TL;DR:
- Las automotrices chinas anunciaron proyectos de vehículos eléctricos en el extranjero por 101,000 millones de dólares entre 2019 y 2025.
- La inversión de las empresas de Estados Unidos fuera de sus fronteras apenas rozó los 38,000 millones de dólares en el mismo periodo.
- Mientras China expande fábricas en Europa, México y Asia, EE. UU. registró su primer año de inversión neta negativa en energías limpias.
La carrera por dominar la manufactura de tecnologías limpias tiene un líder indiscutible. Entre 2019 y 2025, las automotrices y fabricantes de baterías de China anunciaron inversiones en el extranjero por 101,000 millones de dólares, una cifra que casi triplica los 38,000 millones de dólares comprometidos por sus competidores de Estados Unidos en el mismo periodo. De acuerdo con el reporte "The Race for Clean Energy Leadership" publicado por la firma de análisis Atlas Public Policy, este abismo financiero evidencia cómo el gigante asiático consolida su hegemonía en la cadena de suministro de vehículos eléctricos, mientras las corporaciones estadounidenses repliegan su presencia internacional.


El motor chino acapara la mitad del mapa global
El informe de Atlas Public Policy, que rastreó casi 1.1 billones de dólares en proyectos de manufactura limpia en 54 países e involucró a más de 500 corporaciones, revela que el bloque chino ya no solo exporta autos, sino que está construyendo un imperio industrial fuera de sus fronteras. Las firmas chinas representaron el 55% de todas las inversiones de manufactura limpia anunciadas a nivel mundial.
La escala es masiva: de las 25 empresas que lideran la inversión global en este sector, 14 tienen su sede en China. Asimismo, un total de 86 empresas chinas han anunciado inversiones individuales superiores a los 1,000 millones de dólares, una marca que solo han alcanzado 19 compañías estadounidenses.
A la cabeza de esta ofensiva comercial se encuentra CATL, el mayor fabricante de baterías para vehículos eléctricos del mundo. La compañía china lidera el sector con inversiones globales anunciadas por más de 51,700 millones de dólares, con megaproyectos en marcha en Alemania, Hungría, España e Indonesia. Este músculo financiero dio resultados contundentes en 2025, año en el que CATL vendió 661 gigavatios hora de baterías de iones de litio, reteniendo el 39% del mercado global por noveno año consecutivo.
Por su parte, el gigante automotriz BYD avanza con la construcción de plantas de ensamblaje en Hungría, Brasil y Turquía, con proyecciones de fabricar 150,000 vehículos anuales en cada una de estas sedes.
Un giro estratégico provocado por la saturación doméstica
Este despliegue internacional no es casualidad; responde a la feroz competencia y a la saturación que se vive dentro de las fronteras chinas. Según un análisis de Rhodium Group, en 2024 las marcas de autos eléctricos chinos invirtieron por primera vez más dinero en el extranjero que en su propio territorio nacional. Esto representa un cambio drástico de estrategia, considerando que durante años la industria china destinaba cerca del 80% de su capital a su mercado local.
De acuerdo con datos recopilados por Reuters basándose en reportes de Rhodium Group:
- La inversión extranjera directa de China en la cadena de valor de los vehículos eléctricos promedió 30,400 millones de dólares anuales entre 2022 y 2024, en comparación con el promedio anual de 8,500 millones de dólares registrado entre 2018 y 2021.
- En contraste, la inversión en la producción de vehículos eléctricos dentro de la propia China se desplomó desde un pico de 94,000 millones de dólares en 2022 hasta apenas 15,000 millones de dólares en 2024.
Este exceso de capacidad y la búsqueda de nuevos mercados ha hecho que Europa se convierta en un destino predilecto. En 2024, la inversión automotriz china en territorio europeo alcanzó los 5,200 millones de euros, lo que significó más de la mitad de toda la inversión extranjera directa de China en el continente. Para 2025, esta cifra se disparó un 67%, alcanzando los 16,800 millones de euros, con un impresionante 93% de ese capital enfocado exclusivamente en la cadena de suministro de vehículos eléctricos.
El repliegue de Estados Unidos y el avance exportador
Mientras las empresas chinas plantan bandera en potencias automotrices tradicionales como Alemania, España y México, así como en mercados emergentes como Marruecos, Indonesia y Eslovaquia, el panorama en Estados Unidos muestra señales de contracción.
Durante 2025, las firmas estadounidenses sufrieron un duro revés al cancelarse 19 proyectos de manufactura de la cadena de suministro de autos eléctricos, lo que representaba unos 22,000 millones de dólares en inversión planificada. Este retroceso generó el primer saldo anual neto negativo en inversión en energías limpias para Estados Unidos desde, al menos, el año 2012. Los analistas de Atlas Public Policy apuntaron que las firmas estadounidenses sostienen una "presencia pequeña y en constante reducción" fuera de sus fronteras.
Por su parte, las exportaciones de autos eléctricos fabricados en China continúan su racha alcista. En el periodo de doce meses finalizado en marzo de 2026, el valor de las exportaciones chinas de vehículos eléctricos rozó los 76,000 millones de dólares, lo que consolida su posición en el tablero de juego de la movilidad global.
El avance chino no solo redefine quién fabrica los vehículos del futuro, sino que pone a prueba la resiliencia de la industria occidental. Con el repliegue estadounidense en el extranjero, los fabricantes asiáticos están tejiendo una red de producción global que será difícil de desmantelar, estableciendo la pauta tecnológica de la próxima década ante los ojos de un mercado norteamericano concentrado casi por completo en sus propias fronteras.