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Anthropic usó 8 veces más lenguaje de riesgo que OpenAI antes del veto de EE. UU. a Mythos y Fable

Un análisis de la FT halló que Anthropic usó lenguaje de riesgo 8 veces más que OpenAI antes del veto a sus modelos.

por Ana Ambriz
Anthropic usó 8 veces más lenguaje de riesgo que OpenAI antes del veto de EE. UU. a Mythos y Fable
Photo by Steve A Johnson / Unsplash

TL;DR:

  • Un análisis de texto del Financial Times halló que en 2026 Anthropic empleó palabras de riesgo, regulación o restricción cinco veces por cada 1.000, frente a 0,6 de OpenAI.
  • El 12 de junio de 2026, Washington ordenó a Anthropic cortar el acceso de extranjeros a sus modelos Mythos y Fable; la empresa los apagó en cuestión de minutos.
  • Críticos como Yann LeCun atribuyen el veto al tono alarmista de la compañía; la historia de los controles de exportación de software sugiere que rara vez funcionan.

Anthropic se ganó fama de ser la voz más prudente de la inteligencia artificial. Ese mismo tono, según un análisis del Financial Times, pudo salirle caro. El diario británico revisó comunicados, publicaciones y artículos de la empresa y de su director ejecutivo, Dario Amodei, y encontró que en 2026 la compañía usó lenguaje de riesgo, regulación o restricción ocho veces más que OpenAI. La cifra adquirió un peso político inesperado. El 12 de junio de 2026, el gobierno de Estados Unidos prohibió a los extranjeros usar Mythos y Fable, los modelos más potentes de Anthropic, y la empresa los desconectó en minutos. Para una parte de la industria, Anthropic habló tanto del peligro de sus propios sistemas que terminó entregándole al gobierno el argumento perfecto para apagarlos.

La lectura es tentadora por lo redonda, pero conviene separar lo que está medido de lo que es interpretación. Lo medido viene del análisis de la FT, firmado por la periodista Clara Murray.

Los números que la FT puso sobre la mesa

El conteo es la parte dura de la historia. La FT revisó textos oficiales, posts en redes y artículos escritos por Anthropic o por Amodei a lo largo de 2026 y encontró un patrón claro:

  • Cinco de cada 1.000 palabras de Anthropic tocaban riesgo, regulación o restricción. En OpenAI y su jefe, Sam Altman, la cifra era ocho veces menor: 0,6 por cada 1.000.
  • La palabra "riesgo" apareció 336 veces en los textos de Anthropic, contra 30 en los de OpenAI.
  • "Salvaguarda" se usó 121 veces frente a 33.
  • "Vulnerabilidad", 128 veces contra apenas 10.

Hay un matiz que la propia FT subraya y que suaviza el titular: Anthropic moderó su discurso desde 2023. Su uso de lenguaje de riesgo y regulación cayó aproximadamente a la mitad respecto al mismo periodo de ese año y, en conjunto, sus comunicaciones de 2026 fueron mayormente positivas en tono. Solo que menos que las de OpenAI. No es una empresa hablando del fin del mundo a todas horas; es una empresa que, comparada con su rival, insiste más en los peligros.

Lo que no se discute es cuánto se habló de Mythos. Según datos de la firma AlphaSense citados por la FT, el modelo recibió mucha más cobertura que cualquier otro lanzamiento de IA del año, con dos picos de menciones: cuando se presentó y cuando llegó el veto.

Qué desató realmente el veto

Aquí es donde la versión de "Anthropic se metió sola en esto" necesita asteriscos. El detonante formal no fue un tuit, sino una orden. El Departamento de Comercio emitió una directiva de control de exportaciones y, por algunos relatos, Anthropic tuvo unos 90 minutos para limitar el acceso a sus productos antes de cumplirla. The Wall Street Journal reportó que el secretario de Comercio, Howard Lutnick, envió la notificación directamente a Amodei.

Detrás hubo dos episodios. El primero: Anthropic dio acceso a Mythos a una telco surcoreana —ampliamente reportada como SK Telecom— y funcionarios estadounidenses se alarmaron al sospechar vínculos con China. La empresa negó cualquier conexión. El segundo: el CEO de Amazon, Andy Jassy, habría alertado a la administración después de que investigadores de su compañía encontraran una forma de sortear las protecciones de Fable 5.

Anthropic disputa la palabra "jailbreak" —una técnica para burlar las barreras de seguridad de un modelo—. Dice que recibió solo un aviso verbal de un problema "limitado y no universal", que ya estaba parchado, y que no justificaba retirar el modelo. La compañía calificó todo el episodio de "malentendido" y aseguró estar trabajando para restaurar el acceso. Al lanzar el sistema, eso sí, ella misma había advertido que "lanzar un modelo tan capaz conlleva riesgos" y que, sin salvaguardas, las capacidades de Fable en ciberseguridad podrían causar daños graves.

El choque no salió de la nada. El Pentágono ya había incluido a Anthropic en una lista negra y la consideraba "demasiado peligrosa" para uso gubernamental, después de que la empresa se negara a que el ejército estadounidense usara sus modelos para sistemas de armas totalmente autónomos.

El reproche de la competencia

Los rivales no perdieron la oportunidad. Yann LeCun, ex director de IA de Meta y uno de los pioneros del campo, escribió que el veto demostraba que el "alarmismo ridículo" de Amodei por fin había rendido frutos.

"Se cosecha lo que se siembra", publicó LeCun en redes sociales.

Altman había disparado antes. En un podcast en abril, el jefe de OpenAI describió la estrategia de Anthropic como un marketing del miedo pensado para mantener la IA en pocas manos.

"Está claro que es un marketing increíble decir: 'Construimos una bomba, estamos a punto de lanzártela encima. Te venderemos un refugio antibombas por 100 millones de dólares'", dijo Altman.

Hubo críticas también por la forma en que Anthropic manejó las conversaciones con el gobierno. David Sacks, ex zar de IA de la Casa Blanca, escribió en X que un "socio confiable y creíble" se había acercado a la administración con un método para sortear las salvaguardas de Fable. Del otro lado, Anthropic lleva años presentándose como la conciencia de la industria: publica investigaciones sobre los daños de la tecnología y pide más intervención estatal. Días antes del veto, Amodei subió a su blog personal un texto largo reprochando a los reguladores moverse demasiado lento.

robot and human hands reaching toward ai text
Photo by Igor Omilaev / Unsplash

Por qué la historia dice que el veto podría no servir de nada

El análisis más incómodo para Washington no viene de Anthropic, sino del historial de estos controles. Como recordó el periodista de ciberseguridad de TechCrunch Lorenzo Franceschi-Bicchierai, los gobiernos llevan tres décadas intentando frenar la difusión de software "peligroso" con resultados, en el mejor de los casos, mediocres.

El ejemplo clásico es de los años noventa. Cuando el programador Phil Zimmermann liberó PGP, un software de cifrado que volvía casi imposible leer un mensaje interceptado, el gobierno estadounidense lo trató como un arma y abrió una investigación penal por supuesta violación de controles de exportación. Zimmermann respondió publicando el código fuente como libro impreso. La investigación se cerró y el episodio abrió la puerta al cifrado que hoy usan miles de millones de personas en Signal y WhatsApp.

Más tarde llegó el Arreglo de Wassenaar, un tratado para limitar la venta de software espía de doble uso. Su debilidad fue estructural: hay países que no lo firman, su aplicación queda a discreción de cada gobierno y los fabricantes de spyware simplemente se mudan a jurisdicciones laxas. La conclusión de TechCrunch es directa: si treinta años de controles no detuvieron al cifrado ni al spyware, no está claro por qué funcionarían ahora con un modelo de IA.

Y hay un efecto secundario que ya preocupa al mercado: empujar a los clientes hacia las alternativas. Si Mythos y Fable no están disponibles, muchos voltearán a GPT-5.5 de OpenAI, a los modelos de Google o a opciones de código abierto, incluidas las chinas como Kimi 2.7 de Moonshot AI. TechCrunch plantea dos salidas posibles: que la administración ceda para no restarle competitividad a las empresas estadounidenses, o que esas empresas terminen necesitando permiso del gobierno para vender afuera, un costo de cumplimiento que golpearía sus cuentas.

Qué significa para quienes usan IA fuera de EE. UU.

El veto no solo afecta a Anthropic. Cortó el acceso a sus clientes en el extranjero e incluso a sus propios empleados internacionales. Para cualquier empresa —también en México, España y América Latina— que haya integrado un modelo de frontera en su operación, aparece un riesgo nuevo: que una herramienta comercial se apague a nivel internacional, sin aviso, por una decisión regulatoria ajena.

Martin Chorzempa, del Peterson Institute, lo resumió a Axios: cada vez que se imponen controles de exportación, se incentiva el surgimiento de proveedores alternativos. La lección para los equipos de tecnología es vieja pero ahora más urgente: no casarse con un solo proveedor de IA. El golpe, además, llega en mal momento para Anthropic, a la que la FT valora en 965.000 millones de dólares y que —como OpenAI— planea salir a bolsa este año.

El pulso sigue abierto. Para mediados de junio, Mythos y Fable llevaban más de una semana fuera de servicio y ni Anthropic ni la Casa Blanca daban señales de retroceder. Si Washington cede, habrá admitido en los hechos que otros laboratorios —China incluida— llegarán a capacidades similares pase lo que pase. Si no cede, venderle IA al mundo desde Estados Unidos pasará a tener un trámite de por medio. En cualquier escenario, Anthropic ya aprendió algo que no estaba en su hoja de ruta: en esta industria, el tono con que una empresa habla de su propio producto también pasa factura.

Fuentes: 1, 2

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