La misión Artemis II de la NASA produjo tres perturbaciones en la ionosfera sobre Norteamérica: una durante su lanzamiento en abril de 2026 y otras dos en maniobras posteriores, según un equipo de investigadores. Sus mediciones muestran cambios en una región que atraviesan las señales del GPS, pero el trabajo no cuantificó errores de posición para los usuarios.
El hallazgo procede de un equipo encabezado por Jong-Min Choi, de la Universidad Nacional Cheng Kung de Taiwán. Los investigadores analizaron datos de unas 3,500 estaciones terrestres distribuidas por América, que recibieron señales de los sistemas de navegación GPS, GLONASS y Galileo. Esa cifra corresponde a la red usada para el análisis, no a estaciones que hayan dejado de funcionar.
La versión consultada es un manuscrito difundido por Spaceweather.com. El sitio informó el 27 de octubre que el trabajo había sido aceptado para su publicación en Geophysical Research Letters.
Tres perturbaciones en más de un día
El cohete Space Launch System (SLS) despegó del Centro Espacial Kennedy, en Florida, el 1 de abril de 2026 con cuatro astronautas a bordo de la cápsula Orion. Durante el ascenso, el equipo identificó ondas en la ionosfera cerca de la trayectoria del cohete y otras que se propagaron hacia el norte y el sur.
La segunda perturbación apareció durante una maniobra para elevar el punto más alto de la órbita de Orion, aproximadamente una hora y 48 minutos después del despegue. La realizó el motor de la etapa superior del SLS, que estuvo encendido unos 18 minutos. El equipo calculó que esa señal se extendió más de 5,000 kilómetros a lo largo de la trayectoria, en una franja de unos 50 grados de longitud sobre Norteamérica.
La tercera ocurrió más de 25 horas después del lanzamiento, cuando Orion encendió su propio motor para dirigirse hacia la Luna. Para entonces, la cápsula ya se había separado de la etapa superior. La NASA confirmó por separado que la maniobra de inyección translunar se realizó con el motor del módulo de servicio de la nave.
Las dos maniobras posteriores produjeron alteraciones más intensas que las observadas durante el ascenso del SLS. En la comparación del equipo, llegaron a ser hasta nueve veces más intensas. Los autores plantean que liberar energía directamente a la altura de la ionosfera ayuda a explicar la diferencia, pese a que esos motores eran menos potentes que el cohete de despegue.
Qué midieron las estaciones y qué falta saber del GPS
La ionosfera contiene partículas cargadas y electrones libres. Las señales de navegación por satélite la atraviesan antes de llegar a los receptores en tierra. Si cambia la cantidad de electrones en su recorrido, también puede variar el tiempo que tarda la señal en llegar, explica la NASA. Ese retraso puede introducir errores en el cálculo de distancias y, con ello, en la posición estimada.
Para estudiar Artemis II, los investigadores utilizaron las señales recibidas en tierra para calcular las variaciones del contenido de electrones. Detectar esas variaciones es distinto de medir cuánto se equivocó el teléfono, el vehículo o el receptor de una persona. El manuscrito no presenta una cifra de error de navegación atribuible a la misión ni documenta una interrupción del servicio.
Charles Lin, coautor del trabajo, advirtió a Space.com que una imprecisión de unos metros podría ser relevante para vehículos autónomos y drones. "Un error de posicionamiento de un par de metros es suficiente para que un automóvil autónomo cambie de carril", dijo. La declaración describe un riesgo potencial; no demuestra que un vehículo haya cambiado de carril por Artemis II.
El propio estudio distingue las ondas examinadas de las zonas con disminución de electrones asociadas a las maniobras, que los autores proponen estudiar por separado. Por eso, describir el resultado como una rotura permanente de la atmósfera o como una caída comprobada del GPS iría más allá de lo que presenta el manuscrito.
La diferencia también importa al comparar el hallazgo con otros fenómenos. Una investigación sobre la tormenta geomagnética de noviembre de 2025 sí midió errores de posición superiores a 10 metros en zonas de Estados Unidos. Aquellas mediciones corresponden a otro evento y no permiten calcular el efecto que pudo tener Artemis II sobre los receptores.

El análisis de Artemis II permite seguir tres alteraciones producidas por una sola misión y comparar su intensidad. Para saber si se tradujeron en errores de navegación y de qué tamaño, harían falta mediciones o análisis adicionales centrados en ese efecto.
