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IA

Eben Upton cuestiona el apocalipsis de la IA y ve crecer la demanda de Raspberry Pi

El CEO de Raspberry Pi defiende la programación como alfabetización moderna, cuestiona el alarmismo sobre la IA y explica por qué el auge de los modelos impulsa el cómputo en el borde.

por Patricia Rodriguez
Close-up of advanced machinery showcasing robotic automation and precision engineering.
Foto de Ludovic Delot en Pexels

Eben Upton, CEO de Raspberry Pi Holdings y uno de los fundadores de la Raspberry Pi Foundation, desconfía de quienes presentan la inteligencia artificial como una ruta inevitable hacia la superinteligencia, pero reconoce que el auge de la IA está abriendo un mercado para el hardware económico que procesa datos en el borde de la red. En una entrevista publicada por el Financial Times, defendió la programación como una forma moderna de alfabetización, necesaria para entender y cuestionar sistemas que ya influyen en la vida cotidiana. Su mayor preocupación tampoco es una máquina que convierta a la humanidad en clips de papel: Upton dijo que el p(doom), la probabilidad de una catástrofe existencial, probablemente es Rusia, en referencia al riesgo de que el poder tecnológico y político vuelvan a concentrarse.

La Fundación nació para que más jóvenes pudieran crear con computadoras

La historia de Raspberry Pi comenzó con una preocupación educativa. Upton y otros fundadores crearon la Raspberry Pi Foundation en 2008 después de observar que menos estudiantes llegaban a las carreras de informática con experiencia práctica. La computadora barata y programable debía recuperar parte de la cultura de los equipos domésticos de los años ochenta, cuando aprender a modificar código y conectar hardware estaba al alcance de más jóvenes.

La misión se amplió mucho más allá de vender placas. La Fundación dice que ha capacitado a más de 250,000 docentes, que 2.3 millones de jóvenes han participado en Code Clubs y que 6.8 millones completaron proyectos digitales. Su visión actual incluye que los estudiantes sepan usar tecnologías avanzadas, incluida la IA, pero también que puedan evaluar sus beneficios, sus límites y sus efectos.

Por qué Upton sigue defendiendo aprender a programar

La postura de Upton coincide con la posición educativa que la propia Fundación publicó en 2025: los modelos de lenguaje pueden generar código, pero sus respuestas siguen siendo probabilísticas y no sustituyen el criterio de quien debe definir un problema, revisar una solución y decidir si es segura o adecuada.

Para Upton, programar cumple una función más amplia que preparar a alguien para un empleo de software. Es una forma de entender cómo funcionan los sistemas digitales y de conservar capacidad de decisión frente a ellos. La Fundación plantea algo similar: leer, modificar, escribir, explicar y probar código ayuda a construir modelos mentales que permiten detectar errores y comprender qué puede hacer una herramienta, incluida una de IA.

La distinción también importa en la época del vibe coding. Escribir instrucciones en lenguaje natural puede acelerar la producción de código, pero no elimina la necesidad de saber qué debería hacer el programa, cómo comprobarlo y qué riesgos introduce. La alfabetización computacional, en esta lectura, no consiste en memorizar sintaxis, sino en entender la lógica que hay detrás de los sistemas.

La IA lleva la demanda hacia el borde de la red

El escepticismo de Upton ante el discurso apocalíptico no significa que ignore la oportunidad comercial. En la entrevista, describió la IA como una buena noticia para quienes fabrican hardware económico destinado al borde de la red, es decir, equipos que procesan datos cerca de una cámara, un sensor o una máquina en lugar de enviar todo a un centro de datos remoto.

Ese enfoque puede reducir la latencia, depender menos de una conexión permanente y mantener ciertos datos en el dispositivo. Raspberry Pi ya presenta demostraciones de modelos locales para robots, cámaras inteligentes y agentes que funcionan en una Raspberry Pi 5 con herramientas como LiteRT y Gemma. La escala es distinta a la de los grandes modelos en la nube, pero también lo son las tareas: detectar objetos, interpretar una señal, controlar un actuador o responder dentro de un sistema industrial.

La tendencia tampoco se limita a demostraciones de escritorio. En Costa Rica, un equipo de Emory y Georgia Tech montó un sistema de reconocimiento, pantalla táctil y recompensas automáticas en una Raspberry Pi 5 para interactuar con capuchinos salvajes, como contamos en esta cobertura de FomoEra.

Raspberry Pi ya no es solo una placa para estudiantes

La oportunidad del cómputo en el borde llega cuando Raspberry Pi ya tiene un negocio industrial considerable. En su página para inversionistas, Raspberry Pi Holdings reporta más de 73 millones de unidades vendidas, ingresos de 323.2 millones de dólares en el año fiscal 2025 y clientes o mercados que incluyen automatización industrial, agricultura, salud, gateways de IoT y señalización digital.

Esas cifras no demuestran que la IA explique por sí sola el crecimiento de la compañía. Sí muestran por qué la transición hacia dispositivos capaces de ejecutar inferencia local tiene peso estratégico: Raspberry Pi puede servir como plataforma de prototipado para entusiastas y, al mismo tiempo, como componente de productos que deben operar cerca del mundo físico.

El riesgo que Upton considera más inmediato

La parte más política de la entrevista aparece cuando Upton habla del llamado p(doom), una forma informal de expresar la probabilidad de que una IA provoque una catástrofe existencial. En el debate tecnológico, la imagen del "maximizador de clips de papel" representa una superinteligencia que persigue un objetivo mal definido hasta destruir todo lo demás.

Upton desplazó el foco hacia la concentración de poder. Su preocupación es que el dinero y la influencia política vuelvan a quedar unidos a través de la tecnología, y que el autoritarismo habilitado por herramientas digitales sea un riesgo más concreto que una superinteligencia fuera de control.

"El p(doom) probablemente no es un maximizador de clips de papel. Probablemente es Rusia", dijo Upton, según la entrevista del Financial Times.

La frase no presenta una predicción de que Rusia vaya a provocar una extinción mediante una IA autónoma. Funciona como una advertencia sobre el riesgo político que Upton considera subestimado: quién controla la tecnología, quién puede usarla para ampliar su poder y qué ocurre cuando esa capacidad deja de estar separada de las estructuras de gobierno.

La entrevista deja una tensión que explica bien el momento de Raspberry Pi. Upton cuestiona a quienes exageran lo que la IA puede hacer, pero ve con claridad que los modelos están creando nuevas razones para colocar computación barata cerca de sensores, máquinas y usuarios. Su respuesta combina las dos partes de su proyecto: enseñar a más personas a entender los sistemas y fabricar herramientas accesibles para que puedan construir con ellos.

Fuentes: 1, 2, 3, 4, 5

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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