TL;DR:
- Un equipo científico descifró la firma de un astrónomo del periodo Clásico maya en los muros de las ruinas de Xultún, en Guatemala.
- El intelectual, llamado Sak Tahn Waax ("Zorro de pecho blanco"), plasmó su firma junto a una compleja fórmula en el año 781 d.C.
- El descubrimiento rompe con siglos de anonimato para los científicos de las Américas y los sitúa junto a figuras históricas occidentales.
Por primera vez en la arqueología de Mesoamérica, un equipo científico logró identificar por su nombre propio a un astrónomo y matemático del periodo Clásico maya. El hallazgo, publicado en la revista académica Antiquity, revela que el creador de una compleja fórmula calendárica trazada en los muros de la antigua ciudad de Xultún, en Guatemala, se llamaba Sak Tahn Waax, traducido como “Zorro de pecho blanco”. Este avance rompe el anonimato histórico de los científicos prehispánicos, vinculando directamente una autoría intelectual a un individuo específico. El descubrimiento demuestra que el registro de los científicos americanos de la antigüedad comparte el mismo rigor individual que el de figuras como Pitágoras o Galileo en el Viejo Mundo.


El pizarrón de una oficina abandonada en el año 781
La historia de este desciframiento comenzó en 2010. En aquel año, un estudiante que inspeccionaba un túnel de saqueo en las ruinas de Xultún, una urbe arqueológica situada a unos 40 kilómetros al noreste de Tikal, avistó una pequeña habitación rectangular conocida formalmente como la Estructura 10K-2. En sus paredes se conservaban murales de escribas reales y más de 50 pequeños escritos matemáticos conocidos como microtextos.
Casi tres lustros después, el uso de tecnología digital permitió dar un paso gigantesco. Franco Rossi, arqueólogo del Instituto Tecnológico de Massachusetts (MIT) y líder de la investigación, empleó un software especializado de mejora de imagen para descifrar un grupo de 11 jeroglíficos desgastados por el tiempo en la pared este de la cámara.
La clave del misterio estaba en los últimos dos glifos del conjunto, que deletrean la palabra cheheen, cuyo significado se traduce como “así dice”. Justo después de esta fórmula verbal, el autor plasmó su firma personal: Sak Tahn Waax.
De acuerdo con las declaraciones de Rossi a New Scientist, se trata de la primera mención directa de un astrónomo maya ancestral por su nombre propio. Además, representa el nombre registrado más antiguo de cualquier matemático o astrónomo en todo el continente americano.
El arqueólogo y epigrafista de la Universidad de Texas en Austin, David Stuart, quien participó activamente en el análisis de los textos, destacó la sencillez del nombre frente a los ampulosos títulos de la realeza maya. Stuart comparó el espacio de trabajo con un entorno contemporáneo de desarrollo de ideas:
“De una forma muy real, estamos viendo un viejo pizarrón en la oficina abandonada de alguien. Tener un nombre asociado a esto es algo increíble y hace que la ciencia maya aparezca mucho más humana”.
Una fórmula para coordinar los ciclos del cielo
El logro de Sak Tahn Waax no fue menor. Al lado de su firma, los investigadores tradujeron una fórmula que conecta de manera impecable el movimiento de varios cuerpos celestes. El escriba combinó los ciclos orbitales de Venus y Marte para deducir un periodo exacto de 2,920 días, una cifra que equivale matemáticamente a cinco ciclos de Venus al año.
Los científicos determinaron que el cálculo integra no solo a estos dos planetas, sino también al año solar y al tzolk'in, el calendario ritual maya de 260 días. Al hacer el cálculo inverso basándose en las fechas grabadas dentro del muro, el equipo de investigación determinó que la fórmula se escribió en el año 781 d.C.
Para los investigadores, el carácter abstracto de la inscripción resulta fascinante. Heather Hurst, arqueóloga de Skidmore College y directora del Proyecto San Bartolo-Xultún, explicó el asombro del equipo al enfrentarse a este muro:
“No había sustantivos, no había verbos; no estaba narrando un evento histórico. Era pura matemática”.
Estos borradores y tablas de cálculo representan el equivalente prehispánico a encontrar el boceto original de una obra de arte o el manuscrito preliminar de una obra literaria famosa. La precisión era vital en la corte maya, pues estas proyecciones astronómicas servían para agendar ceremonias reales, coronaciones y grandes obras de infraestructura. Al plasmar su nombre al final de la ecuación, Sak Tahn Waax reclamó formalmente su autoría intelectual, una práctica de firma personal que nunca antes se había documentado en la ciencia del periodo Clásico maya.
El fin del anonimato para la ciencia indígena
Hasta ahora, la arqueología había identificado firmas de pintores, escultores y artesanos grabadas en vasijas de cerámica y monumentos de piedra tallada. Sin embargo, los especialistas detrás de los complejos cálculos temporales y las mediciones astronómicas que daban forma al calendario maya siempre habían permanecido bajo la sombra del anonimato.
Este hallazgo cambia las reglas del juego. Anthony Aveni, arqueoastrónomo de la Universidad Colgate que no formó parte del estudio, valoró el hallazgo como uno de los más formidables para entender los alcances reales de la ciencia mesoamericana.
Por su parte, el Ministerio de Cultura y Deportes de Guatemala resaltó la importancia de la publicación. La identificación de Sak Tahn Waax permite situar a los intelectuales indígenas de América en la misma línea de reconocimiento que sus equivalentes del viejo mundo en China, India, Grecia o Irak, civilizaciones que calculaban ciclos planetarios y cuyos logros siempre se han asociado a mentes individuales concretas.
Los trabajos de conservación y análisis en la Estructura 10K-2 continúan activos. El equipo arqueológico sigue procesando el resto de los microtextos grabados en las paredes, con la esperanza de descubrir si otras ecuaciones del recinto también llevan la marca del astuto “Zorro de pecho blanco”.