TL;DR:
- La Comisión Europea aprobó el 14 de julio un acto delegado que saca a seis categorías de productos, entre ellas los wearables, de la obligación de llevar baterías que el usuario pueda extraer y reemplazar.
- La excepción es parcial: las baterías todavía deberán poder cambiarse por profesionales, y la norma general del Reglamento de Baterías se aplica desde el 18 de febrero de 2027.
- El cambio retira el principal escollo de hardware para las gafas Ray-Ban Display de Meta en Europa, aunque siguen en pie las reglas de inteligencia artificial y la presión por la privacidad.
La Comisión Europea aprobó este 14 de julio una excepción que libera a los wearables de una de las reglas que más incomodan a la industria tecnológica: la obligación de que sus baterías sean extraíbles y reemplazables por el propio usuario. El acto delegado añade seis categorías de productos a la lista de excepciones del Reglamento de Baterías, entre ellas los relojes inteligentes, las pulseras de actividad y los juguetes eléctricos. Para Meta, la decisión tiene una lectura directa: sus gafas Ray-Ban Display llevaban meses bloqueadas en el mercado europeo justamente por esa norma. La compañía presionó durante meses por el cambio, con el respaldo público del embajador de Estados Unidos ante la UE. El matiz pesa: la excepción es parcial y aún debe pasar el escrutinio del Parlamento Europeo y el Consejo antes de ser definitiva.
Bruselas no menciona a Meta en ningún momento. En su comunicado, la Comisión enmarca la medida en la seguridad y en un análisis técnico de cada categoría, no en la presión de ninguna empresa ni gobierno. Pero el resultado encaja con lo que Meta venía reclamando desde marzo: una excepción para toda la familia de dispositivos vestibles.
Qué cambió en la norma de baterías
El Reglamento de Baterías parte de una idea simple: si la batería de un aparato se puede sacar y cambiar, el aparato dura más y su reciclaje es más fácil. Por eso, como regla general, los dispositivos que se vendan en la UE deberán permitir que el consumidor sustituya la batería por su cuenta. Ese requisito se aplica desde el 18 de febrero de 2027.
La Comisión añadió ahora seis categorías a la lista de productos que quedan fuera de esa obligación. Las principales que destacó son:
- Wearables como relojes inteligentes y pulseras de actividad, dispositivos diminutos donde cada milímetro cuenta para la autonomía y los sensores.
- Juguetes eléctricos con batería recargable, alineados con la nueva normativa europea de seguridad de los juguetes.
- Equipos cubiertos por la Directiva ATEX, pensados para atmósferas explosivas: motores a prueba de explosión, sensores, bombas o carretillas elevadoras.
El punto clave está en la letra pequeña. No se trata de baterías selladas para siempre. La excepción es parcial: significa que la batería deberá poder cambiarla un profesional independiente, no el usuario en casa. Es el mismo trato que ya tenían los productos sanitarios y los llamados aparatos "húmedos", como cepillos de dientes eléctricos o irrigadores dentales, exentos sobre todo por motivos de seguridad.
La Comisión no obra a ciegas. En su propio comunicado recuerda que las pequeñas baterías de litio mal desechadas provocan cada vez más incendios en las plantas de tratamiento de residuos, un riesgo que dice haber sopesado antes de conceder cualquier exención. Junto al acto delegado, además, actualizó sus guías de aplicación, y ahí sí aparecen de forma expresa las gafas inteligentes como ejemplo de wearable que puede acogerse a la excepción. Ese detalle es el que conecta la decisión con Meta.
Por qué Meta era la gran interesada
Las Ray-Ban Display salieron a la venta en Estados Unidos en septiembre de 2025 por unos 799 dólares. Integran una pantalla en la lente derecha y se controlan con la Neural Band, una pulsera que lee la actividad muscular de la muñeca para manejarlas con gestos. En la práctica, el producto carga con dos baterías: la de las gafas y la del brazalete. La de las gafas, de 960 mWh, va pegada dentro de la montura y no se puede extraer. Añadirle una tapa para cambiarla obligaría a hacerlas más grandes y pesadas, justo lo contrario de lo que busca este tipo de producto.
Ese muro regulatorio dejó a Meta atrapada. La empresa aplazó a comienzos de 2026 su expansión al Reino Unido, Francia, Italia y Canadá, entre la falta de suministro y las trabas normativas, y mantuvo las gafas como un producto solo para Estados Unidos. En paralelo, negoció con la Comisión una excepción para todos los wearables, no solo para las gafas, sino también para relojes, auriculares y pines, con el argumento de que la norma golpeaba a una categoría entera, según reportó Bloomberg.
El malestar se hizo público en marzo, cuando el embajador de Estados Unidos ante la UE, Andrew Puzder, lo planteó sin rodeos en un acto, en declaraciones recogidas por Bloomberg:
"¿Cuál es el único lugar del mundo donde no se pueden vender estas gafas? La Unión Europea. ¿Por qué? Porque la batería no es extraíble."
El pulso importa porque el negocio es grande. Junto con EssilorLuxottica, la dueña de Ray-Ban, Meta lidera el mercado de gafas inteligentes, un segmento que el propio Mark Zuckerberg ha descrito como uno de los productos de electrónica de consumo de más rápido crecimiento de la historia, una frase que varios responsables europeos han citado para justificar la necesidad de actuar. EssilorLuxottica ya ha hablado de escalar la producción a decenas de millones de unidades al año. Y Meta no está sola: Google, Apple, Samsung y fabricantes chinos como Xiaomi o Alibaba se mueven en el mismo terreno, y todos chocaban con la misma regla europea. La excepción no lleva el nombre de Meta, pero le resuelve el problema a toda la generación de gafas que viene detrás.
La excepción es parcial y aún no es definitiva
Conviene bajar las expectativas. El acto delegado todavía es un borrador en trámite: pasa ahora al Parlamento Europeo y al Consejo, que disponen de una ventana de escrutinio de dos meses para objetarlo, según MLex. Si ninguno de los dos se opone, entrará en vigor veinte días después de publicarse en el Diario Oficial de la Unión Europea. Hasta entonces, nada es firme.
Tampoco es un cheque en blanco. La exención mantiene la obligación de que un profesional pueda reemplazar la batería, así que las gafas y los relojes seguirán siendo reparables, solo que no por el usuario. Y a la industria le sabe a poco. La patronal tecnológica CCIA Europe celebró la decisión, pero de inmediato pidió ir más lejos: una exención total para los wearables dentro del Omnibus Ambiental y un aplazamiento de los plazos de aplicación. Su responsable de políticas, Leonardo Veneziani, defendió el enfoque de seguridad:
"La decisión de la Comisión es una victoria para la seguridad del consumidor y la fiabilidad del producto. Cambiar la batería de un wearable compacto no es una tarea rutinaria de hazlo tú mismo: estos dispositivos se llevan directamente sobre el cuerpo y contienen componentes delicados que requieren formación y herramientas profesionales."
Del otro lado del tablero, la excepción roza el nervio de por qué existe el reglamento. La norma de 2023 nació para alargar la vida de los aparatos y reducir la basura electrónica dando al comprador el poder de cambiar la pila. Cada categoría que se saca de esa obligación recorta un poco ese objetivo para los wearables. La propia Comisión admite que buscó un equilibrio entre consumidores, reparadores independientes, fabricantes y el sector del reciclaje. En los wearables, ese equilibrio se inclinó hacia el diseño compacto y la seguridad.
El verdadero muro de Meta en Europa ya no es la batería
Aquí está la parte que suele quedar fuera del titular. La batería era el obstáculo fácil de negociar. Los difíciles siguen intactos: el Reglamento de IA y el RGPD. Las Ray-Ban Display dependen de funciones de inteligencia artificial que se ejecutan en la nube y de análisis visual en tiempo real, justo el terreno que la ley europea de IA vigila con lupa por el tratamiento de datos biométricos.
Y luego está la presión social, que no se resuelve con un acto delegado. El Comité Europeo de Protección de Datos prepara un informe sobre la aceptabilidad social de las gafas inteligentes, como confirmó su presidenta, Anu Talus. La eurodiputada Veronika Cifrová Ostrihoňová ha reclamado medidas y advirtió del riesgo de que la tecnología vulnere la privacidad o se dirija contra las mujeres de una forma inaceptable en el mercado europeo. En Estados Unidos, donde las gafas sí se venden, el producto también acumula frentes: senadores han cuestionado a Meta por sus planes de reconocimiento facial y una demanda colectiva la acusa de haber enviado grabaciones de usuarios a revisores externos.
El rechazo ha llegado incluso a los escenarios. La cantante Lorde aprovechó un concierto, patrocinado precisamente por las gafas de Ray-Ban y Meta, para despacharse contra ellas y quejarse de que ya no se distingue a simple vista quién lleva unas gafas normales y quién unas con cámara. El rapero Tyler, the Creator las ridiculizó en Instagram y tachó de estrafalario a quien las use, mientras Kylie Jenner hacía lo contrario y firmaba una edición especial de las gafas de Meta. La historia rima con la de Google Glass en 2013: lo que las hundió no fue una ley, sino el estigma social de parecer un "glasshole".
Preguntas rápidas sobre las gafas de Meta y la norma europea
¿Ya se pueden comprar las Meta Ray-Ban Display en España o en la UE?
Todavía no. La excepción retira una traba regulatoria, pero el acto delegado aún debe superar el escrutinio del Parlamento y el Consejo, y Meta sigue con problemas de suministro y con las reglas de IA y privacidad pendientes. Por ahora, las gafas solo se venden en Estados Unidos.
¿Qué cambia exactamente con la excepción de baterías?
Los wearables dejan de estar obligados a que el usuario pueda extraer y cambiar la batería. Seguirá siendo obligatorio que un profesional pueda reemplazarla. Aplica a relojes, pulseras de actividad y auriculares y, según las guías de la Comisión, también a las gafas inteligentes.
¿Cuándo entra en vigor la norma general de baterías extraíbles?
El requisito general del Reglamento de Baterías se aplica desde el 18 de febrero de 2027 a los dispositivos vendidos en la UE. La excepción para wearables, si supera el escrutinio, entraría en vigor veinte días después de publicarse en el Diario Oficial de la Unión Europea.
Para el consumidor europeo, incluido el español, la lectura práctica es sencilla: las gafas con pantalla de Meta y las de sus rivales están hoy un paso más cerca de las tiendas de la región. Pero la batería era el trámite resoluble. Quien decida si estas gafas llegan de verdad a Europa, y con qué funciones, no será el Reglamento de Baterías, sino las reglas de inteligencia artificial y el pulso abierto por la privacidad.