Groenlandia y la Antártida perdieron en conjunto 11.3 billones de toneladas métricas de hielo entre 1979 y 2023, una merma que elevó 3.14 centímetros el nivel medio global del mar. La estimación, publicada el 16 de septiembre de 2026 en Scientific Data por la colaboración internacional IMBIE, combina 42 cálculos independientes basados en 27 misiones satelitales. El dato que cambia la lectura del fenómeno está en su mecanismo: 84% de la pérdida se debió al desequilibrio dinámico de glaciares que descargaron más hielo en el océano, frente a 16% relacionado con el balance de masa de la superficie.
El 84% del hielo salió por glaciares más rápidos
La pérdida dinámica ocurre cuando los glaciares que drenan las capas de hielo aceleran y llevan al mar más masa de la que el sistema repone. Inès Otosaka, investigadora de la Universidad de Northumbria y autora principal del trabajo, explicó a la Agencia Espacial Europea (ESA) que el predominio de este proceso muestra una respuesta de largo plazo de las capas de hielo al calentamiento del océano.
El otro 16% corresponde al balance de masa superficial. Ese concepto no mide solo cuánto hielo se derrite al aire libre: compara la acumulación por nevadas con pérdidas por escorrentía de agua de deshielo, sublimación, evaporación y erosión de nieve por el viento. Por eso, describir todo el resultado como “derretimiento superficial” oculta el mecanismo que domina el registro.
En el periodo común de 1979 a 2023, Groenlandia aportó 18.1 milímetros al aumento del nivel del mar y la Antártida, 13.3 milímetros. El trabajo también ofrece balances regionales con inicios distintos: la Antártida perdió 4.780 billones de toneladas entre 1979 y 2023, mientras que Groenlandia perdió 6.215 billones entre 1972 y 2023. Estas dos últimas cifras no deben sumarse para reconstruir el total combinado de 11.309 billones porque el registro groenlandés comienza siete años antes.
En Groenlandia, 67% de la pérdida de su serie completa se atribuyó a una mayor descarga de hielo y 33% al balance superficial. En la Antártida, el estudio asignó toda la pérdida neta del periodo a la dinámica del hielo. La estimación conjunta incluye un margen de incertidumbre de ±565 gigatoneladas para la masa y ±1.6 milímetros para su contribución al nivel del mar.
Tres formas de medir una capa de hielo
El equipo reconcilió observaciones de misiones como Landsat, CryoSat, los satélites Copernicus Sentinel y GRACE. Esos instrumentos permiten seguir tres señales distintas: cambios en la altura de la superficie mediante altimetría, variaciones del campo gravitatorio ligadas a la masa y velocidad del hielo que fluye hacia la costa.
Los investigadores estandarizaron 23 estimaciones de Groenlandia y 19 de la Antártida, luego las combinaron con modelos climáticos regionales para separar la dinámica glaciar del balance superficial. La versión final del estudio y la ESA coinciden así en un total de 42 estimaciones; Associated Press informa 45, pero esta nota conserva el desglose del artículo científico publicado. El registro se remonta a 1972 en Groenlandia y a 1979 en la Antártida, cuando las imágenes históricas de Landsat ya ofrecían cobertura suficiente para calcular la descarga de hielo a escala continental.

El alcance también tiene límites. El conjunto no contabiliza el adelgazamiento o retroceso de las plataformas de hielo flotantes ni ciertos retrocesos de hielo apoyado bajo el nivel del mar. Además, las tres técnicas discrepan más en la Antártida Oriental, donde falta información del grosor del hielo cerca de parte de la línea de apoyo. El balance antártico solo cuenta con una estimación del método de entrada y salida; los autores advierten que su peso relativo podría causar una pequeña subestimación de las ganancias de masa en esa región.
La desaceleración de 2020 a 2023 no revirtió la tendencia
La pérdida se aceleró con fuerza desde la década de 1990. Groenlandia pasó de perder un promedio de 60 gigatoneladas anuales en la década de 1980 a 264 gigatoneladas por año en la de 2010. La Antártida pasó de unas 48 a 202 gigatoneladas anuales entre esos mismos periodos, según el resumen de la ESA.
El ritmo agregado bajó entre 2020 y 2023. Nevadas excepcionalmente abundantes en la Antártida Oriental compensaron parte de las pérdidas persistentes del oeste del continente, mientras que veranos menos extremos redujeron el componente superficial en Groenlandia. Aun así, ambas capas terminaron ese intervalo con una pérdida neta. Los investigadores describen esa pausa como variabilidad de corto plazo, no como una inversión de la trayectoria observada durante décadas.
El corte de la base de datos es importante: el estudio reconstruye el balance hasta el 31 de diciembre de 2023. No mide en su cifra central lo ocurrido durante 2024, 2025 o 2026. Por eso, los “47 años” que aparecen en el titular de Associated Press y sus republicaciones no describen el intervalo de la estimación combinada, que va de 1979 a 2023; únicamente la serie de Groenlandia empieza antes, en 1972.
Por qué algunos titulares hablan de 12.5 billones de toneladas
La publicación científica expresa el resultado en toneladas métricas: 11.309 billones, equivalentes a 11,309 gigatoneladas. Algunos medios estadounidenses, entre ellos Associated Press, lo presentaron como 12.5 billones de short tons y añadieron entre paréntesis la cifra métrica de 11.3 billones.
No son dos estimaciones diferentes. Una tonelada métrica equivale a unas 1.1023 toneladas cortas estadounidenses, de modo que 11.309 billones de toneladas métricas se convierten en aproximadamente 12.466 billones de short tons, cifra que se redondea a 12.5. En español, esta nota conserva la unidad métrica utilizada por el estudio.
El nuevo registro no determina por sí solo cuánto subirá el mar en las próximas décadas. Su aportación es una referencia observacional más larga para comprobar y ajustar esas proyecciones, justo cuando las capas de hielo ya explican cerca de una cuarta parte del aumento medio global del nivel del mar y siguen siendo una de sus mayores fuentes de incertidumbre futura.