TL;DR:
- El precio del oro se aferra a la barrera psicológica de los 4,000 dólares por onza tras una racha bajista histórica.
- El metal precioso ha perdido un 28% de su valor desde que rozó los 5,595 dólares a finales de enero de 2026.
- La postura estricta de la Reserva Federal y la fuga masiva de fondos cotizados (ETF) aceleran la caída.
El precio del oro cotiza al filo de los 4,000 dólares por onza, extendiendo un severo retroceso que ha borrado aproximadamente el 28% de su valor de mercado desde el máximo histórico de 5,595 dólares registrado a finales de enero de 2026. La cotización de este activo de refugio se encuentra asediada por la firmeza de la Reserva Federal, un dólar fortalecido y la salida incesante de capitales de los fondos cotizados en bolsa (ETF). El quiebre por debajo de esta marca psicológica en junio de 2026, un nivel que el metal no tocaba desde noviembre de 2025, ha transformado el optimismo de inicios de año en una carrera por recortar proyecciones de precios ante el repunte de los rendimientos reales de los bonos estadounidenses.


El efecto Warsh y la presión de las tasas de interés
La principal fuerza detrás de este cambio de rumbo se encuentra en Washington. Bajo la dirección de su presidente, Kevin Warsh, la Reserva Federal ha adoptado una postura de endurecimiento monetario que tomó por sorpresa a los inversionistas. Durante la reunión de política monetaria de junio, nueve de los diecinueve miembros del Comité Federal de Mercado Abierto (FOMC) proyectaron al menos un incremento adicional de las tasas de interés antes de que termine el año.
Aunque en esa reunión el banco central estadounidense mantuvo su rango objetivo para las tasas de interés de referencia entre el 3.50% y el 3.75%, los mercados de futuros no tardaron en reaccionar. Datos obtenidos a través de la herramienta FedWatch de CME revelaron que la probabilidad de un aumento de tasas para enero de 2027 ronda el 60%. Este panorama de dinero más caro eleva los rendimientos reales de los bonos del Tesoro, restándole atractivo al oro, un activo financiero que destaca por su seguridad pero que no paga rendimientos ni dividendos.
Recortes masivos en las proyecciones de Wall Street
El rápido deterioro de las condiciones de mercado obligó a los principales bancos de inversión a meter la tijera a sus estimaciones de precios para el cierre del año. Los analistas ya no ven al metal precioso reconquistando sus glorias recientes a corto plazo y han ajustado sus modelos de valoración para reflejar un panorama mucho más plano:
- ING: Recortó su estimación para el tercer trimestre de 2026 a 4,300 dólares por onza, cuando previamente anticipaba un rebote hasta los 4,850 dólares.
- Goldman Sachs: Redujo su precio objetivo para fin de año desde los 5,400 dólares hasta los 4,900 dólares.
- Deutsche Bank: Aplicó uno de los ajustes más severos al bajar su perspectiva para el cuarto trimestre a 4,800 dólares, una caída drástica frente a su estimación anterior de 6,000 dólares.
Estas correcciones demuestran que el consenso del mercado ha pasado de la euforia alcista a una fase de contención de daños, donde la recuperación del metal dependerá de un cambio de dirección en la retórica de la Reserva Federal que hoy parece lejano.
Fuga de capitales hacia el auge tecnológico y de inteligencia artificial
Además de los factores macroeconómicos, el flujo físico de dinero juega en contra del oro. Según datos de la organización World Gold Council, los fondos cotizados (ETF) respaldados por oro físico sufrieron salidas globales por valor de 8,900 millones de dólares solo durante el mes de junio de 2026. Los productos que cotizan en América del Norte lideraron esta fuga de capitales, acumulando retiros por 5,500 millones de dólares.
El impacto es todavía más evidente si se observa el SPDR Gold Shares ETF, el fondo de oro más grande del mundo, que ha registrado retiros cercanos a los 15,000 millones de dólares desde el pasado 1 de marzo. Gran parte de este capital especulativo, que antes se refugiaba en los lingotes ante los temores de inflación, prefiere ahora subirse a la ola del mercado accionario tradicional, seducido por los altos retornos que prometen las empresas ligadas a la inteligencia artificial.
Por si fuera poco, las tensiones geopolíticas han perdido su capacidad habitual para apuntalar la cotización del oro. El anuncio de Irán sobre el cierre del Estrecho de Ormuz el 20 de junio, motivado por las operaciones militares de Israel en el Líbano, fue rápidamente desmentido por el ejército de Estados Unidos. Aunque Reuters reportó que el tráfico de buques cisterna en la zona disminuyó a su nivel más bajo en dos meses debido a hostilidades intermitentes, el conflicto no generó las compras de pánico que solían caracterizar al mercado de materias primas en tiempos de crisis.
A pesar de la caída, analistas de firmas financieras con sede en Singapur señalan que el oro cuenta con una base de soporte sólida justo por debajo de los 3,900 dólares, gracias a las compras estratégicas que continúan realizando diversos bancos centrales del mundo. Mientras el dinero institucional de largo plazo sigue acumulando reservas de forma discreta, el mercado minorista prefiere la cautela. Para muchos operadores que aún confían en la tesis alcista de largo plazo, el descenso actual no es una señal de derrota, sino una oportunidad de compra inmejorable. Como reza una conocida máxima en el mercado físico, la apuesta contra la devaluación de las monedas no ha terminado, simplemente se encuentra en rebaja.