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China quiere golpear un asteroide a Mach 26, pero su blanco ya cambió tres veces

La CNSA prepara un impacto a más de 9 km/s antes de 2030. El blanco más reciente ya no es 2015 XF261 sino 2016 WP8.

por Alejandro Castillo Leone
A vivid depiction of Earth and its moon in space, showcasing rich detail and vibrant colors.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • China alista su primera misión de defensa planetaria con dos naves: una observa el asteroide y la otra se estrella contra él a más de 9 kilómetros por segundo.
  • Es casi 50% más rápido que DART, que impactó a unos 6.1 km/s. A igualdad de masa, eso significa más del doble de energía en el choque.
  • El blanco de los titulares, 2015 XF261, pertenece a una versión previa del plan: desde marzo de 2026 el objetivo señalado es 2016 WP8, con lanzamiento en diciembre de 2027.

China alista la que sería su primera misión de defensa planetaria: estrellar una nave contra un asteroide cercano a la Tierra a más de 9 kilómetros por segundo, unas 26 veces la velocidad del sonido a nivel del mar. El plan viene firmado por un equipo que encabeza Li Mingtao, científico jefe de defensa planetaria de la Administración Nacional del Espacio de China (CNSA), en un artículo todavía en revisión por pares del Journal of Deep Space Exploration que el South China Morning Post reportó el 19 de julio de 2026. El objetivo declarado va más lejos que el de la NASA con DART: no solo empujar la roca, sino cambiar su órbita alrededor del Sol respecto a la Tierra o, en el escenario más agresivo, romper su estructura.

Casi 50% más rápido que DART, y esa diferencia se paga en energía

DART, la misión que en septiembre de 2022 estrelló una nave contra la lunita Dimorphos, viajaba a unos 6.1 km/s en el momento del impacto, alrededor de Mach 19. Suena a un ajuste menor frente a los 9 km/s chinos. No lo es. A igualdad de masa, la energía de un choque crece con el cuadrado de la velocidad, así que el impactador chino llegaría con más del doble de energía cinética que el estadounidense.

Las simulaciones citadas por el Global Times dan el orden de magnitud. Un impactador de 580 kilogramos a unos 9.3 km/s produciría cambios orbitales medibles: según la composición del asteroide y la eficiencia con que transfiera el momento, la desviación acumulada un año después del golpe iría de cientos a miles de kilómetros. Los mismos modelos indican que la roca no supondría un riesgo mayor para la Tierra en una escala de cien años.

El equipo chino marca distancia con la NASA sin rodeos en el propio artículo, según lo citó el South China Morning Post:

"DART fue la primera en demostrar la desviación de un asteroide por impacto cinético en el espacio, pero no cambió directamente la órbita de un asteroide alrededor del Sol respecto a la Tierra, lo que la hace distinta de un escenario real de defensa planetaria"
⚠️
Ningún asteroide conocido lleva rumbo de colisión con la Tierra. Lo dijo Li Mingtao, científico jefe del centro de monitoreo y alerta temprana de asteroides de la CNSA, el 30 de junio de 2026: entre los objetos ya catalogados no hay ninguno en trayectoria de choque. La misión china es un ensayo, no una respuesta a una amenaza.

Dos naves, un rodeo por Venus y una roca que casi nadie ha mirado

La arquitectura tiene dos piezas que despegan juntas y hacen trabajos distintos. Una nave observadora se adelanta, llega meses antes y mide todo lo que puede: forma, rotación, superficie, propiedades físicas. La otra es el proyectil.

Ese orden no es un capricho. Dos asteroides del mismo tamaño pueden reaccionar de maneras opuestas al mismo golpe. Una roca compacta absorbe buena parte de la energía; un montón poroso de fragmentos (lo que los astrónomos llaman una pila de escombros) escupe material al espacio, y ese material funciona como el escape de un cohete: sale disparado hacia un lado y empuja al asteroide hacia el contrario. Sin conocer masa, densidad y cohesión antes del impacto, nadie puede anticipar cuánto se moverá la piedra.

Del blanco se sabe poco, y ahí está el otro problema. 2015 XF261, el asteroide que aparece en el artículo académico, mide unos 30 metros, completa una vuelta al Sol cada 359.7 días y solo ha sido observado 74 veces desde su descubrimiento. Es tan tenue que su tamaño exacto, su forma, su composición y su rotación siguen sin estar bien determinados.

Y falta la exigencia técnica que casi nadie menciona: a millones de kilómetros, con retrasos de comunicación de minutos, el impactador tiene que localizar por sí solo un objeto de decenas de metros entre un campo de estrellas y decidir dónde pegarle. En autónomo, sin nadie corrigiendo el tiro desde tierra.

Ilustración de un asteroide rocoso iluminado por el Sol sobre un fondo estrellado
Imagen conceptual: los asteroides de decenas de metros son los más difíciles de detectar porque brillan muy poco · Foto de Zelch Csaba en Pexels

El asteroide de los titulares ya no es el de la misión

Aquí es donde la cobertura internacional se quedó a medio camino. 2015 XF261 domina los encabezados de esta semana porque es el nombre que aparece en el artículo en revisión, pero describe una versión anterior del proyecto.

En marzo de 2026, Long Lehao, veterano diseñador de los cohetes Larga Marcha y funcionario de la corporación estatal CASC, mostró una diapositiva en la conferencia de la industria aeroespacial comercial de Shenzhen con un objetivo distinto: 2016 WP8. SpaceNews, que reportó la diapositiva, aclaró que no es una declaración oficial, aunque sí una actualización probablemente autorizada y coherente con los perfiles de misión anteriores.

El calendario que acompañaba a esa lámina es lo más concreto que existe hoy:

  • Lanzamiento en diciembre de 2027 desde el centro de Xichang, a bordo de un Larga Marcha 3B.
  • La nave observadora pasa por Venus para tomar impulso y llega al asteroide a principios de 2029.
  • El impactador golpea ese mismo año a cerca de 10 km/s, algo por encima de los más de 9 km/s que maneja el artículo académico.

2016 WP8 pertenece al grupo Atón: cruza la órbita terrestre, pero pasa la mayor parte del tiempo por dentro de ella. Lo hace con una inclinación de 13.3 grados y su brillo sugiere un diámetro que difícilmente supera los 40 metros, tampoco medido con precisión.

Y no es el primer cambio. Antes estuvieron 2020 PN1 y 2019 VL5, y después 2015 XF261. Elegir blanco para una prueba así obliga a encajar varias condiciones a la vez: que el cohete disponible alcance, que la roca pase lo bastante cerca para medir el resultado desde la Tierra, que haya ventanas de observación posteriores y, sobre todo, que el golpe no la convierta en un problema. La fuente citada por el Global Times deja la puerta abierta: el objetivo todavía puede ajustarse porque el proyecto sigue en fase de simulación y estudio de viabilidad.

Lo difícil no es pegarle: es encontrar la piedra a tiempo

El 30 de junio de 2026, la CNSA anunció que China construirá un sistema coordinado de vigilancia de asteroides cercanos con telescopios en tierra y satélites en órbita. Ese anuncio y la misión de impacto son la misma política vista desde dos ángulos: de nada sirve saber desviar una roca si te enteras tarde.

Los números que dio Li Mingtao al diario estatal Science and Technology Daily explican el hueco. Más del 95% de los asteroides cercanos de más de un kilómetro, los capaces de provocar una catástrofe global, ya están identificados. De los de unos 140 metros, suficientes para arrasar un país pequeño, apenas se ha localizado alrededor del 45%. Li lo planteó así:

"Estos asteroides cercanos aún no descubiertos son los que representan el mayor riesgo. Son numerosos, muy tenues antes de su acercamiento e incluso pueden aparecer de repente desde la dirección del Sol"

Los objetos de menos de 10 metros se desintegran al entrar en la atmósfera. Los de decenas de metros son la categoría incómoda: abundantes, oscuros y con capacidad de destrucción regional. Por eso China quiere ensayar contra una roca pequeña en lugar de repetir el escenario cómodo de un sistema binario bien caracterizado.

China tampoco juega sola. La sonda Hera de la Agencia Espacial Europea, lanzada en octubre de 2024, llega este año al sistema Didymos para examinar de cerca el cráter que dejó DART, y la misión china Tianwen-2 aportará datos del cuasisatélite Kamoʻoalewa que alimentarán el diseño del impacto. Lo que se decide en los próximos tres años no es si la humanidad puede empujar un asteroide, eso quedó demostrado en 2022, sino si puede hacerlo contra un blanco chico, mal medido y navegando sola. Esa es la prueba que de verdad se parece a una emergencia.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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