TL;DR:
- Paul Conyngham, el ingeniero de Sídney que diseñó con inteligencia artificial una vacuna de ARNm para el cáncer de su perra Rosie, fundó Gamgee Technologies, del lote Summer 2026 de Y Combinator.
- En su texto de lanzamiento cifra en un año y unos 20,000 dólares lo que hizo a mano, y fija como meta diseñar una vacuna en 48 horas por 2,000 dólares de extremo a extremo.
- La empresa ya recluta casos en Australia y prepara un ensayo con 30 perros, pero el caso de Rosie sigue sin publicarse en una revista científica.
Paul Conyngham, el ingeniero australiano que en marzo se volvió viral por diseñar con inteligencia artificial una vacuna de ARNm contra el cáncer de su perra Rosie, convirtió aquel caso en una empresa. Gamgee Technologies figura en el directorio de Y Combinator dentro del lote Summer 2026, con sede en San Francisco, dos empleados y estatus activo. Su propio sitio lista como respaldo a Founders Fund, Y Combinator, Golden Gate Ventures, Atypical Ventures y la Doogood Foundation. En el texto de lanzamiento que publicó la aceleradora, Conyngham escribe que hacerlo a mano le tomó un año y alrededor de 20,000 dólares. Los titulares de marzo habían fijado la cifra en 3,000, que era lo que costó secuenciar el ADN de Rosie.
Los 3,000 dólares cubrían la secuenciación, no el proyecto
La cifra que circuló en marzo correspondía a un paso concreto: la secuenciación del tumor de Rosie y de su ADN sano en el Ramaciotti Centre for Genomics de la Universidad de Nueva Gales del Sur. Lo que vino después, el análisis de los datos, el diseño del constructo, la síntesis en el RNA Institute de la misma universidad, los permisos éticos y el traslado a Queensland, no entraba en ese número.
Conyngham ahora pone precio al conjunto. Un año y unos 20,000 dólares, según su texto de lanzamiento. Y sobre esa base plantea la promesa comercial de Gamgee: bajar el diseño de una vacuna a 48 horas y el proceso completo a 2,000 dólares.
Ese objetivo aterriza en un mercado que ya existe. Torigen, la empresa estadounidense de inmunoterapia veterinaria que ha tratado a cerca de 2,000 animales desde 2017, cobra a los dueños, por lo general, menos de 2,000 dólares por su terapia, según declaró su directora general, Ashley Kalinauskas, a R&D World. La diferencia no está en el precio sino en el método: la terapia de Torigen se prepara a partir del propio tumor del animal, sin identificar antes las mutaciones que lo impulsan.

Gamgee ya recluta perros con cáncer y prepara un ensayo con 30
La empresa nombró a su primer producto ze-ets-001 y describe un flujo cerrado: envía un kit a la clínica, el veterinario toma una muestra del tumor y una de sangre durante un procedimiento ya programado, el laboratorio secuencia, el software prioriza las mutaciones que valen la pena atacar y devuelve un diseño de ARNm listo para fabricarse. La administración queda siempre en manos del oncólogo veterinario tratante.
Gamgee dice estar corriendo ensayos clínicos en Australia y aceptar solicitudes desde cualquier país. Entre sus colaboradores enumera al Ramaciotti Centre for Genomics, al RNA Institute de la UNSW, a la Universidad de Queensland y al Instituto Garvan, las mismas instituciones que intervinieron en el caso original.
El siguiente paso que anuncia es un ensayo dirigido por clínicos con 30 perros, pensado para medir seguridad, respuesta inmune y resultados clínicos. Hasta que ese ensayo arroje resultados, lo único que existe es un paciente.
¿Qué es una vacuna de neoantígenos?
Es una vacuna hecha a la medida de un tumor. Se compara el ADN del tumor con el ADN sano del paciente para hallar mutaciones exclusivas del cáncer, se eligen las que el sistema inmune puede reconocer y se codifican en ARN mensajero. La célula fabrica esos fragmentos y el sistema inmune aprende a atacar lo que los lleva.
La evidencia sigue siendo un perro y ningún artículo publicado
De ese paciente, Conyngham reporta una reducción de entre 50% y 75% en los tumores que sí respondieron y un hallazgo microscópico: infiltración de macrófagos IBA1+ y linfocitos T CD3+ en las lesiones que respondieron, y poca en el tumor que no. También dice tener lista una vacuna de segunda generación. Ninguno de esos datos ha pasado por revisión de pares.
Esa es la objeción que los especialistas pusieron desde el principio. Martin Smith, el profesor de la UNSW que secuenció el genoma de Rosie, aclaró a la AFP que aquello no fue un ensayo clínico y que "no es que la IA curara el cáncer" [traducción propia]. Pall Thordarson, director del RNA Institute que fabricó la vacuna, admitió a la misma agencia que no sabían con certeza qué causó la reducción del tumor mayor. Nick Semenkovich, del Colegio Médico de Wisconsin y ajeno al caso, señaló que ni la universidad ni Conyngham habían publicado detalles científicos más allá de comunicados y entrevistas, así que no había forma de saber si la vacuna funcionó como fue diseñada.
Kalinauskas fue más directa sobre el método: "siguen haciendo conjeturas" [traducción propia], dijo a R&D World, buenas conjeturas si aciertan a las mutaciones que impulsan el tumor, pero conjeturas.
Sobre el resultado del caso, la propia Gamgee es escueta: dice que el tratamiento le agregó dos años de vida a Rosie. A finales de marzo, cuando la AFP habló con Conyngham, el cáncer estaba en remisión parcial, la perra había necesitado otra cirugía y no estaba claro cuánto tiempo le quedaba.
Para el dueño de un perro con cáncer, el cambio concreto de estos cinco meses es que ya hay una dirección a la que escribir y un ensayo al que postularse. Lo que no cambió es la base de evidencia: un caso, sin publicar, cuyo mejor resultado la empresa mide en dos años de vida.