TL;DR:
- La etapa superior del Falcon 9 que llevó los módulos Blue Ghost y Hakuto-R a la Luna en enero de 2025 caerá sobre la superficie lunar el 5 de agosto de 2026, cerca del cráter Einstein.
- Mide unos 12 metros, pesa entre 4.000 y 4.900 kilos y llegará a 2,43 kilómetros por segundo (unos 8.700 km/h): abrirá un cráter de 20 a 30 metros y levantará más de un millón de kilos de polvo lunar.
- Veintitrés científicos publicaron un plan para grabar el choque en tiempo real. México, Centroamérica y Sudamérica quedan en la franja de oscuridad favorable; España lo tendrá a plena luz.
La etapa superior de un cohete Falcon 9 de SpaceX se estrellará contra la Luna el 5 de agosto de 2026 a las 06:34:32,9 UTC, según el cálculo vigente del analista orbital Bill Gray. El objeto mide unos 12 metros, pesa alrededor de cuatro toneladas y llegará a 2,43 kilómetros por segundo cerca del cráter Einstein. No hay riesgo para la Tierra ni para ninguna misión activa. Lo que sí hay es una oportunidad rara: 23 científicos de la NASA, Los Alamos National Laboratory, Johns Hopkins y varias universidades europeas y asiáticas firmaron un plan de observación para registrar el impacto en directo. Nunca se ha detectado un destello de impacto sobre la cara iluminada de la Luna, ni natural ni artificial. Y América Latina queda, por geografía y por hora, en la mejor posición del planeta para intentarlo.
El objeto no tiene nombre, solo un número de catálogo: 2025-010D. Es la segunda etapa del Falcon 9 que despegó del Centro Espacial Kennedy el 15 de enero de 2025 con dos módulos privados a bordo, el Blue Ghost de Firefly Aerospace y el Hakuto-R Resilience de la japonesa ispace. Empujó a los dos aterrizadores hacia la Luna y después se quedó sin plan. Debía reentrar en la atmósfera terrestre y desintegrarse, como hacen casi todas. No lo hizo.
Se quedó dando vueltas en una órbita alargada que cruza de vez en cuando la región lunar, con el punto más cercano a unos 220.000 kilómetros de la Tierra y el más lejano a 510.000. Blue Ghost sí alunizó, el 2 de marzo de 2025. Hakuto-R perdió contacto unos 90 segundos antes de tocar suelo y se estrelló. El contenedor que unía a los dos módulos reentró sobre la frontera entre Argentina y Chile el 15 de marzo de 2025. La etapa superior fue la única que siguió arriba, y los telescopios de vigilancia de asteroides la fueron cazando sin quererlo: para febrero de 2026 se habían acumulado más de mil observaciones suyas.

La hora que circula en varios medios ya quedó vieja
En septiembre de 2025, el software orbital de Gray proyectó por primera vez un impacto lunar para el 5 de agosto de 2026. Esa predicción se ha movido dos veces desde entonces. El 8 de junio, con datos nuevos, Gray adelantó el choque unos nueve minutos y corrió el punto de impacto unos 170 kilómetros al noroeste. El 17 de julio volvió a ajustarlo, ahora por un par de segundos y unos diez kilómetros.
La diferencia importa para cualquiera que piense montar un telescopio esa madrugada. Varios medios internacionales siguen citando las 2:44 de la mañana, hora del este de Estados Unidos, una cifra que coincide con la predicción previa a la corrección de junio. Con el número actualizado, así queda el reloj:
- España peninsular: 8:34 de la mañana del 5 de agosto
- Canarias: 7:34 de la mañana
- Ciudad de México y el centro del país: 12:34 de la madrugada
- Bogotá, Lima y Quito: 1:34 de la madrugada
- Santiago de Chile: 2:34 de la madrugada
- Buenos Aires y Montevideo: 3:34 de la madrugada
Gray advierte que ni ese número es definitivo. La culpa la tiene la presión de radiación solar, el empujón levísimo que la luz del Sol le da al objeto mientras gira sobre sí mismo. Es una fuerza minúscula que en meses se acumula y que no se puede modelar del todo, así que solo se corrige observando. En los días previos al impacto la etapa estará bien colocada para los telescopios, y de ahí saldrá la predicción final.
Ni la masa del cohete está confirmada
Las dos fuentes técnicas del caso no coinciden en todo, y eso dice bastante sobre lo poco que se sabe de un objeto abandonado. Gray calcula la masa en unos 4.900 kilos a partir de las dimensiones conocidas de una etapa de Falcon 9. El artículo publicado en arXiv la deja en unos 4.000 kilos y aclara que la masa exacta se desconoce, porque depende de cuánto propelente quedó dentro. De ahí salen dos energías distintas para el mismo golpe: 14.500 millones de julios según Gray, más o menos lo de tres toneladas de TNT, y 11.800 millones según el equipo del artículo.
Lo que sí está firme:
- Mide unos 12 metros de largo por 4 de diámetro, la altura de un edificio de cinco pisos.
- Llegará a 2,43 kilómetros por segundo, unos 8.700 km/h. Serían siete veces la velocidad del sonido si hubiera aire, que no lo hay.
- Abrirá un cráter de entre 20 y 30 metros; el escalado teórico apunta a unos 27 metros de diámetro y 5 de profundidad.
- Levantará más de un millón de kilos de regolito, entre 150 y 200 veces su propia masa.
- Como es un cascarón metálico hueco, el modelado sugiere que se aplastará al chocar. Si se parte, puede dejar dos cráteres en lugar de uno.
Ese detalle no es hipotético. En 2022, la etapa superior de la misión china Chang'e 5 T1 golpeó la cara oculta de la Luna y dejó un cráter doble, de 16 y 18 metros, probablemente porque la pieza se decapitó al impactar.
América Latina queda en la mejor franja para intentarlo
La hora del choque reparte suertes muy desiguales. El artículo es explícito: con el impacto previsto a las 06:35 UTC, quienes estarán en oscuridad son los observadores de Sudamérica y de las latitudes bajas y medias de Norteamérica. México, Centroamérica y todo el cono sur entran ahí. España lo tendrá a plena luz de la mañana, lo que no vuelve imposible la observación pero sí la complica mucho; para eso los autores recomiendan la banda infrarroja J a quienes observen de día en Europa y África.
Hay dos condiciones más. La Luna tiene que estar sobre el horizonte local, lo que deja fuera a Hawái y Alaska. Y se ve mejor cuanto más alta esté, así que la costa oeste de Norteamérica queda en desventaja frente al resto del continente.
Del lado profesional ya hay tiempo de telescopio apartado: imagen de alta cadencia en el instrumento de 3,5 metros del Observatorio Apache Point, espectroscopía de sodio en el Lowell Discovery Telescope de 4,3 metros y observaciones con el espectrógrafo UVES del Very Large Telescope de 8,2 metros. En órbita lunar, el Lunar Reconnaissance Orbiter de la NASA fotografiará la zona antes y después, aunque estará en una longitud casi perpendicular al sitio y eso le impedirá analizar los gases del penacho en ultravioleta. El que pasará casi encima es el Korean Pathfinder Lunar Orbiter: unos dos minutos antes del choque quedará a pocos kilómetros de la etapa.
Con todo, el pronóstico oficial es tibio. William Cooke, responsable de la Oficina de Ambiente de Meteoroides de la NASA y coautor del propio artículo, lo resumió así a la agencia dpa:
"Creo que será muy, muy difícil de ver, si no imposible"
Gray es algo menos pesimista y apunta a un consuelo posible: como el impacto ocurrirá pegado al borde del disco lunar, las rocas expulsadas podrían elevarse lo suficiente para recortarse contra el fondo oscuro del cielo.
"Quizá veamos el destello. Quizá veamos rocas expulsadas del cráter"
El tema de fondo es la basura espacial camino a la Luna
Impactos artificiales ha habido pocos y casi todos a propósito: la sonda soviética Luna 2 en 1959, las etapas Saturn IV-B y los módulos lunares del programa Apollo entre 1969 y 1972, la japonesa Hiten en 1993, la europea SMART-1 en 2006 y la misión LCROSS de la NASA en 2009, que estrelló una etapa Centaur en el polo sur lunar para buscar hielo. Este no entra en esa lista: nadie lo planeó.
El artículo pone un dato que incomoda. Los fragmentos que la simulación alcanza a resolver pueden volar hasta casi 1.000 kilómetros desde el punto de impacto, distancia suficiente para representar un riesgo a futura infraestructura o a astronautas en buena parte de la superficie lunar. Con agencias y empresas privadas mandando hardware a la Luna cada año, esa cuenta solo sube.
Lo llamativo es que la solución existe y es barata para este tipo de misiones: dejar la etapa superior en una órbita alrededor del Sol en lugar de abandonarla donde pueda regresar. Gray señala que ya se está haciendo. Una etapa de Falcon 9 lanzada en noviembre de 2025 con la misión EscaPADE quedó colocada así, y las misiones lunares chinas recientes también mandaron sus etapas al Sol. Se han lanzado más de 600 Falcon 9 y la mayoría de esas etapas reentra o se queda en órbitas bajas; esta se quedó en el peor lugar posible. SpaceX no respondió a la consulta que le hizo la agencia dpa sobre el impacto.
Preguntas rápidas sobre el impacto del Falcon 9 en la Luna
¿A qué hora chocará el cohete de SpaceX contra la Luna?
El cálculo vigente de Bill Gray, actualizado el 17 de julio de 2026, sitúa el impacto el 5 de agosto a las 06:34:32,9 UTC. Son las 8:34 de la mañana en España peninsular, las 12:34 de la madrugada en el centro de México y las 3:34 de la madrugada en Argentina. Gray advierte que el margen es de unos segundos.
¿Se podrá ver el impacto desde México o desde España?
Desde México, en teoría sí: el país cae dentro de la franja de oscuridad que el artículo de arXiv marca como favorable, junto con Centroamérica y Sudamérica. Hace falta telescopio. España lo tendrá a plena luz de la mañana, lo que complica bastante la observación, aunque los autores sugieren recurrir a la banda infrarroja J.
¿El choque contra la Luna es peligroso?
No para la Tierra. Gray sostiene que el objeto no representa riesgo para nadie y que no altera de forma apreciable el peligro de estar en la Luna. El único riesgo menor que identifica es que algún fragmento expulsado alcance a un módulo chino ya posado, algo muy improbable porque ninguno se encuentra cerca del punto de impacto.
El 5 de agosto se sabrá si alguien alcanzó a grabar algo. Aunque desde la Tierra no se vea nada, el cráter quedará ahí y el Lunar Reconnaissance Orbiter lo fotografiará: veintitantos metros de superficie lunar recién abierta por un objeto que nadie quiso poner ahí. Es un impacto no planeado del que, aun así, se conocen de antemano la hora, la masa aproximada y la velocidad, y esa combinación lo convierte en la mejor regla de calibración que los científicos han tenido para medir todos los demás.