El radiotelescopio canadiense CHIME detectó con sus propios datos la débil emisión de hidrógeno neutro de una época en que el universo tenía alrededor de 5 mil millones de años. El resultado, publicado el 28 de septiembre de 2026 en The Astrophysical Journal, abre una vía para estudiar la distribución de la materia sin recurrir a mapas de galaxias de otros observatorios. Todavía no mide la expansión cósmica ni resuelve qué es la energía oscura.
Cómo encontró CHIME una señal escondida entre interferencias
El hidrógeno neutro emite ondas de radio conocidas como la línea de 21 centímetros. La expansión del universo estiró esa señal durante su viaje hasta la Tierra. Al medir pequeñas variaciones en su intensidad, los astrónomos pueden rastrear estadísticamente cómo se agrupaba la materia hace cerca de 8 mil millones de años, sin identificar una por una las galaxias que contienen el gas.
El equipo analizó 94 noches de observaciones tomadas en 2019. CHIME ya había detectado esta emisión mediante comparaciones con catálogos de otros telescopios; esta vez obtuvo la señal estadística a partir de sus propias observaciones. El artículo de la colaboración describe pruebas con distintas porciones de los datos para descartar que el resultado se debiera al ruido o a efectos del instrumento.
La dificultad estaba en separar una emisión extremadamente tenue del brillo de otras fuentes de radio y de las interferencias producidas por la actividad humana. Arnab Chakraborty, coautor del trabajo, explicó en el comunicado de la Universidad de Columbia Británica que, después de las comprobaciones, la señal seguía presente.
Por qué todavía no puede medir la energía oscura
Para aislar el hidrógeno, los investigadores filtraron las emisiones que dominaban las observaciones. Ese proceso también eliminó variaciones a gran escala que permitirían buscar las oscilaciones acústicas bariónicas, una huella en la distribución de la materia que sirve para reconstruir la historia de la expansión del universo. El propio estudio señala que su análisis actual prácticamente borra esa huella.
La detección demuestra que CHIME puede medir esta señal sin apoyarse en un catálogo externo, pero el equipo necesita recuperar las escalas descartadas antes de usarla para poner a prueba modelos de energía oscura. Los investigadores disponen de casi siete años de datos del telescopio y trabajan en extender el análisis a épocas más tempranas. El avance inmediato es la medición independiente de la señal; la prueba cosmológica sigue siendo un objetivo de la siguiente etapa.