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Ciencia

Zircones apuntan a montañas del tamaño del Himalaya bajo la Antártida

Un estudio de la Australian National University usó zircones hallados en sedimentos para inferir que montañas del tamaño del Himalaya se formaron bajo la Antártida y pudieron favorecer el aumento del oxígeno y la vida animal compleja.

por Patricia Rodriguez
A breathtaking view of a glacier meeting the sea, showcasing natural beauty.
Foto de Hugo Sykes en Pexels

Un estudio publicado en Earth and Planetary Science Letters presenta evidencia que apunta a que la Antártida conserva, bajo su hielo, las raíces de montañas tan grandes como el Himalaya. Investigadores de la Australian National University analizaron 1,712 zircones recién estudiados junto con miles de muestras previas y detectaron una señal de edad especialmente fuerte entre 650 y 450 millones de años, cuando Gondwana se estaba ensamblando. Los autores proponen que la erosión de esas supermontañas aportó nutrientes al océano y ayudó a elevar el oxígeno atmosférico antes de la diversificación de los animales. El trabajo no prueba que las montañas causaran por sí solas la explosión cámbrica, sino que pudieron crear condiciones favorables para ella.

Los zircones sustituyen un mapa directo

Más del 99.5% de la Antártida está cubierta de hielo, así que las rocas bajo el continente son difíciles de muestrear. El equipo recurrió a zircones detríticos, cristales muy resistentes que se desprenden de las rocas, viajan con los sedimentos y conservan dos pistas: su edad, estimada con datación de uranio-plomo, y la química que ayuda a identificar el ambiente donde se formaron.

Los investigadores combinaron 1,712 granos analizados para el estudio con miles de zircones antárticos examinados antes. La señal más fuerte se concentra entre 650 y 450 millones de años, un intervalo que coincide con la formación de Gondwana. Al incorporar esos datos a una base de datos global y ponderarla por el área representada, el registro de Gondwana se convirtió en la mayor señal de construcción de montañas asociada con un supercontinente.

El hallazgo se inserta en una revisión más amplia de Gondwana. Otro estudio reciente, cubierto por FomoEra, estimó que el supercontinente reunía cerca del 80% de la tierra firme de su época. Aquella investigación reconstruyó su extensión; la nueva se concentra en las montañas que se levantaron durante su ensamblaje y en el material que su erosión dejó en los océanos.

Cómo unas montañas pudieron favorecer la vida compleja

Las edades de los zircones no muestran solo cuándo se formaron las rocas. Algunos granos tienen señales químicas asociadas con materiales sometidos a presiones extremas, como los que se encuentran en las raíces profundas de cordilleras muy altas. Por eso los autores interpretan que las colisiones entre bloques que hoy corresponden a la Antártida, India, Australia y Kalahari levantaron cordilleras de escala himalaya.

Al erosionarse, esas montañas habrían arrojado fósforo y hierro al océano. Los nutrientes alimentan algas y cianobacterias, que producen materia orgánica y oxígeno. Una parte de ese carbono orgánico, junto con materiales ricos en pirita, habría quedado enterrada con rapidez. Ese enterramiento reduce la cantidad de oxígeno que vuelve a consumirse y permite que aumente su concentración en la atmósfera.

El resultado propuesto es una secuencia de cambios conectados: más nutrientes, mayor producción primaria, más oxígeno y una mayor disponibilidad de alimento y elementos químicos para los primeros animales con esqueletos mineralizados. El estudio relaciona esta secuencia con el ascenso de los animales y, después, con la explosión cámbrica, que comenzó hace unos 538 millones de años.

La señal es fuerte, pero la causalidad sigue abierta

En la base de datos global ponderada, los investigadores calculan que alrededor del 46% de los zircones detríticos del periodo que va del inicio del Cámbrico al final de la explosión cámbrica procedían de la Antártida. Entre los granos de alta presión, la proporción llegó a 55%. Estas cifras describen la composición del conjunto de muestras analizado, no que 46% de todas las rocas del planeta provinieran del continente.

El trabajo no cierra el debate. La interpretación requiere que la formación de las montañas, su erosión, el aporte de nutrientes y el enterramiento de carbono hayan ocurrido con la intensidad y el calendario adecuados. La cronología y la magnitud del aumento de oxígeno siguen siendo inciertas, y el modelo no explica por completo señales químicas que aparecen desde unos 800 millones de años atrás, de acuerdo con la revisión de ScienceAlert.

Por eso, la conclusión no es que la Antártida haya causado la explosión cámbrica. La evidencia respalda una hipótesis más acotada: las montañas formadas durante el ensamblaje de Gondwana pudieron alterar los ciclos de nutrientes, carbono y oxígeno de una manera que facilitó la expansión de la vida animal.

El hielo antártico sigue ocultando las raíces de aquellas cordilleras, pero los zircones ya permiten reconstruir parte de su historia sin perforar kilómetros de hielo. La conexión entre tectónica y evolución cuenta con una pieza geológica nueva, aunque todavía necesita pruebas adicionales para pasar de una explicación plausible a una conclusión demostrada.

Fuentes: 1, 2

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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