TL;DR:
- Un reportaje de The New York Times documentó cómo La Habana funciona con triciclos eléctricos, paneles solares, baterías y generadores artesanales.
- Los apagones superan las 20 horas diarias y Reuters reportó tres colapsos del sistema eléctrico cubano en nueve días durante julio.
- Las soluciones ciudadanas reducen algunos efectos inmediatos, pero no sustituyen el combustible ni resuelven la fragilidad de la red nacional.
Cuba enfrenta una crisis energética que ya alteró la forma en que sus habitantes se transportan, conservan alimentos y mantienen encendidos los aparatos básicos. Un reportaje de The New York Times, realizado durante una semana en La Habana, documentó cómo la población recurre a triciclos eléctricos, paneles solares, baterías de litio y generadores improvisados mientras los apagones superan las 20 horas diarias.
La presión de la administración de Donald Trump sobre los envíos de petróleo agravó una red eléctrica envejecida y con años de mantenimiento insuficiente. La adaptación de los ciudadanos permite sostener algunas actividades, pero el sistema nacional continúa expuesto a fallas y cortes prolongados.
El trabajo periodístico fue realizado por Jack Nicas junto al videoperiodista Alex Pena, con fotografías de Lisette Poole González, de acuerdo con una reseña publicada por CiberCuba. La conclusión no apunta a una recuperación: describe una sociedad que intenta funcionar al margen de la red eléctrica y del combustible convencional.
En las calles de La Habana, los reporteros encontraron triciclos eléctricos y motonetas de fabricación china equipados en algunos casos con paneles solares en el techo. Estos vehículos pueden recargarse sin depender por completo del suministro eléctrico estatal.
La misma lógica aparece dentro de las viviendas. Algunas familias utilizan baterías de litio para mantener encendidos televisores y ventiladores durante los cortes, mientras otras instalan paneles solares en los techos o recurren a generadores artesanales que funcionan con gas natural.

La red eléctrica colapsa mientras la vida diaria se electrifica por necesidad
El problema dejó de ser una interrupción ocasional. El 14 de julio de 2026, Reuters informó que el sistema eléctrico cubano sufrió su tercer gran apagón en nueve días. El Ministerio de Energía comunicó una desconexión total de la red en una isla con aproximadamente 10 millones de habitantes.
La caída dejó fuera de servicio semáforos y obligó a los habitantes de La Habana a depender del sonido de generadores. La agencia también reportó protestas nocturnas en las que vecinos golpearon ollas y sartenes para expresar su frustración por la duración de los cortes.
La escasez de combustible está relacionada con la presión de Washington sobre los proveedores de Cuba. Venezuela había sido una de las principales fuentes de petróleo de la isla y, posteriormente, México detuvo sus envíos, según Reuters. La medida complicó el suministro de una red que ya arrastraba problemas técnicos y falta de mantenimiento.
En mayo, el ministro cubano de Energía y Minas, Vicente de la O Levy, describió el estado de las reservas en términos contundentes:
“No tenemos absolutamente nada de combustóleo y absolutamente nada de diésel”.
The Guardian reportó entonces que algunos apagones duraban 22 horas o más. El funcionario explicó que la red operaba con crudo nacional, gas natural y fuentes renovables después de que se agotara el combustible de un petrolero ruso que había llegado a la isla.
La energía solar tampoco ofrece una salida inmediata. Cuba instaló 1,300 megavatios de capacidad solar durante los dos años anteriores, pero la inestabilidad de la red reduce su aprovechamiento. También faltan baterías para almacenar electricidad y utilizarla durante la noche o cuando las nubes reducen la generación.
Las soluciones ciudadanas tienen límites concretos
El reportaje del Times muestra varias respuestas que permiten a los cubanos conservar una parte de sus actividades diarias:
- Triciclos eléctricos y motonetas con paneles solares para reducir el consumo de combustible.
- Baterías de litio para mantener ventiladores, televisores y otros aparatos encendidos durante los apagones.
- Generadores artesanales que funcionan con gas natural.
- Paneles solares instalados en viviendas particulares.
- Centros solares comunitarios en provincias como Guantánamo.
- Un sistema experimental de almacenamiento en baterías instalado en El Cotorro, en La Habana.
Estas medidas ayudan a cubrir necesidades puntuales, pero no pueden reemplazar la generación necesaria para abastecer hospitales, transporte, comercios y hogares en todo el país. Una batería puede mantener encendido un ventilador durante algunas horas; no puede sostener por sí sola una red nacional deteriorada.
Ahí está la diferencia entre resistir y resolver. Los hogares cubanos han creado pequeñas islas de energía para sobrellevar los cortes, mientras el sistema eléctrico sigue dependiendo de combustible importado, plantas antiguas y una infraestructura vulnerable.
Para México y el resto de América Latina, el caso también muestra el alcance regional de las sanciones secundarias y de las decisiones sobre el suministro de petróleo. Cuando los proveedores dejan de enviar combustible, el impacto llega a la electricidad, el transporte y los servicios básicos de una población entera.
La Habana encontró formas de ganar algunas horas de luz y movilidad, pero esas soluciones son parches construidos desde abajo. Los paneles solares y las baterías ayudan a sobrevivir el apagón; no sustituyen el combustible, el mantenimiento ni una red eléctrica estable.