GNOME es un entorno de escritorio que te obliga a hacer las cosas a su manera. Y dentro del universo de posibilidades que representa Linux, uno pensaría que tener más flexibilidad es sinónimo de tener cómo imponer nuestra buena razón y mejor experiencia de uso. Pero resulta que no: que Gnome por defecto ya incrementa la productividad y el orden, y son pocas las extensiones que uso, aunque muchas más las que recomiendo.
Las únicas extensiones en las que siempre confío
Cuando instalo Gnome, o cuando instalo alguna distribución que ya incorpora este entorno de escritorio (Fedora Workstation o Debian Trixie con Gnome), hay 3 extensiones que siempre van a quedar instaladas en mi dispositivo.
- Ubuntu Appindicator: es la extensión por defecto para ver, en la bandeja de notificaciones, todas esas apps de terceros que van más allá del brillo, de la batería o del Wifi. Así aparecerán Telegram, Slack, Easyeffects y otras apps en segundo plano.
- Blur my shell: es una extensión interesante porque eleva la estética minimalista y gris de Gnome, a el entorno de escritorio moderno y de cristal esmerilado que hoy se usa demasiado. Se ve bonita, así que merece la pena.
- Cafeína: para evitar que en sesiones de trabajo se me termine suspendiendo o bloqueando la pantalla, más si estoy a la espera de alguna notificación para tomar acción en alguna tarea. Cafeína mantiene la PC funcionando como debe ser, siempre.

Otras extensiones que recomiendo
Como dije, soy un admirador de la experiencia "vanilla" o "salida de fábrica" de Gnome, por lo que su interfaz, su forma de trabajar y su forma de hacer las cosas me parece sensata y productiva. Nada qué objetar.
A la vez entiendo que no será algo que todos puedan hacer, pero también es comprensible que se trate del entorno de escritorio que mejor se integra con las nuevas tecnologías gráficas de Linux, con Wayland a la cabeza. De allí que recomiendo las siguientes extensiones para quienes vienen buscando una experiencia más tradicional sin abandonar el enfoque pretendido por el escritorio:
- ArcMenu: es un menú de aplicaciones tradicional, o al menos no tan disruptivo como el menú desplegable a pantalla completa que propone Gnome de fábrica.
- Dash to Panel: convierte la barra de aplicaciones fijadas en un panel inferior, similar a lo que encontraríamos en KDE Plasma o Cinnamon (el escritorio de Linux Mint), pero con la ventaja de que nos mantenemos en Gnome (para quienes le comparan con KDE) y nos mantenemos en Wayland (para quienes le compararían con la experiencia de Cinnamon).

Sin lugar a dudas, Gnome es un infinito mundo de posibilidades, y lejos de tener una rigidez inicial o de ser "opinado" como se le suele traducir, es una experiencia de uso a la que te acostumbras, y luego ya no quieres probar otra cosa.