TL;DR:
- Claudia Sheinbaum abrió una discusión para regular el uso de celulares y redes sociales entre menores de edad.
- Una campaña presentada en Palacio Nacional estima que las nuevas generaciones podrían pasar hasta 20 años en redes.
- Especialistas recomendaron límites, espacios de desconexión y una reducción gradual de pantallas en adolescentes.
El Gobierno de México abrió el debate sobre una posible regulación del uso de celulares, plataformas digitales y redes sociales entre niñas, niños y adolescentes. Durante la conferencia matutina del 27 de julio de 2026, la presidenta Claudia Sheinbaum presentó el problema como un asunto de salud pública y pidió involucrar a familias, escuelas, comunidades, plataformas y autoridades.
El planteamiento todavía no equivale a una prohibición nacional ni incluye una iniciativa legal detallada. Por ahora, el gobierno busca consolidar información, generar conciencia y construir una propuesta mediante consenso.
Sheinbaum señaló que una encuesta de De las Heras Demotecnia encontró que 71% de las madres y los padres consultados considera necesario regular el uso de celulares en las escuelas. La mandataria advirtió, sin embargo, que restringirlos únicamente en las aulas dejaría intacta buena parte del problema.
“Tenemos que hacer concientización porque si sólo prohíbes, pues a lo mejor prohíbes que en las escuelas se use el celular, pero cuando llegas a la casa, puedes estar con tu hijo o hija cinco o seis horas con el celular en la mano, sin desarrollar actividades sociales que permitan el desarrollo de la infancia o adolescencia”, explicó Sheinbaum.
El secretario de Educación Pública, Mario Delgado, sostuvo que el uso excesivo de las plataformas puede afectar la formación cognitiva de los menores y que atenderlo requiere una responsabilidad compartida entre el gobierno y las familias.
Qué significa la advertencia sobre perder 20 años en redes sociales
Uno de los mensajes que más llamó la atención durante la presentación afirma que las nuevas generaciones podrían pasar hasta 20 años de su vida en redes sociales.
La cifra forma parte de una campaña de concientización y representa una proyección del tiempo acumulado frente a esas plataformas a lo largo de la vida. No significa que las redes sociales reduzcan 20 años la esperanza de vida ni fue presentada como el resultado de un nuevo estudio clínico.
Esta diferencia es importante: la campaña busca dimensionar el tiempo que puede absorber el consumo digital si los hábitos actuales se mantienen, no establecer un diagnóstico médico aplicable a todos los jóvenes.
Tania Jiménez García, maestra en Orientación Psicológica y especialista en prevención de adicciones, explicó que el uso problemático de celulares, redes y videojuegos puede sobreestimular el sistema de recompensa relacionado con la dopamina.
Según su exposición, algunas señales que pueden indicar que el uso dejó de ser saludable son:
- Pérdida de control sobre el tiempo dedicado al dispositivo.
- Impulso constante por revisar el celular.
- Continuar utilizándolo pese a conflictos familiares o problemas escolares.
- Necesidad de pasar cada vez más tiempo conectado.
- Irritabilidad, ansiedad o enojo cuando se limita el acceso.
La especialista puntualizó que estas señales no sustituyen una evaluación médica o psicológica. Solo un profesional de la salud puede emitir un diagnóstico sobre una posible conducta adictiva.
Por qué los adolescentes son especialmente vulnerables
Lucía Magis-Weinberg, doctora en Neurodesarrollo e investigadora de la Universidad de Washington, explicó que el cerebro atraviesa una remodelación profunda aproximadamente entre los 10 y los 25 años.
En esta etapa, la corteza prefrontal —relacionada con la atención, la regulación emocional, el control de impulsos, la toma de decisiones y la resolución de problemas— todavía se encuentra en desarrollo.
De acuerdo con la investigadora, el problema no se limita al número de horas frente a una pantalla. Funciones como el desplazamiento infinito, las notificaciones y los cambios constantes de estímulo pueden erosionar la atención, aumentar las distracciones y desplazar actividades necesarias para el desarrollo, entre ellas el sueño, el ejercicio, la convivencia y el aprendizaje presencial.

Cómo reducir el uso de pantallas según la edad
Las recomendaciones presentadas en Palacio Nacional cambian de acuerdo con la etapa de desarrollo. No plantean aplicar la misma medida a un niño pequeño y a un adolescente.
- De 0 a 6 años: retirar el dispositivo cuando se utiliza únicamente como entretenimiento y reemplazarlo con juego, lectura, actividad física o convivencia.
- De 6 a 12 años: establecer límites firmes y ofrecer alternativas recreativas y sociales fuera de las pantallas.
- A partir de los 13 años: reducir gradualmente el tiempo de uso en lugar de retirar el dispositivo de manera abrupta.
- En casos problemáticos: buscar acompañamiento terapéutico, sobre todo si la restricción provoca ansiedad intensa, agresividad, aislamiento o conductas de riesgo.
- En escuelas y hogares: crear espacios de desconexión, modelar hábitos saludables y recuperar actividades presenciales.
Las recomendaciones reportadas proceden de las especialistas que participaron en la conferencia. No constituyen una regla clínica universal ni reemplazan la valoración individual de un pediatra, psicólogo o profesional de salud mental.
La regulación todavía está por definirse
El gobierno federal no presentó una ley, un calendario ni límites obligatorios de horas frente a pantallas. Tampoco precisó si una eventual regulación se aplicaría solamente en escuelas o incluiría obligaciones para las plataformas digitales.
Lo confirmado es el inicio de una discusión pública que Sheinbaum pretende mantener en futuras conferencias. La presidenta también adelantó que posteriormente se analizará el impacto de la inteligencia artificial.
El reto será convertir la preocupación social en medidas verificables sin confundir tres asuntos diferentes: el uso cotidiano de tecnología, el consumo excesivo y una conducta adictiva diagnosticada. Una regulación útil necesitará distinguirlos, incorporar evidencia científica y definir qué responsabilidad corresponde a las familias, las escuelas, el gobierno y las propias plataformas.