La American Heart Association (AHA) y otras tres sociedades médicas de Estados Unidos publicaron el 26 de octubre de 2026 un marco conjunto para prevenir y atender las enfermedades cardiovasculares en niñas y mujeres. La propuesta conecta la historia menstrual y los embarazos con la evaluación cardiovascular, desde la pubertad hasta la posmenopausia.
La serie apareció en Circulation y reúne a la AHA, la American Academy of Pediatrics, el American College of Obstetricians and Gynecologists y la Society for Maternal-Fetal Medicine. Sus tres documentos abordan el marco por etapas, la orientación clínica de consenso y la organización de centros especializados.
Del embarazo al seguimiento de largo plazo
La hipertensión durante el embarazo, la preeclampsia, la diabetes gestacional y el parto prematuro figuran entre los antecedentes asociados con mayor riesgo cardiovascular posterior. El resumen clínico de la AHA pide registrarlos y definir la transición de obstetricia a atención primaria, con una evaluación cardiovascular, renal y metabólica después del parto.
La distancia entre reconocer el riesgo y atenderlo aparece en un dato del comunicado: solo alrededor del 60 % de las mujeres estadounidenses con complicaciones hipertensivas del embarazo reciben seguimiento de su presión arterial durante los seis meses posteriores al parto. La propuesta busca que esos antecedentes acompañen a la paciente cuando cambia de especialista.
Cuatro etapas que complementan la evaluación habitual
El marco organiza la atención alrededor de cuatro transiciones biológicas:
- La perimenarquia comprende la transición alrededor de la primera menstruación.
- La etapa de ciclos ováricos abarca los años de actividad cíclica hormonal y reproductiva.
- La perimenopausia corresponde a la transición hacia la menopausia, con cambios hormonales y en los ciclos.
- La posmenopausia comprende los años posteriores a la menopausia.
El embarazo se considera un periodo que puede atravesar distintas etapas. El consenso aclara que el paso entre ellas depende de más factores que la edad cronológica y requiere atención individualizada. Esta clasificación complementa la evaluación habitual de los factores de riesgo cardiovascular.
Historias clínicas que sigan a la paciente
La orientación clínica propone documentar los patrones menstruales, evaluar la salud hormonal y psicosocial y establecer criterios claros de derivación. También pide historias clínicas electrónicas estructuradas y responsabilidades definidas cuando la atención pasa de una especialidad a otra.
Son documentos de consenso y orientación científica. Su publicación no demuestra por sí sola que el modelo reduzca los infartos: el resumen del marco reclama investigación para traducirlo en mejores resultados y señala la insuficiente representación de las mujeres en los estudios cardiovasculares.
Las sociedades también plantean una red nacional de centros de atención cardiovascular femenina en Estados Unidos, con atención interdisciplinaria, formación profesional, investigación y participación comunitaria. El cambio propuesto exige que la información recogida en una consulta siga siendo útil en la siguiente.