TL;DR:
- El costo global para acceder a una alimentación saludable se incrementó un 25% en el periodo de 2021 a 2026.
- Unos 2,690 millones de personas en el mundo no pueden pagar comida nutritiva, lo que equivale a casi un tercio de la población mundial.
- Mantener un menú saludable promedio requiere hoy un gasto diario de 4.28 dólares por persona.
Comer sano es hoy un privilegio inalcanzable para casi una de cada tres personas en el mundo. El costo promedio de mantener una alimentación saludable se disparó un 25% desde 2021, un aumento acumulado en cinco años que ha dejado fuera del acceso a nutrientes esenciales a 2,690 millones de personas. Los datos forman parte de un adelanto del informe anual sobre seguridad alimentaria mundial que presentará la Organización de las Naciones Unidas para la Alimentación y la Agricultura (FAO) la próxima semana.

El precio diario de los nutrientes frente a la pobreza extrema
El economista jefe de la FAO, Máximo Torero Cullen, detalló que el costo promedio global para acceder a una dieta saludable se ubica actualmente en 4.28 dólares diarios por persona (calculado en paridad de poder adquisitivo). Este indicador enciende las alarmas de los organismos de desarrollo debido a que supera el umbral de la pobreza extrema, estimado en 3 dólares diarios por el Banco Mundial. Como resultado directo de esta brecha de precios, el 33% de los habitantes del planeta se ve obligado a excluir de su plato los alimentos de calidad necesarios para una nutrición equilibrada.
Este diagnóstico estructural forma parte del informe El estado de la seguridad alimentaria y la nutrición en el mundo (SOFI 2026), que se presentará de manera oficial el 21 de julio de 2026 en la sede de la FAO en Roma. Bajo el enfoque de entender y resolver el alto costo de una dieta nutritiva, el reporte analiza el mayor obstáculo actual para alcanzar el objetivo de erradicar el hambre global programado para el año 2030.
El costo real no está en el campo, sino en el trayecto
El análisis de la FAO subraya una paradoja: el reto central de la seguridad alimentaria contemporánea no consiste en producir un mayor volumen de calorías, sino en lograr que los alimentos ricos en nutrientes resulten accesibles para el bolsillo de las familias. La distribución del valor de los productos muestra un fuerte desequilibrio entre su aporte calórico y su precio de venta:
- Alimentos básicos: Proveen casi la mitad de las calorías diarias requeridas, pero su precio equivale a solo el 13% del costo total de una dieta sana.
- Frutas y verduras: Aportan apenas el 5% de las calorías totales del menú diario, pero absorben el 16% de su costo.
- Alimentos de origen animal: Representan el bloque más caro de la alimentación saludable, alcanzando casi el 30% del gasto total diario.
La mayor parte del incremento en los precios se genera lejos de las tierras de cultivo. Según la FAO, entre el 70% y el 75% del costo final de una dieta nutritiva se acumula en los procesos posteriores a la cosecha, es decir, durante el almacenamiento, el transporte, el procesamiento industrial y la intermediación en los mercados mayoristas.
Debido a esto, la FAO insiste en reestructurar las políticas de apoyo alimentario. La inversión pública en infraestructura específica (como carreteras rurales secundarias, sistemas de cadena de frío y canales de distribución eficientes para frutas y hortalizas) logra reducciones de costos mucho más significativas que los subsidios generalizados. De hecho, el informe advierte que concentrar los subsidios estatales exclusivamente en los granos básicos puede generar un efecto adverso, elevando de forma indirecta el costo relativo de los alimentos frescos.
Fertilizantes y energía: las amenazas que encarecen la producción
La presión sobre la cadena global de suministro agrícola sigue sumando desafíos. La FAO advirtió sobre la de escasez de azufre, un elemento esencial para la fabricación de fertilizantes fosfatados, combinada con la reducción en la demanda de urea, lo que apunta a que los agricultores están limitando la compra de insumos técnicos debido a sus altos costos. Esta tendencia, sumada a los elevados precios del gas natural, amenaza con reducir el rendimiento de los cultivos en los próximos ciclos agrícolas.
Aunque el informe SOFI de 2025 reportó una leve disminución en los índices de hambre a nivel global durante 2024 (afectando a unos 673 millones de personas), las cifras estimadas para 2026 demuestran que el encarecimiento de los alimentos impide consolidar los avances. La imposibilidad de pagar comida saludable perpetúa la desnutrición en las poblaciones vulnerables y acelera las tasas de sobrepeso en otras comunidades.
"El costo de una dieta saludable no es simplemente otra estadística", señaló Torero Cullen durante una sesión informativa en la sede de la ONU en Nueva York. "Es un diagnóstico muy importante que necesitamos resolver si queremos minimizar esta enorme cantidad de costos ocultos y el enorme número de muertes que ocurren como resultado del sobrepeso y la obesidad".
La próxima presentación del informe en Roma colocará a las políticas de transporte y logística agrícola en el centro del debate económico. Sin cambios estructurales en la distribución y el almacenamiento de los alimentos, la posibilidad de alimentarse de manera saludable seguirá alejándose de la realidad económica de miles de millones de personas.