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Biología

Dos fósiles apuntan al primer anfibio de vida completamente marina

Los huesos de Gerrothorax maritimus conservan una señal química compatible con el océano del Triásico. El hallazgo respalda una vida lejos de la costa, aunque su regulación de la sal sigue sin resolverse.

por Gerardo Pavez
Fossilized skeleton of the marine amphibian Gerrothorax maritimus with detailed ribs embedded in gray rock slab
Foto: Ryosuke Motani, UC Davis, términos de uso, vía ucdavis.edu

Dos esqueletos hallados en China aportan la primera evidencia de un anfibio que vivía permanentemente en el mar, según un estudio publicado el 26 de octubre en Nature Ecology & Evolution. La nueva especie, Gerrothorax maritimus, habitó hace unos 237 millones de años un ambiente que los anfibios actuales no ocupan de forma exclusiva.

El trabajo, revisado por pares y firmado por Lipin Diao y sus colegas, se basa en dos ejemplares casi completos de Guizhou, en el suroeste de China. Era un temnospóndilo, un pariente primitivo de los anfibios actuales, con un cuerpo aplanado de unos 75 centímetros y una cubierta de placas óseas.

Los dedos y el estroncio respaldan una vida marina

Encontrar un fósil en sedimentos marinos deja abierta la posibilidad de que su cadáver llegara desde tierra. Para evaluar esa alternativa, el equipo examinó la conservación de los restos y su composición química.

Los esqueletos mantienen unidos incluso los huesos de los dedos, partes que suelen desprenderse cuando un cadáver deriva por el agua. Ryosuke Motani, coautor e investigador de la Universidad de California en Davis, explica en su relato del trabajo que esa conservación favorece un enterramiento cerca del lugar de muerte. Las reconstrucciones geográficas sitúan el depósito al menos a 30 kilómetros de la isla más cercana.

La proporción de isótopos de estroncio en los huesos coincidía con la del agua marina de la época, mientras el sedimento circundante tenía una señal diferente. Según Motani, esa diferencia sugiere que el animal incorporó la señal del mar al crecer y que la composición de sus huesos sufrió poca contaminación durante la fosilización.

Fossilized left hand of a prehistoric marine amphibian showing bones and vertebrae embedded in gray rock
Detalle de la mano izquierda de uno de los ejemplares estudiados. · Foto: Ryosuke Motani, UC Davis, términos de uso, vía ucdavis.edu

La función de la coraza sigue siendo una hipótesis

La piel permeable permite a los anfibios actuales absorber agua e intercambiar gases, pero también los expone a perder agua corporal en un entorno salado. El estudio propone que la armadura de Gerrothorax limitaba esos intercambios y favorecía una mayor dependencia de las branquias y el aparato digestivo, órganos que podrían haber adquirido tolerancia a la sal.

Su cuerpo pesado y aplanado, junto con la anatomía de la boca y los arcos branquiales, también encaja con un depredador que esperaba en el fondo y capturaba presas por succión, según la explicación de Motani.

La reconstrucción fisiológica tiene límites. SINC señala que no se conservaron tejidos blandos: cómo regulaba la sal y cómo se reproducía siguen siendo cuestiones abiertas. La evidencia sobre su hábitat es más directa que la explicación propuesta para su funcionamiento interno.

La distinción con otros fósiles ayuda a precisar el alcance del hallazgo. Rodrigo Soler-Gijón, paleontólogo del Museo de Historia Natural de Berlín que no participó en el estudio, explicó a SINC que Iberospondylus, encontrado en España, habría ocupado ambientes de transición, como marismas y estuarios.

Para Soler-Gijón, Gerrothorax maritimus aporta la primera evidencia de un temnospóndilo adaptado a una salinidad marina alta y estable. El hallazgo extiende el registro de estos animales hasta una vida permanente mar adentro.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

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