China ha convertido la inteligencia artificial en una misión nacional y pretende extenderla a todos los sectores de su economía y sociedad para 2035, pero esa velocidad está produciendo una reacción que Beijing no puede resolver solo con subsidios: trabajadores y profesionales temen que sus tareas, voces e imágenes se conviertan en sustitutos digitales. Un análisis publicado por The Atlantic muestra que esta ansiedad no es exclusiva de China ni de Estados Unidos. En una encuesta de Pew realizada en junio de 2026, 52% de los estadounidenses dijo sentirse más preocupado que entusiasmado por el uso creciente de la IA, frente a 37% en 2021, y 71% cree que la tecnología reducirá el número de empleos en los próximos 20 años. La diferencia está en cómo cada país administra el costo político de esa transformación.
El miedo al reemplazo ya tiene ejemplos concretos
The Atlantic documentó el caso de Xu Peng, un actor chino de 30 años que esperaba participar en dos dramas cortos después del Año Nuevo chino. El estudio canceló las producciones y le comunicó que haría los videos con inteligencia artificial. Otro trabajador citado en el reportaje, el actor de voz Shen Anyu, presentó una demanda contra una plataforma de generación de voz después de encontrar videos que parecían usar su voz sin permiso. El caso sigue pendiente.
En las redes sociales chinas también circula el término “destilar” para describir una práctica especialmente inquietante: una empresa utiliza los mensajes, documentos, correos o estilo de una persona para entrenar una réplica digital que después puede asumir sus tareas. El temor, por tanto, no se limita a perder el puesto. También incluye la posibilidad de que el empleador conserve los datos del trabajador y mantenga una versión artificial de su trabajo sin pagarle.
La industria audiovisual ya había mostrado esta tensión en China. FomoEra documentó cómo actores, presentadores e influencers entregan su rostro y su voz antes de quedar fuera de una producción, un fenómeno que ayuda a entender por qué la ansiedad no se reduce a una discusión abstracta sobre automatización.
Beijing puede acelerar la adopción, pero no borrar el costo laboral
El Gobierno central y las administraciones locales están financiando la adopción de IA para reducir costos, elevar la productividad y alinear a las empresas con las prioridades nacionales. Reuters reportó en junio que compañías chinas estaban aplicando recortes graduales, reduciendo la contratación de recién graduados y sustituyendo tareas de marketing, contenido y desarrollo con herramientas de IA. Nueve trabajadores de los sectores tecnológico, publicitario y del entretenimiento describieron recortes discretos o por desgaste para evitar despidos masivos que pudieran provocar escrutinio oficial y tensión social.
La estrategia busca administrar el impacto laboral, no detener el programa tecnológico. Reuters señaló que la iniciativa “AI Plus” tiene como objetivo alcanzar una adopción del 70% en sectores clave para 2027 y del 90% para 2030. En paralelo, la etiqueta “AI anxiety” superó 7.8 millones de visualizaciones en RedNote, donde los usuarios discuten si la tecnología los volverá prescindibles.
También hay señales institucionales de que el empleo es un límite político. The Atlantic informó que un tribunal de Hangzhou confirmó una resolución favorable a un trabajador sustituido por IA, al considerar ilegal su despido y ordenar una compensación mayor. El fallo local no crea un precedente nacional, pero envía una advertencia a las empresas. El Gobierno municipal de Beijing y la agencia estatal Xinhua también han pedido que las compañías asuman responsabilidades sociales cuando adopten estas herramientas.
No existe un anuncio oficial de una pausa. Jeffrey Ding, especialista en IA china de la Universidad George Washington, planteó a The Atlantic que si la adopción exige un desplazamiento masivo y grandes cambios estructurales, el Partido Comunista podría inclinarse por ralentizarla. Esa es una evaluación de un experto, no una política confirmada. La evidencia disponible apunta, por ahora, a un ajuste selectivo: mantener la inversión y la presión para adoptar IA, pero escalonar los recortes y controlar los sectores donde el reemplazo humano sea más visible.
La postura pública de Beijing sigue siendo acelerar y disputar a Estados Unidos la definición de las reglas. FomoEra ya explicó por qué China rechazó las peticiones estadounidenses de frenar la IA. El problema es que una transformación impulsada desde arriba puede avanzar con rapidez, pero también concentra en el Partido la responsabilidad por sus efectos cuando los trabajadores comienzan a perder ingresos.
En Estados Unidos, la ansiedad ya tiene una tendencia medible
La comparación con Estados Unidos no se apoya solo en impresiones. El estudio internacional de Pew Research Center encontró que, en ese país, el porcentaje de adultos que espera que la IA reduzca el número de empleos en las próximas dos décadas pasó de 64% en 2024 a 71% en 2026. Entre los estadounidenses menores de 35 años, la proporción que se siente más preocupada que entusiasmada por la tecnología saltó de 40% a 55% en el mismo periodo.
La preocupación general también es mayor que al inicio de la medición de Pew: 52% de los adultos estadounidenses se siente más preocupado que entusiasmado por el uso creciente de la IA, frente a 37% en 2021. El resultado no significa que el país haya dejado de usar estas herramientas. Significa que la adopción y la desconfianza están creciendo al mismo tiempo.
La diferencia con China no es que un país tema a la IA y el otro no. Es el modo en que cada gobierno recibe esa presión. En Estados Unidos, empresas, inversionistas y consumidores impulsan la adopción desde abajo, mientras las protestas contra centros de datos, los tribunales y el Congreso canalizan parte del conflicto. En China, el Estado fija objetivos, entrega apoyos y empuja a las empresas a moverse al mismo ritmo, pero luego debe evitar que la automatización destruya la promesa de estabilidad laboral.
La carrera también depende del talento
La competencia entre Washington y Beijing tampoco se explica solo por chips, modelos o inversión. Un estudio del Carnegie Endowment for International Peace siguió a 100 investigadores de origen chino que trabajaban en instituciones estadounidenses en 2019. En 2025, 87 seguían en Estados Unidos, 10 habían pasado a empresas o universidades chinas y tres trabajaban en otros países.
Los datos no demuestran un éxodo masivo, pero sí muestran por qué el talento internacional importa para la ventaja estadounidense y por qué la capacidad de atraer nuevos investigadores puede ser decisiva. Carnegie advirtió que la incertidumbre migratoria, las restricciones para estudiantes chinos y los casos de investigadores sometidos a sospechas o perfiles raciales pueden reducir ese flujo con el tiempo.
China, por su parte, ya ofrece un ecosistema tecnológico capaz de retener a más graduados y atraer a investigadores formados en el extranjero. La disputa por ese talento conecta los dos temas de la nota: Estados Unidos necesita trabajadores especializados para mantener su liderazgo, mientras China necesita que la automatización aumente la productividad sin convertir a una parte demasiado grande de su fuerza laboral en el costo visible de la transición.
No hay una pausa china anunciada. Lo que sí existe es una política de aceleración acompañada por recortes escalonados, litigios laborales y advertencias oficiales contra despedir en nombre de la IA. En Estados Unidos, el aumento de la preocupación por el empleo muestra que el problema cruza sistemas políticos distintos. La carrera por la inteligencia artificial no está frenando, pero su costo social ya forma parte de la competencia.