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El síndrome de los nuevos ricos de la IA ya tenía nombre, negocio y escépticos en el año 2000

Bloomberg atribuyó el 11 de septiembre de 2026 a los nuevos ricos de la tecnología el síndrome de riqueza súbita. El término no nació con la IA: dos terapeutas de Kentfield, California, lo usaban con sus pacientes en el boom de las puntocom y en el año 2000 ya cobraban por atenderlo.

por Patricia Rodriguez
A moody silhouette of a man staring out an open window, evoking solitude.
Foto de Nothing Ahead en Pexels

Bloomberg publicó el 11 de septiembre de 2026 un reportaje sobre los nuevos ricos de la tecnología y el llamado síndrome de riqueza súbita, con una oferta creciente de servicios para fundadores que acaban de vender su empresa. El caso que abre la pieza es el de Anastasia Koroleva, exabogada de fusiones y adquisiciones en Skadden Arps, que vendió junto a su esposo una startup de software por nueve cifras, cobrada en efectivo el primer día y sin condiciones posteriores; después vinieron años de malestar y un divorcio. La etiqueta, sin embargo, no nació con la inteligencia artificial. Dos terapeutas de Kentfield, California, empezaron a usarla con sus pacientes durante el boom de las puntocom, abrieron hacia 1997 un instituto para atenderla y en el año 2000 ya cobraban por ese servicio, entre burlas de otros colegas.

Dos terapeutas, un administrador y una oficina en el condado de Marin

Stephen Goldbart y Joan DiFuria fundaron el Money Meaning and Choices Institute en Kentfield, California, justo al norte de Silicon Valley. Cuando la revista MONEY los perfiló en su edición del 1 de mayo de 2000, el instituto llevaba unos tres años abierto y atendía a varias decenas de clientes. Cerca de la mitad mostraba lo que ambos habían empezado a llamar síndrome de riqueza súbita.

Goldbart describía entonces un paciente tipo bastante concreto: hombre, menor de 40 años y a menudo empleado de una puntocom. Su definición del cuadro tampoco salió de un manual clínico, sino de su consultorio: alguien que acababa de vivir un evento de riqueza súbita y había terminado con confusión y problemas.

El instituto completo eran ellos dos y un administrador, en una suite apretada del condado de Marin. La revista recogió además a los escépticos. William Sahlman, profesor de emprendimiento en Harvard Business School, decía no haber sabido de nada malo que les hubiera ocurrido a los numerosos empresarios que había visto enriquecerse en la década anterior. Brian Herr, directivo de Ariba, una empresa cuya acción se había multiplicado por veinte desde el verano previo, fue más tajante: “Esto pertenece claramente al archivo de ideas locas”. El propio Goldbart admitió que otros terapeutas se burlaban del asunto.

Las señales que publicaron en abril de 2000

Dos semanas antes de ese perfil, el 17 de abril de 2000, los dos terapeutas hicieron circular por WebMD una lista de siete señales para reconocer cuándo el dinero estaba causando problemas. Entre ellas: sentirse incómodamente distinto de los amigos y no atreverse a contarlo, que la fortuna produjera más culpa que placer, quedarse paralizado ante la decisión de en qué gastarla y temer que desapareciera de la noche a la mañana.

Goldbart agregaba que los recién enriquecidos se sentían cortados de amigos y familia, desconfiaban de sus asesores de inversión y temían criar hijos malcriados, y que a los treinta y tantos entraban en una crisis de identidad porque ya no necesitaban trabajar. Varias de esas señales reaparecen hoy en el relato de los fundadores que acaban de vender.

La tabla siguiente contrasta cómo se documentó el fenómeno en el boom de las puntocom y qué sostiene la cobertura del 11 de septiembre de 2026.

El síndrome de riqueza súbita en el boom puntocom y en la cobertura de septiembre de 2026
Elemento Boom puntocom (1997-2000) Cobertura del 11 de septiembre de 2026
Quién puso el nombre Stephen Goldbart y Joan DiFuria, en su consulta de Kentfield, California Bloomberg usa el mismo término en su titular
Tamaño de quien atendía Dos terapeutas y un administrador, con varias decenas de clientes Bloomberg describe una oferta post-exit en crecimiento
Perfil descrito Hombre, menor de 40 y a menudo empleado de una puntocom, según Goldbart El caso que abre el reportaje es una fundadora que vendió en nueve cifras
Dudas sobre el servicio Un profesor de Harvard Business School y un directivo de Ariba lo descartaron en MONEY Koroleva dice que coaches, terapeutas y asesores patrimoniales le sirvieron de poco

Qué cambió en 26 años

Koroleva cuenta en su propio sitio que ha vendido cuatro empresas y que la primera salida de nueve cifras, hace unos 15 años, le costó el matrimonio, amistades y millones. Se describe joven, rica y libre, y al mismo tiempo deprimida, confundida y sola. Añade que los recursos habituales, coaches, terapeutas y asesores patrimoniales, le dieron poco alivio, y que al hablar con cientos de fundadores en su misma situación encontró a la mayoría distraída en inversiones movidas por el FOMO o en ocupaciones sin sentido. De ahí salieron sus artículos y el podcast Exit Paradox.

A therapist and client in a modern office setting, engaged in a counseling session.
Imagen ilustrativa: la atención psicológica a los recién enriquecidos se organizó como servicio desde el boom de las puntocom · Foto de Tima Miroshnichenko en Pexels

El elemento que Bloomberg suma es el salto de los sueldos de la inteligencia artificial, que su titular coloca como telón de fondo de esta camada de nuevos ricos. La escala de esos paquetes de compensación ya apareció en nuestra cobertura.

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Entre aquella oficina de Kentfield y el reportaje del 11 de septiembre pasaron 26 años. El nombre del cuadro no cambió, y su origen sigue siendo la consulta de dos terapeutas. Lo que creció, según el propio encuadre de Bloomberg, es el número de servicios que cobran por atenderlo.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Patricia Rodriguez

Patricia Rodriguez es redactora de FomoEra. Cubre tecnología, ciencia, inteligencia artificial, negocios y actualidad digital. También trabaja en escritura y edición de contenido audiovisual.

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