En un estudio de 15,049 adultos del Reino Unido, 69.5% respondió que recordaba al menos un abrazo por su efecto emocional positivo. Entre quienes dieron una razón para ese recuerdo, el consuelo fue la respuesta más frecuente. El análisis, publicado el 28 de octubre de 2026 en PLOS One, relaciona esos recuerdos con diferencias en empatía y percepción del cuerpo, pero la frecuencia habitual de recibir abrazos o besos no mostró una asociación significativa.
Qué preguntó realmente la encuesta
El equipo encabezado por Anna Lena Dueren analizó respuestas del Touch Test, una encuesta sobre el contacto físico realizada entre enero y marzo de 2020. La primera pregunta era si la persona recordaba un abrazo por el efecto emocional positivo que había tenido. Solo a quienes contestaban que sí se les pedía elegir el motivo principal entre opciones como consuelo, apoyo, comprensión, felicidad y excitación.
Por eso, el 69.5% corresponde a quienes recordaron al menos un abrazo positivo, no al porcentaje de abrazos que resultan agradables. El consuelo encabezó las razones elegidas y la excitación fue la menos frecuente. En esa última categoría, los hombres respondieron más a menudo que las mujeres, aunque los autores advierten que participaron menos hombres en la comparación.
Abrazar más no explicó quién recordaba uno
Quienes solían saludar con un abrazo a familiares y amistades tuvieron mayor probabilidad de recordar un abrazo positivo. También aparecieron asociaciones con las medidas de empatía, la percepción del propio cuerpo en relación con el tacto y la ansiedad ante la separación en vínculos cercanos. La incomodidad con los abrazos y la tendencia a evitar la cercanía se relacionaron con una menor probabilidad de ese recuerdo.
El resultado fue distinto para la frecuencia cotidiana: la respuesta a si la persona recibía un abrazo o un beso la mayoría de los días no predijo de forma significativa el recuerdo positivo en el modelo estadístico. Esa pregunta mezclaba dos gestos, de modo que tampoco permite aislar la frecuencia de los abrazos. Las asociaciones detectadas para los demás factores fueron pequeñas, según el artículo.
Lo que falta para entender un abrazo concreto
La muestra fue voluntaria y estuvo integrada en cerca de 75% por mujeres. El análisis se limitó a adultos del Reino Unido que no declararon discapacidades, afecciones de larga duración ni otras limitaciones. El estudio observó respuestas en un solo momento: no puede establecer que la empatía o una forma de apego causen recuerdos más intensos.
Tampoco registró quién había dado el abrazo ni en qué situación ocurrió. Esa ausencia importa para la pregunta que plantean los resultados: las características de quien lo recuerda muestran asociaciones, pero todavía falta medir cómo influyen la relación y el contexto de cada encuentro.