TL;DR:
- Valarian, startup con sede en Londres, cerró una Serie A de 50 millones de dólares liderada por NEA.
- La ronda lleva su financiamiento total a 70 millones y es la primera inversión de NEA en defensa y uso dual en Europa.
- Su software ACRA permite seguir usando nubes como AWS o Microsoft mientras controla qué datos salen, quién los toca y quién puede apagar el sistema.
La startup londinense Valarian levantó una Serie A de 50 millones de dólares liderada por NEA, en una apuesta por la llamada soberanía de la inteligencia artificial. La ronda, adelantada en exclusiva por Fortune, eleva el financiamiento total de la compañía a 70 millones y marca la primera inversión de NEA en defensa y uso dual (dual-use) en Europa. Fundada por Max Buchan y el exejecutivo de Palantir Josh McLaughlin, Valarian vende un software que se coloca por debajo de los sistemas de IA de gobiernos y empresas para controlar cómo operan, a qué datos acceden y quién puede apagarlos. La promesa es concreta: seguir usando nubes estadounidenses como Amazon o Microsoft sin ceder el control de la información que se procesa dentro de ellas.
Max Buchan empezó a defender la soberanía de la infraestructura cuando, en sus palabras, "la globalización y Davos todavía eran cool". Su tesis de fondo es que los gobiernos occidentales entregaron las llaves de sus operaciones más sensibles a los gigantes tecnológicos de Estados Unidos y que, tarde o temprano, iban a perder el control de aquello sobre lo que corren su inteligencia y su infraestructura.
ACRA, una sala sellada alrededor de las cargas de IA
El producto se llama ACRA y Fortune lo describe como una sala de operaciones sellada alrededor de las cargas de IA y las aplicaciones sensibles. La idea no es sacar a las organizaciones de la nube pública, sino ponerles una capa encima: los departamentos de gobierno y las empresas pueden seguir sobre la infraestructura de Amazon o Microsoft, pero es Valarian quien decide exactamente qué información sale, quién la toca y en qué momento.
Según la descripción de la compañía y el reporte de Fortune, esa capa gobierna cosas como:
- qué datos pueden salir de cada entorno y hacia dónde;
- quién accede a esa información y en qué momento;
- dónde quedan las llaves de cifrado, que en cargas de gobierno y defensa se mantienen dentro del país;
- y quién tiene el poder de aislar o apagar el sistema.
Cada despliegue es criptográficamente único, el cliente conserva las llaves y, según la propia Valarian, ni siquiera la empresa puede entrar a los sistemas de un cliente una vez que arrancan. En entornos de defensa, el software corre aislado de la red (air-gapped) para que esos sistemas nunca "llamen a casa". El argumento que Buchan repite es que la soberanía no puede ser una casilla de configuración dentro de la infraestructura de otro: tiene que ser la infraestructura misma.
Un apagón de IA convirtió la soberanía en emergencia
Detrás del discurso hay una base legal muy específica, y tiene nombre: la CLOUD Act estadounidense.
El detonante más reciente, cuenta Buchan, llegó cuando el gobierno de Trump cortó este año el acceso a Anthropic fuera de Estados Unidos. De un día para otro, según su relato a Fortune, organizaciones enteras se quedaron sin poder usar el modelo. Ahí, dice, la soberanía dejó de ser un debate de política abstracta para volverse una urgencia.
"Nadie podía usar su modelo, porque el presidente de otro país lo había apagado."
Esa frase de Buchan resume el miedo que Valarian está vendiendo. Y llega en un momento de tensión geopolítica evidente: el gasto europeo en defensa alcanzó los 447,000 millones de dólares el año pasado, según cifras de SIPRI citadas por Fortune, y un primer ministro entrante del Reino Unido busca cancelar un contrato estatal con Palantir, dentro de un repliegue europeo más amplio frente a la firma estadounidense de datos.
El mismo dilema ya toca a España y América Latina
Aquí es donde la historia deja de ser un asunto londinense. La soberanía digital se volvió en 2026 una prioridad estratégica para gobiernos y empresas tanto en Europa como en América Latina, y por una razón muy parecida a la que empuja a Valarian: no basta con desplegar cargas en una región local y cifrar los datos si el proveedor sigue estando sujeto a una ley extranjera.
Hasta los propios gigantes cambiaron el tono. Según Revista Cloud, AWS lanzó una nube soberana europea operada desde Alemania, Google se apoya en una alianza con Thales y Microsoft insiste en sus compromisos digitales para Europa. La misma publicación advierte del riesgo de confundir soberanía con marketing de cumplimiento: una nube puede ser segura, avanzada y muy útil para IA empresarial sin ser plenamente soberana.
Para un banco en Madrid, una aseguradora en Bogotá o una dependencia de gobierno en México que corren cargas sensibles sobre AWS, Azure o Google, la pregunta es la misma que plantea Valarian: qué pasa con esos datos si hay una orden judicial extranjera, una crisis geopolítica o una decisión política en otro país. La respuesta ya no es teórica.
Por qué NEA apostó por una empresa sin fábricas ni misiles
Del lado del dinero, la ronda la lideró NEA (New Enterprise Associates), una de las mayores firmas de capital de riesgo de Estados Unidos, y es su primera inversión en defensa y uso dual en Europa. Mustafa Neemuchwala, el socio que encabezó la operación, defiende que Valarian esquiva la trampa clásica de las startups de defensa, esas que dependen de líneas de producción y de armamento que hay que fabricar y probar.
"Si esta empresa fracasa, no será porque gastaron de más en una planta de producción."
Valarian opera hoy con dos brazos montados sobre ACRA: una división de empresa, que atiende a bancos, farmacéuticas y aerolíneas, y una de defensa, enfocada en seguridad nacional para países de la OTAN. La ronda de 50 millones se suma a los 20 millones que la compañía ya había reunido antes, cuando aún se presentaba sobre todo como una startup de ciberseguridad. Buchan viene de ayudar a llevar una fintech de cero a unicornio, un negocio que después salió a bolsa en el Nasdaq con una valoración de 1,200 millones de dólares; McLaughlin llega de una carrera como directivo en Palantir y como exoficial del Ejército de Estados Unidos.
El cheque de NEA no compra un misil ni una fábrica: compra una tesis. La de que, en un mundo donde el gobierno de un país puede apagar el modelo de IA de otro, el control tiene que vivir en la arquitectura y no en la letra chica de un contrato con un proveedor extranjero. Para los gobiernos y las empresas de habla hispana que ya mueven cargas críticas sobre nubes de Estados Unidos, esa es la pregunta que Valarian pone sobre la mesa, ahora con 70 millones de dólares detrás para responderla.