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Bain recrea con IA el software de las empresas que el capital privado quiere comprar: la nueva prueba de fuego del M&A

Bain clona con IA el software de empresas objetivo para ver si su código es realmente un foso defensible.

por Dilis Salazar
Bain recrea con IA el software de las empresas que el capital privado quiere comprar: la nueva prueba de fuego del M&A

TL;DR:

  • Bain & Company ha vibecodeado cientos de prototipos para evaluar a empresas de software dentro de procesos de adquisición de fondos de capital privado.
  • La práctica nació en 2023 con un equipo dedicado de ingenieros y hoy la ejecutan consultores de planta; una réplica de Bain ya contribuyó a que un fondo abandonara una oferta.
  • El valor de las operaciones de capital privado en tecnología, telecom y medios se desplomó 69% en el primer trimestre de 2026 frente al trimestre anterior, según KPMG.

La consultora Bain & Company encontró una manera incómoda de poner a prueba a las empresas de software que sus clientes quieren comprar: rehacer su producto con inteligencia artificial. Según un reporte del Financial Times publicado el 22 de junio de 2026, los consultores de la firma han "vibecodeado" cientos de prototipos para medir qué tan difícil sería copiar la tecnología de un objetivo de adquisición. La pregunta de fondo es brutal por lo simple: ¿el código es de verdad la ventaja defensible del negocio, o el fondo está a punto de pagar una prima por algo que una IA reproduce en cuestión de días? La respuesta ya está moviendo dinero real en las mesas de capital privado.

El vibecoding es la práctica de construir software describiéndole en lenguaje natural a un modelo de inteligencia artificial lo que uno quiere; la máquina escribe el código. Bain convirtió ese atajo de programadores en una herramienta de auditoría financiera.

Cómo nació la prueba y por qué hoy la usa cualquier consultor

Lo que arrancó como un experimento controlado hoy es rutina. La práctica empezó en 2023 con un equipo dedicado de ingenieros de software; ahora la ejecutan consultores de planta, sin perfil técnico especializado. El método es de manual: tomar el producto de la empresa objetivo y reconstruir sus funciones centrales desde afuera, solo con lo que se ve y se intuye, para comprobar cuánto de su propuesta de valor resiste el escrutinio.

Rebecca Burack, jefa de la práctica global de capital privado de Bain, lo compara con la diferencia "entre ver algo en 2D y verlo en 3D". Un dossier dice que un producto es difícil de copiar; una réplica funcional lo demuestra o lo desmiente.

laptop screen displaying colorful code
Photo by Mohammad Rahmani / Unsplash

El código casi nunca es el verdadero foso

Aquí está el giro que vuelve útil el ejercicio. Reconstruir las funciones de una plataforma no prueba que la empresa no valga nada: prueba qué parte de la historia hacía el trabajo pesado. Y muchas veces no es el código. La firma lo usa, en palabras de Burack,

"para mostrar lo que una empresa de software puede y no puede hacer, para entender dónde encaja en la cadena de valor y para entender si lo defensible del negocio es realmente el código o algo más."

— Rebecca Burack, jefa de la práctica global de capital privado de Bain

Una réplica vibecodeada copia la superficie —las pantallas, el flujo básico, un puñado de integraciones—, pero no copia lo que de verdad amarra al cliente: los datos propietarios acumulados durante años, la integración profunda con los sistemas de la empresa, el costo de migrar a otra herramienta, las relaciones comerciales, el historial de seguridad y tiempo activo, la confianza. Cualquiera que haya vendido software conoce la diferencia entre un prototipo y un producto con soporte, auditorías y años de cicatrices operativas. El punto de Bain es más fino: si la IA arma en días un clon convincente, el foso de esa empresa era más bajo de lo que prometía su presentación.

La réplica que tumbó una oferta

El método ya cambió decisiones concretas. Dos ejecutivos de capital privado de Silicon Valley contaron al Financial Times que frenaron su ritmo de operaciones y endurecieron el escrutinio del riesgo de IA en cada empresa que miran. Uno de ellos lo dijo sin rodeos:

"Si está en la casilla de dudas, no lo vamos a tocar."

— Un ejecutivo de capital privado de Silicon Valley, citado por el Financial Times

El segundo fue más específico: una recreación que Bain vibecodeó de una plataforma de analítica pesó en la decisión de su firma de salirse de la puja. No hubo cifra pública ni nombre del objetivo, pero el mensaje para el vendedor es claro: la prueba puede costar el trato.

Por qué el momento no es casualidad: los múltiplos del software se desinflan

Bain no llega con esto en el vacío. El mercado público ya está poniendo precio a la disrupción de la IA: Salesforce y ServiceNow perdieron más de un tercio de su valor en lo que va de 2026. En el mercado privado el frenazo es más violento. El valor total de las operaciones de capital privado en tecnología, telecomunicaciones y medios se desplomó 69% en el primer trimestre de 2026 frente al último trimestre de 2025, según datos de KPMG.

Durante años, los fondos valoraron a las empresas de software asumiendo que un buen producto empresarial era difícil de reproducir, lento de reemplazar y protegido por la costumbre del cliente. El vibecoding no derribó esa lógica en todos lados, pero dejó al descubierto cuánta de ella era pereza. Si el activo es un flujo de trabajo delgado, un tablero familiar y tres integraciones, el comprador tiene todas las razones para preguntar si está comprando un foso o el build de ayer.

Para fundadores e inversionistas del ecosistema tecnológico en español —de México a España, de Bogotá a Miami—, la lectura es la misma y es incómoda: vender comodidad disfrazada de defensibilidad dejó de cotizar con prima. Lo que se paga caro ahora es lo que una IA no puede improvisar en un fin de semana: datos, distribución, costos de cambio y relaciones que tardan años en construirse.

Fuente: 1

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por Dilis Salazar

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