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El IBEC descubre cómo la queratina empuja al núcleo fuera de su jaula al estirar un tejido

Un estudio del IBEC en Nature Physics muestra que al estirar un tejido la queratina saca al núcleo de su jaula.

por Dilis Salazar
Microscopic image showcasing the intricate structure and texture of plant cells.
Foto de turek en Pexels

TL;DR:

  • Al mantener estirada una lámina de células epiteliales, los filamentos de queratina se reordenan en haces con forma de estrella que atraviesan varias células y terminan sacando al núcleo de la malla que lo envolvía.
  • El cambio tardó unos 424 minutos de media en las células control y bajó a 146 cuando el equipo debilitó el enganche entre la actina y la queratina, casi tres veces más rápido.
  • Los autores no saben todavía si el núcleo liberado queda más protegido o más expuesto, y lo plantean como la pregunta abierta del trabajo.

Un equipo dirigido por el Instituto de Bioingeniería de Cataluña (IBEC) publicó el 27 de julio de 2026 en Nature Physics cómo un tejido epitelial aguanta horas, incluso días, de estiramiento continuo: los filamentos de queratina que lo sostienen se reorganizan poco a poco en haces gruesos con forma de estrella y, al hacerlo, expulsan al núcleo de la red que lo envolvía. El proceso tardó una media de siete horas en las células del laboratorio. Los autores lo llaman liberación del núcleo. Y precisan que ese reordenamiento no es el amortiguador de los tirones bruscos: tarda horas, avanza de célula en célula y, dentro del experimento, no se revierte.

La liberación del núcleo (nuclear uncaging) es la salida del núcleo celular de la malla de queratina que normalmente lo rodea, provocada por la propia reorganización de esos filamentos bajo tensión sostenida. Hasta ahora se sabía que la queratina protege a los tejidos de las deformaciones grandes, pero no cómo se comportaba durante un estiramiento largo.

Firman el trabajo Tom Golde como primer autor, con Xavier Trepat (profesor de investigación ICREA en el IBEC, profesor de la UB y miembro del CIBER-BBN) como colíder, y Marco Pensalfini y Marino Arroyo al frente de la parte computacional. Participaron el LaCàN de la UPC, la Facultad de Medicina de la UB, el CIMNE, la Queen Mary de Londres, el University College de Londres, la Universidad de Viena y la Universidad de Columbia. El artículo salió en acceso abierto.

La reorganización empieza donde se tocan tres células

Para el experimento el equipo usó células MDCK, una línea epitelial derivada de riñón de perro, modificadas para que su queratina 18 brillara en verde bajo el microscopio. Sobre esas láminas montaron un dispositivo microfluídico con orificios de 80 micras y una membrana porosa: al inyectar líquido por debajo, el tejido se despega solo en esos puntos y forma una cúpula, una especie de globo vivo que se puede inflar y mantener a presión constante. En los experimentos principales la presión fue de 200 pascales.

Lo primero que vieron fue lo que no ocurrió. La queratina no se movió al estirar. Solo después de decenas de minutos aparecieron huecos en las uniones tricelulares, los puntos donde se encuentran tres células vecinas. Esos huecos crecieron hasta ocupar unas 43 micras cuadradas en cuatro horas y media, y los filamentos desalojados se fueron acumulando en haces gruesos que cruzan las fronteras entre células hasta dibujar la estrella. La actina y las uniones celulares aguantaron continuas todo el tiempo, así que el tejido nunca perdió su integridad.

Las cifras que sostienen el trabajo:

  • La transición completa tardó unos 424 minutos de media, poco más de siete horas, en las células control.
  • Los primeros haces aparecieron alrededor de los 200 minutos de inflado, a un ritmo medio de una célula por hora.
  • A los 470 minutos, un 16% de las células de la cúpula había cambiado de estado; al final del inflado, un 24%.
  • En las cúpulas que se forman de manera espontánea, un 12% de las células aparecía completamente reorganizado y un 29%, a medias. Ninguna célula de fuera de la cúpula, sin estirar, hizo el cambio.
  • El proceso avanza en grupo: el 78% de las células que se reorganizaban lo hacían pegadas a un cúmulo ya formado y solo el 22% arrancaba uno nuevo.
  • El cambio resultó irreversible en la escala de tiempo del experimento. Aunque la cúpula se desinflara y volviera a inflarse, los haces no se deshicieron.

Ese reloj cambia la interpretación. La rigidez que gana un epitelio cuando se tira de él aparece en segundos; esta reorganización se toma horas y hasta días. Los propios autores concluyen por eso que los haces no funcionan como el cinturón de seguridad que frena una deformación rápida, sino como la última etapa de una adaptación lenta.

Vista de un microscopio de fluorescencia en un laboratorio, con una muestra iluminada bajo el objetivo
Imagen ilustrativa: el equipo siguió las células vivas con microscopía confocal durante horas · Foto de turek en Pexels

La actina frena el proceso: al soltar su enlace con la queratina, todo se acelera

Si la reorganización tarda tanto, algo la está reteniendo. El equipo apuntó a la plectina, la proteína que amarra la queratina a la actina y, a través de la nesprina-3, al propio núcleo. Al expresar una versión truncada que conserva el enganche con la actina pero pierde el de la queratina, la transición se completó en 146 minutos de media, menos de dos horas y media frente a las siete de las células normales.

Y cuando desmontaron directamente el andamio de actina con latrunculina A, la queratina se reagrupó en menos de una hora, aunque sin llegar a la estrella completa. La lectura va contra la intuición: la actina no empuja el proceso, lo retiene.

Tirar del tejido termina comprimiendo el núcleo

La parte física del trabajo salió de una versión propia de Cytosim, un simulador de fibras del citoesqueleto de código abierto. En el modelo tridimensional, conforme el tejido se estira, los filamentos que cubren el núcleo por arriba se van perdiendo y la presión que ejercen sobre él sube de golpe, hasta que el núcleo sale disparado de la jaula y la presión se desploma.

"La simulación de la dinámica intracelular reveló que el mismo proceso que forma estos llamativos haces también genera fuerzas que, en última instancia, empujan al núcleo fuera de su jaula", afirma Marco Pensalfini, profesor adjunto de la Universidad Queen Mary de Londres.

La microscopía en vivo confirmó la predicción. Mientras los haces engordaban, los picos de señal de la queratina y del ADN se fueron separando en el eje vertical hasta que el núcleo quedó apoyado encima del nudo central, rodeado apenas por una cantidad residual de filamentos.

Nadie sabe todavía si el núcleo sin jaula está más seguro o más expuesto

Aquí es donde el estudio se detiene y lo dice con todas sus letras.

"Una de las preguntas más intrigantes que plantea nuestro estudio es si este proceso de liberación protege en última instancia al núcleo o lo hace más vulnerable", afirma Xavier Trepat. "Por un lado, la eliminación de la jaula de queratina podría exponer al núcleo de forma más directa a las fuerzas mecánicas. Por otro lado, y aunque pueda parecer contradictorio, la desconexión del núcleo de una red citoesquelética sometida a gran tensión podría, de hecho, protegerlo al impedir la transmisión de la fuerza. Para comprender cuál de estos efectos predomina, serán necesarios estudios adicionales que examinen cómo responden los núcleos a una tensión mecánica prolongada".
⚠️
El estudio describe un mecanismo, no sus consecuencias para la salud. Los autores dicen expresamente que no saben si el núcleo sin su jaula de queratina queda más protegido o más expuesto. Tampoco se hizo en personas: se trabajó con células epiteliales de riñón de perro dentro de un dispositivo de laboratorio, y el 'estiramiento' del que habla el trabajo es una deformación mecánica sostenida del tejido, no una rutina de ejercicio.

Vejiga, glándula mamaria y embriones: dónde podría aparecer el mismo mecanismo

El equipo señala los escenarios donde se dan condiciones parecidas, es decir, deformaciones grandes que duran horas y tejidos con poca matriz extracelular alrededor.

"Estos hallazgos pueden ayudarnos a comprender mejor cómo se adaptan los tejidos al estiramiento prolongado en una amplia variedad de contextos biológicos", afirma Tom Golde, investigador postdoctoral del grupo de Trepat y primer autor del estudio. "Se dan condiciones mecánicas similares durante el desarrollo embrionario y en órganos que se expanden y contraen repetidamente, como la vejiga o la glándula mamaria. También creemos que los mecanismos que hemos descubierto podrían ser relevantes para enfermedades en las que la red de queratina se ve alterada".

En el artículo mencionan la epidermólisis bullosa simple como el caso de enfermedad donde esas interacciones de la queratina están dañadas. Y apuntan una salida menos obvia: la física de esta transición podría servir de plantilla para diseñar materiales poliméricos que cambien de propiedades mecánicas de golpe, con tiempos de transición controlables.

Queda una imagen concreta para quien trabaja en mecánica de tejidos: la misma red que blinda al núcleo es la que acaba echándolo, y ese cambio se mide en horas, no en segundos. El artículo es de acceso abierto y los modelos de célula única quedaron publicados en GitLab, así que otros grupos pueden meterle mano a las simulaciones sin pedir nada; el resto del código y los datos siguen disponibles a petición de los autores.

Fuentes: 1, 2

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por Dilis Salazar

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