Los bebés que no recibieron una inyección de vitamina K al nacer tuvieron un riesgo de sangrado 47% mayor durante sus primeros seis meses que quienes sí la recibieron, según un estudio de registros médicos en Estados Unidos. La investigación también encontró que la proporción de recién nacidos sin la dosis pasó de 3.1% en 2017 a 6.8% en 2025.
El análisis, publicado el 5 de noviembre de 2026 en JAMA, examinó a más de 5.2 millones de bebés nacidos en hospitales entre las 35 y 43 semanas de gestación. Los resultados muestran una asociación después de ajustar por varias características de los pacientes; no permiten atribuir cada hemorragia a la falta de vitamina K.
La vitamina ayuda a la coagulación. Los Centros para el Control y la Prevención de Enfermedades de Estados Unidos, o CDC, explican que los recién nacidos tienen reservas bajas y que una dosis intramuscular poco después del nacimiento previene los sangrados causados por su deficiencia.
Qué significa el aumento del riesgo
El equipo dirigido por Kristan Scott comparó los registros de bebés con y sin la inyección documentada durante la hospitalización del nacimiento. En todo el periodo estudiado se registraron episodios de sangrado en 288 de cada 10,000 bebés sin la dosis, frente a 185.9 de cada 10,000 que sí la recibieron.
La diferencia del 47% corresponde al riesgo relativo calculado tras ajustar factores como la edad gestacional, el seguro médico y el año de nacimiento. Las tasas por cada 10,000 son las cifras observadas en los grupos antes de ese ajuste.
Los investigadores incluyeron varios diagnósticos de sangrado, entre ellos hemorragias intracraneales y del recién nacido, además de los sangrados identificados como relacionados con la deficiencia de vitamina K. Por eso, la cifra general no equivale a casos confirmados de sangrado por falta de esa vitamina.
Para las hemorragias intracraneales, las tasas observadas fueron de 33 por cada 10,000 bebés sin la inyección y 13.2 por cada 10,000 con ella. Los registros también mostraron más muertes con un diagnóstico concurrente de sangrado durante la hospitalización del nacimiento en el primer grupo. Los autores advierten que sus datos no establecen si el sangrado causó esas muertes.
Las tasas de sangrado aumentaron entre 2017 y 2025 en ambos grupos, aunque el incremento fue más rápido entre quienes no recibieron la dosis. El trabajo no determinó por qué subieron en los dos: sus autores señalan, entre otras posibilidades, cambios en la detección o en las condiciones de salud de madres y bebés.
Un segundo estudio midió una hemorragia específica
Otra investigación, publicada el mismo día en JAMA Pediatrics, examinó registros de más de 11 millones de bebés y se centró en los diagnósticos de sangrado por deficiencia de vitamina K. La tasa pasó de 24 por cada 100,000 bebés en 2017 a 107.4 por cada 100,000 en 2025, según el análisis descrito por Contemporary Pediatrics.
El primer estudio reunió una categoría más amplia de sangrados; el segundo contó diagnósticos vinculados específicamente con la deficiencia. Ambos utilizaron datos de la plataforma de expedientes médicos Cosmos, de modo que sus muestras no deben sumarse como si fueran grupos independientes.
También hay límites en el alcance. El análisis de JAMA no incluyó nacimientos en casa ni bebés nacidos antes de las 35 semanas. Sus autores señalan que los expedientes pueden contener errores y que no captaron necesariamente todos los episodios atendidos fuera de los sistemas participantes.
Qué muestran los datos más recientes
Un análisis separado de Truveta, una empresa de datos sanitarios, encontró que la proporción de bebés sin una inyección documentada el día del nacimiento o el siguiente pasó de 5.2% en enero de 2026 a 8.1% en junio de ese año, dentro de su muestra. El informe, divulgado en septiembre, es preliminar y no fue revisado por pares.
Truveta advierte que la ausencia de un registro no demuestra por sí sola que los padres rechazaran la dosis: también puede reflejar un traslado, datos incompletos u otras circunstancias clínicas. Su análisis tampoco midió los sangrados posteriores al alta. Las cifras proceden de una base y un periodo de registro distintos a los de los estudios publicados en noviembre.
La vitamina K no es una vacuna. Los CDC sostienen que la inyección es segura y recomiendan su administración a los recién nacidos para prevenir el sangrado por deficiencia, que puede ocurrir hasta los seis meses y, en algunos casos, afectar al cerebro.
Reuters informó que un portavoz del Departamento de Salud y Servicios Humanos confirmó que los CDC seguían recomendando la dosis, pero no precisó si la agencia comenzaría a dar seguimiento a los rechazos o a los episodios de sangrado.