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Un informe detecta 18,943 imágenes cuestionables en catálogos de anticuerpos

Un repositorio documentó posibles alteraciones en imágenes usadas para validar miles de anticuerpos comerciales. El análisis abre dudas sobre la evidencia de venta, aunque no prueba por sí solo que los productos sean defectuosos.

por Dilis Salazar
Female scientist using a microscope in a laboratory environment, focusing on research.
Foto de Thirdman en Pexels

TL;DR:

  • Un repositorio publicado el 25 de agosto documentó 18,943 imágenes de validación consideradas sospechosas o problemáticas.
  • Los registros corresponden a 17,495 productos y se concentran en catálogos comerciales de anticuerpos usados en investigación.
  • Las anomalías visuales no prueban por sí solas que un anticuerpo sea defectuoso ni permiten determinar quién modificó la imagen.

Un análisis de catálogos de reactivos de laboratorio documentó 18,943 imágenes de validación sospechosas o aparentemente manipuladas vinculadas con 17,495 productos de anticuerpos. Reese Richardson, investigador de desinformación científica en Northwestern University, y Sholto David reunieron los archivos en un repositorio de Zenodo publicado el 25 de agosto de 2026. La investigación periodística derivada del conjunto se concentra en 15 proveedores y plantea dudas sobre la evidencia visual con la que se comercializan estos reactivos. El hallazgo no demuestra por sí solo que todos los anticuerpos señalados fallen ni que cada imagen haya sido fabricada, pero deja a las compañías ante una pregunta concreta: dónde están los archivos originales que permitan explicar las alteraciones.

Fondos repetidos y bandas desplazadas encendieron las alertas

Los anticuerpos de investigación se diseñan para reconocer proteínas específicas. En técnicas como el western blot, una muestra se separa en un gel y el anticuerpo ayuda a revelar una banda donde debería encontrarse la proteína buscada. Las empresas muestran esos resultados en sus catálogos para respaldar que el reactivo funciona y, en ciertos casos, que distingue su objetivo de otras proteínas.

Richardson descargó imágenes publicadas por los proveedores y modificó sus niveles de contraste para hacer visible el ruido de fondo. Ese ruido debería variar entre experimentos. El análisis encontró fondos idénticos en pruebas atribuidas a anticuerpos distintos, bandas aparentemente movidas a otras posiciones, bloques de ruido repetidos y zonas que parecen haber sido pintadas digitalmente.

El repositorio conserva tanto los archivos descargados como versiones anotadas y una hoja de cálculo con el proveedor, número de catálogo, enlace del producto, fecha de identificación y una descripción del problema. No se trata de un artículo científico revisado por pares ni de una auditoría aleatoria de toda la industria. Richardson buscó patrones en zonas donde esperaba encontrar anomalías y excluyó imágenes cuya baja resolución impedía evaluarlas con confianza.

Woman in lab coat using touchscreen monitor in a modern laboratory setting.
Imagen ilustrativa de una prueba western blot utilizada en investigación biomédica · Foto de Tima Miroshnichenko en Pexels

Cuatro proveedores concentran casi nueve de cada diez imágenes

La base de Zenodo atribuye 6,388 imágenes problemáticas a G-Biosciences, 5,580 a Thermo Fisher Scientific, 2,695 a LSBio y 2,236 a OriGene. En conjunto suman 16,899 registros, cerca del 89% del total documentado. Esa concentración no permite comparar tasas de incumplimiento entre empresas, porque el trabajo no examinó muestras aleatorias ni auditó cada catálogo con la misma profundidad.

La cobertura habla de 15 proveedores, mientras la página del conjunto de datos enumera 16 compañías. La diferencia proviene de NeoBiotechnologies, que aparece en Zenodo con dos imágenes de dos productos. Richardson explicó en una nota al reporte que no perfiló a esa empresa porque solo encontró esos dos casos y corrigió una atribución previa que los vinculaba con Thermo Fisher.

También hay una posible explicación para que imágenes iguales aparezcan en marcas diferentes. Varias compañías venden productos fabricados por terceros bajo su propia etiqueta y pueden recibir del proveedor original tanto el anticuerpo como sus datos de validación. Ese modelo puede dispersar una misma imagen por varios catálogos, aunque no identifica quién hizo una modificación ni exime al vendedor de revisar la evidencia que publica.

Las imágenes alteradas no equivalen automáticamente a productos defectuosos

Mike Rossner, analista especializado en integridad de imágenes, coincidió con The Scientist en que los ejemplos revisados muestran modificaciones y fondos compartidos. También advirtió que sin los datos fuente no se puede inferir la intención ni concluir que cada anticuerpo sea inválido. Una banda auténtica pudo haberse colocado sobre otro fondo para limpiar la presentación, una práctica que aun así podría representar de forma engañosa la especificidad del producto.

La distinción importa. Un anticuerpo puede reconocer su objetivo, pero también unirse a otras proteínas. Si la imagen elimina señales no deseadas, el producto quizá funcione, aunque no con la limpieza que sugiere el catálogo. En otros casos, la reutilización de una misma banda en posiciones distintas sí abre dudas sobre si la prueba de validación ocurrió como se presenta.

De los 17,495 productos incluidos, 54 habían sido evaluados por la iniciativa independiente Only Good Antibodies. Richardson indicó a Chemical & Engineering News que 43 de esos 54 no fueron recomendados en al menos una prueba. Es una coincidencia preocupante, pero el grupo es demasiado pequeño y seleccionado para extrapolar el resultado a todo el conjunto.

Seis empresas prometieron revisar los productos señalados

Chemical & Engineering News solicitó comentarios a los 15 proveedores perfilados. Antes de publicar, seis enviaron respuestas: Abcam, Bioss, GeneTex, MilliporeSigma, Novus Biologicals/R&D Systems y Thermo Fisher Scientific. Todas afirmaron que revisarían los productos destacados en el informe.

Bioss añadió que, si su revisión determina que una afirmación comercial no puede sostenerse o requiere una corrección material, identificaría a los clientes afectados y evaluaría medidas como reemplazos o reembolsos. Abcam y MilliporeSigma también confirmaron a The Scientist que sus catálogos mezclan productos o datos desarrollados internamente con material de fuentes externas y que sus revisiones estaban en curso.

Las respuestas trasladan la atención hacia los datos originales. Esos archivos permitirían distinguir entre una edición de presentación, una representación que exagera la especificidad del anticuerpo y una prueba que no respalda el producto. Mientras las revisiones no sean públicas, el repositorio documenta anomalías visuales a gran escala, no un veredicto definitivo sobre la calidad de cada reactivo ni sobre la responsabilidad de cada empresa.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

Dilis Salazar es coordinadora editorial y redactora de FomoEra. Supervisa la agenda y la revisión de contenidos para asegurar precisión, atribución, claridad y contexto.

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