cada segundo. Sky & Telescope lo compara con soltar al espacio el peso de una ballena azul adulta, una tras otra, sin parar. La radiación de alta energía de la estrella calienta ese gas, lo empuja y lo estira en una cola larga por detrás del planeta.
Hay un detalle técnico que explica por qué la señal es tan escurridiza: solo el helio excitado por la radiación absorbe luz. El helio neutro es invisible para el instrumento. Lo que WINERED registró en 2024 fue la sombra de esos átomos encendidos, y de ahí sale todo lo demás.
Robin Wordsworth, profesor de Harvard y también director de la tesis de Cherubim, lo puso en perspectiva histórica: hace veinte años la duda era si existían otros planetas de tipo terrestre, después se supo que abundan, luego aparecieron algunos en la zona habitable, y la pregunta que quedaba era si alguno había conseguido conservar su atmósfera. Ahora ya hay uno.
La señal apareció en 2024 y en 2025 ya no estaba
Aquí viene el asterisco. Cuando el equipo repitió la observación un año después, el helio no estaba.
"Nuestras observaciones de 2025 no revelaron helio escapando."
Lo explicó Shreyas Vissapragada, astrónomo del Observatorio Carnegie y coautor del trabajo, en declaraciones recogidas por Sci.News: el escape atmosférico, dice, parece ser variable, y presenciar cómo cambia la atmósfera de un planeta extrasolar en plazos humanos le parece un privilegio raro. Cherubim admitió a Scientific American que el hallazgo lo dejó helado y lo obligó a revisar de nuevo los datos de 2024 por si se le había escapado algo.
Las explicaciones sobre la mesa son tres: la atmósfera responde a distintas temperaturas a lo largo de la órbita, la actividad magnética de la estrella cambió, o (la favorita de Cherubim) el helio siguió escapando igual y simplemente no había suficientes átomos excitados para verlo.
Laura Kreidberg, astrónoma del Instituto Max Planck de Astronomía en Heidelberg, que no participó en el estudio, le dijo a Scientific American que esa ausencia es su única molestia con el trabajo. Habría preferido una confirmación, aunque no le parece descabellada esa variabilidad y apuesta a que la señal reaparecerá. Charles Cadieux, de la Universidad de Montreal, que lideró un estudio previo sobre este mismo planeta, pidió cautela a Sky & Telescope por una razón concreta: el helio también existe en las estrellas.
"Necesitamos más observaciones para saber realmente qué está pasando con este planeta."
Hay un frente más. Observaciones anteriores del James Webb habían descartado una atmósfera esponjosa en LHS 1140 b y apuntaban a compuestos pesados como dióxido de carbono, nitrógeno, agua y oxígeno. Eso choca de frente con el helio, salvo que ambas cosas sean ciertas a la vez: una capa alta dominada por helio y pobre en hidrógeno, y debajo, atrapado por el frío, todo lo pesado. Es justo lo que propone el modelo del equipo.
Zona habitable no quiere decir habitable
La zona habitable es la franja de distancias alrededor de una estrella donde la temperatura permitiría que haya agua líquida en la superficie de un planeta rocoso. Nada más. No garantiza océanos, ni aire respirable, ni clima amable.
La ficha de LHS 1140 b, con los números que ya estaban en los catálogos, aterriza el entusiasmo:
- Pesa 5.6 veces lo que la Tierra y su radio es 1.73 veces mayor. Es una super-Tierra, no una gemela.
- Le da una vuelta completa a su estrella cada 24.7 días.
- Recibe el 42% de la radiación que la Tierra recibe del Sol y su temperatura de equilibrio es de 226 K, unos 47 grados bajo cero.
- Su estrella, LHS 1140, es una enana roja tranquila de más de tres mil millones de años, en la constelación de Cetus, con tres planetas conocidos.
- Se descubrió en 2017, y quien lo encontró, Jason Dittmann, firma también este estudio.
Una atmósfera dominada por helio tampoco se parece a la nuestra. Sky & Telescope apunta que el hallazgo podría estrenar una categoría que hasta ahora solo existía en el papel: los mundos de helio. Y esa estrella tranquila, sin las eyecciones catastróficas que fríen a otros planetas de enanas rojas, es parte del atractivo.
¿Entonces qué tenemos exactamente? Dittmann, profesor de la Universidad de Florida, lo plantea como disyuntiva: o LHS 1140 b es una roca pelada que de vez en cuando eructa gas y lo pierde de inmediato, o tiene una atmósfera estable que suelta material poco a poco, como hace la Tierra. La diferencia entre esas dos historias es todo.
El Webb ya tomó nueve observaciones nuevas del planeta
La respuesta llegará por agua. Si el Webb encuentra vapor de agua ahí arriba, dice Dittmann, entonces la atmósfera es estable y va a persistir. Ese trabajo ya empezó: LHS 1140 b es uno de los objetivos del programa Rocky Worlds, 500 horas de observación con el James Webb y el Hubble que arrancaron en 2025 para buscar atmósferas en decenas de planetas de enanas rojas. A principios de julio, según Sky & Telescope, el Webb sumó nueve observaciones más de este planeta a lo largo de su órbita.
Cherubim presume, ante Scientific American, que se les adelantó: el Webb tenía a LHS 1140 b en su lista corta de mundos prometedores y él respondió la pregunta antes, desde tierra y por otra vía. Ese es el resultado metodológico que puede rendir más a mediano plazo. El propio CfA reconoce que buscar gases en fuga desde observatorios terrestres puede convertirse en una herramienta seria para estudiar atmósferas rocosas, y eso pone en juego a los telescopios instalados en el norte de Chile, no solo a los que están en órbita.
Preguntas rápidas sobre LHS 1140 b
¿Se confirmó que LHS 1140 b tiene atmósfera?
El estudio publicado en Science detectó helio escapando del planeta en 2024 y sus autores lo presentan como la evidencia más sólida hasta hoy de una atmósfera. No es un caso cerrado: la señal no reapareció en 2025 y astrónomos externos, como Charles Cadieux, piden más observaciones.
¿Hay vida o agua en LHS 1140 b?
Nadie ha detectado ninguna de las dos. El planeta cumple tres requisitos: es rocoso, está a una temperatura compatible con el agua líquida y ahora muestra indicios de atmósfera. Jason Dittmann explica que el Webb buscará agua en los próximos cuatro o cinco años; sin ese dato, la habitabilidad sigue abierta.
¿Con qué telescopio se detectó la atmósfera?
Con el espectrógrafo WINERED del telescopio Magellan Clay, en el Observatorio Las Campanas, Chile. El equipo midió la luz de la estrella durante un tránsito de septiembre de 2024 y encontró la huella del helio excitado. La observación se hizo desde tierra y no desde el espacio.
El muro de la búsqueda de vida fuera del sistema solar no era encontrar planetas rocosos templados: ya se conocen varios. Era saber si alguno conservaba aire. LHS 1140 b acaba de dar la primera respuesta afirmativa, y la dio con un número que se puede medir, 220 toneladas de helio por segundo, desde un cerro en Chile. Falta lo difícil: mirar debajo de esa capa de helio y ver si hay agua. El Webb ya está en eso.