Saltar al contenido

1,122 empleados de OpenAI, Anthropic, Google y Meta piden a EE. UU. marcar el ritmo de la IA

La carta Pacing the Frontier reúne a jefes científicos de OpenAI, Anthropic y Meta ante Washington

por Dilis Salazar
Stunning photo of the United States Capitol under a clear blue sky, showcasing neoclassical architecture.
Foto de Simon Gagner en Pexels

TL;DR:

  • Empleados de casi una docena de laboratorios firmaron una carta pública que le pide al gobierno estadounidense apoyar un esfuerzo internacional para poder pausar el avance de la IA cuando haga falta.
  • El documento, titulado "Pacing the Frontier", acumula 1,122 firmas verificadas con correo corporativo y 64 comentarios personales.
  • Firmaron los máximos responsables científicos de OpenAI, Anthropic y Meta, además del cofundador de Anthropic Jack Clark y la vicepresidenta de seguridad de IA de Google.

Un total de 1,122 empleados de las principales empresas de inteligencia artificial firmaron una carta pública que le pide al gobierno de Estados Unidos algo poco común viniendo desde adentro: que ayude a construir las herramientas para decidir a qué velocidad avanza la tecnología que ellos mismos fabrican. El documento se llama "Pacing the Frontier" y se publicó este martes 28 de julio de 2026, horas después de que Bloomberg revelara que la petición circulaba entre las plantillas. Entre las firmas aparecen Jakub Pachocki, jefe científico de OpenAI; Jared Kaplan, cofundador y director científico de Anthropic; Shengjia Zhao, jefe científico de Meta, y John Schulman, hoy en Thinking Machines. La carta no pide detener nada hoy. Pide que exista la opción de hacerlo mañana.

Pacing the Frontier es una declaración pública firmada por trabajadores de empresas de IA de frontera que le solicita a Washington encabezar la creación de mecanismos internacionales para regular la velocidad del desarrollo. El texto central cabe en una línea: los firmantes solicitan que el gobierno estadounidense "apoye un esfuerzo internacional para desarrollar las herramientas técnicas y de gobernanza necesarias para marcar deliberadamente el ritmo de la frontera del desarrollo automatizado de la IA".

El argumento no es el apocalipsis, es la trampa competitiva

La declaración parte de una premisa que los propios laboratorios repiten en sus reportes: creen estar cerca de automatizar la investigación en IA, es decir, de que los modelos mejoren a otros modelos sin humanos de por medio. De ahí sale el diagnóstico. El texto advierte que existe "un riesgo real" de que las capacidades se aceleren más allá de la posibilidad de entender o controlar los sistemas resultantes.

Lo que sigue es la parte más incómoda del documento, y también la más honesta. Los firmantes reconocen que ninguna empresa puede frenar sola:

  • Cada compañía y cada país opera bajo presión competitiva para no desacelerar de forma unilateral.
  • Hoy el mundo carece de las herramientas técnicas y de gobernanza para pausar el avance de toda la frontera a la vez.
  • La industria, los gobiernos y la sociedad podrían necesitar la opción de comprar tiempo para atender riesgos, desarrollar medidas de seguridad y reforzar la supervisión.

Traducido: nadie levanta el pie porque el de al lado no lo va a levantar. La carta le pide al Estado que construya el mecanismo que el mercado no puede darse a sí mismo.

Fachada del Capitolio de Estados Unidos vista desde el exterior en un día despejado
Imagen ilustrativa: la carta le pide a Washington encabezar el esfuerzo internacional. · Foto de Simon Gagner en Pexels

Los nombres pesan más que la cifra

Mil firmas se juntan en cualquier lado. Estas no. La lista pública incluye a Mark Chen, director de investigación de OpenAI; Jack Clark, cofundador y responsable de beneficio público de Anthropic; Anca Dragan, vicepresidenta de seguridad y alineamiento de IA en Google; Dawn Song, vicepresidenta de investigación en Meta; Chris Olah, Benjamin Mann, Jan Leike y Mike Krieger, todos de Anthropic, y Wojciech Zaremba, responsable de resiliencia en la fundación de OpenAI. La organización corrió a cargo de dos asociaciones sin fines de lucro independientes, Guidelight AI Standards y Encode AI, y para validar una firma hay que usar el correo corporativo o acreditar el empleo de otra forma.

Los 64 comentarios personales que acompañan a la carta muestran que ni siquiera los firmantes coinciden en el remedio. Schulman le puso condiciones a su apoyo:

"Firmé porque esta declaración ayuda a establecer conocimiento común sobre la posible necesidad de mecanismos de coordinación conforme la investigación automatizada en IA acelera el progreso. También me gustaría ver que los laboratorios empiecen a diseñar estos mecanismos de manera voluntaria, incluso antes de que el gobierno de Estados Unidos se involucre."

Joshua Achiam, de OpenAI, fue todavía más cauto y dejó por escrito su desconfianza hacia el instrumento que estaba firmando:

"No sé qué forma deberían tomar esas herramientas, ni si la I+D automatizada en IA es lo correcto o lo único cuya comprensión y posible regulación de ritmo debería reforzar el gobierno de Estados Unidos, pero vale la pena considerarlo en serio; aun así, espero que esas herramientas de gobernanza no sean expansivas ni excesivas."
⚠️
Las firmas y los comentarios de Pacing the Frontier son a título personal: el propio sitio aclara que no representan necesariamente la postura de ninguna empresa. Cuando Bloomberg reporteó la petición, ni OpenAI ni Anthropic respondieron a su solicitud de comentarios.

Dos cartas en cinco días, y Meta aparece en ambas

Aquí está el detalle que ordena la semana. El 24 de julio, veinticinco empresas y organizaciones firmaron "Open Weights and American AI Leadership" para pedirle a Washington exactamente lo contrario: que no imponga restricciones a los modelos de pesos abiertos. Entre ellas, Nvidia, Microsoft y Meta. OpenAI, Anthropic y Google no la firmaron.

Pesos abiertos: Nvidia y Meta presionan a EE. UU.
Nvidia, Microsoft, Meta y otras 22 firmas piden a EE. UU. no restringir los modelos de IA de pesos abiertos.

Cuatro días después, el jefe científico de Meta y su vicepresidenta de investigación firmaron la carta que le pide al gobierno herramientas para frenar. No es una contradicción de la empresa, porque una carta la firmó la corporación y la otra la firmaron personas a título individual. Es algo más interesante: la línea de fractura de la industria ya no separa a una compañía de otra, sino a los departamentos legales de los laboratorios de investigación que trabajan en el mismo edificio.

El detonante llegó unos días antes. OpenAI reconoció que sus modelos más avanzados se salieron de un entorno de pruebas y entraron a la infraestructura de Hugging Face durante una evaluación de capacidades ofensivas, un episodio que la compañía calificó de inédito y que reactivó la discusión regulatoria en Washington. En el Congreso ya hay movimiento: el representante demócrata Ted Lieu presentó el 23 de julio un proyecto de ley para que Estados Unidos pueda apagar los modelos más potentes.

Del otro lado ven captura regulatoria, no prudencia

La reacción crítica no tardó y viene del flanco liberal. Adam Thierer, investigador sénior del R Street Institute, escribió que los dos laboratorios líderes de Estados Unidos son libres de recortar su propio gasto en cómputo, pero que pedirle al gobierno que promueva restricciones globales de ritmo para todo el sector es otra cosa:

"Pedir un guardián global para la IA que paralice toda la capacidad computacional de nuestra nación tiene efectos anticompetitivos obvios (especialmente para el código abierto), lo que vuelve todavía más creíbles los temores de captura regulatoria."

Su segundo argumento es geopolítico: un acuerdo internacional de ritmo no obligaría a China ni a otros actores, y dejaría a Estados Unidos más expuesto. La carta, por su parte, no responde esa objeción con un mecanismo concreto, porque no propone ninguno. Pide que se construya.

Qué se juega el lector hispanohablante en una decisión que se toma en Washington

Ni España ni América Latina aparecen en esta conversación, y ese es justamente el punto. La petición no va dirigida a la ONU ni a la Unión Europea: le pide al gobierno estadounidense que encabece el esfuerzo. Las reglas sobre la velocidad de la IA se negociarían entre Washington y un puñado de capitales, y el resto del mundo las heredaría ya escritas.

No es una hipótesis. El 12 de junio de 2026, según reportó Bloomberg, el Departamento de Comercio le impuso a Anthropic un control de exportación mediante una carta privada que la obligaba a conseguir autorización antes de permitir el acceso de cualquier ciudadano extranjero, sin importar dónde estuviera, a sus modelos Mythos 5 y Fable 5. Como la empresa no podía filtrar por nacionalidad en tiempo real, apagó ambos modelos para todo el mundo. El acceso global se restableció el 1 de julio. Un desarrollador de Guadalajara, un despacho de Bogotá y una universidad de Valencia perdieron la herramienta durante casi tres semanas sin haber participado en ninguna discusión.

Cualquier mecanismo de "pacing" funcionaría con la misma lógica: se decide allá, se aplica acá.

Preguntas rápidas sobre la carta Pacing the Frontier

¿Qué pide exactamente la carta Pacing the Frontier?

Le pide al gobierno de Estados Unidos apoyar un esfuerzo internacional para desarrollar las herramientas técnicas y de gobernanza que permitan marcar deliberadamente el ritmo del desarrollo automatizado de la IA. No exige detener ningún modelo ni fija plazos: reclama que exista la capacidad de frenar si llega a hacer falta.

¿Cuántas personas firmaron la carta y de qué empresas?

El sitio oficial contabiliza 1,122 empleados de empresas de IA de frontera. Según Bloomberg Law, las firmas provienen de casi una docena de compañías, entre ellas OpenAI, Anthropic, Google y Meta. Para validar una firma hay que usar el correo corporativo o acreditar el empleo de otra manera.

¿Significa que OpenAI y Anthropic van a frenar sus modelos?

No. Las firmas y los comentarios son a título personal y el propio documento aclara que no representan la postura de ninguna empresa. Cuando Bloomberg reporteó la petición antes de su publicación, ni OpenAI ni Anthropic respondieron a la solicitud de comentarios sobre el tema.

Washington todavía no dice nada, y la carta es formalmente eso, una carta. Su peso está en quién la firma: los mismos investigadores que construyen los modelos de frontera dejaron por escrito, con nombre, cargo y correo corporativo, que la industria no puede desacelerar por su cuenta. La próxima vez que un laboratorio explique por qué le resulta imposible ir más despacio, tendrá que responderle a 1,122 de sus propios empleados.

Fuentes: 1, 2

Dilis Salazar imagen de perfil
por Dilis Salazar

Suscríbete GRATIS

Recibe las noticias más importantes de política, tecnología, negocios, deportes, entretenimiento y cultura directamente en tu correo.

¡Listo! Revisa tu correo

Para completar la suscripción, haz clic en el enlace de confirmación que enviamos a tu correo. Si no llega en 3 minutos, revisa tu carpeta de spam.

Ok, gracias

Leer más de Tecnología y Ciencia