TL;DR:
- La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) declaró alerta amarilla para la Zona Norte, la vertiente del Caribe y el cantón de Turrialba por el paso de la onda tropical 24 y la zona de convergencia intertropical.
- Hay 220 personas en cinco albergues tras evacuaciones preventivas en comunidades de Sarapiquí y San Carlos, y la cifra podría aumentar en las próximas horas.
- Guácimo reporta inundaciones, un derrumbe que compromete el puente de Guacimito y el cierre del paso en La Perla; el IMN prevé que las lluvias se intensifiquen durante la noche y la madrugada.
La Comisión Nacional de Emergencias (CNE) de Costa Rica declaró alerta amarilla para la Zona Norte, la vertiente del Caribe y el cantón de Turrialba por las fuertes lluvias que dejó el paso de la onda tropical 24, reforzada por la zona de convergencia intertropical. Hasta la tarde del lunes 20 de julio de 2026, las autoridades mantenían a 220 personas en cinco albergues tras evacuaciones preventivas en Sarapiquí y San Carlos, con más familias en proceso de traslado. El presidente de la CNE, Alejandro Picado, advirtió que la saturación de los suelos y el alto nivel de los ríos disparan el riesgo de inundaciones, desbordamientos y deslizamientos.
El detonante no fue solo la lluvia de un día. La onda tropical 24 cayó sobre un terreno ya golpeado: durante julio, Costa Rica encadenó emergencias por las ondas tropicales 19 y 20, que dejaron los suelos saturados en el Caribe y la Zona Norte. Con esa base, bastó un nuevo sistema y la humedad de la zona de convergencia intertropical para volver a llenar albergues.
"Las condiciones podrían intensificarse durante la noche y la madrugada."
Lo advirtió Picado con base en el pronóstico del Instituto Meteorológico Nacional (IMN), que anticipa lo peor del temporal en la transición del lunes al martes.
Qué zonas están bajo alerta y por qué
La CNE concentró la alerta amarilla en tres frentes: la Zona Norte, la vertiente del Caribe y el cantón de Turrialba. Los puntos más golpeados hasta ahora son Sarapiquí, en Heredia, y Turrialba, en Cartago. Picado explicó que es la mezcla de suelos saturados y ríos crecidos la que multiplica el peligro de inundaciones, desbordamientos y deslizamientos en las zonas bajo advertencia.

Evacuaciones, albergues y comunidades afectadas
Este es el panorama que reportaron las autoridades hasta la tarde del lunes:
- 220 personas se encuentran en cinco albergues tras evacuaciones preventivas en comunidades de Sarapiquí y San Carlos, entre ellas Naranjal 1, Álamo, Oropel, Carretones y El Tigre.
- Los equipos de rescate continúan movilizando a vecinos de Los Ángeles de Nogal y Pénjamo, por lo que el número de personas albergadas podría subir en las próximas horas.
- En el cantón de Guácimo hay inundaciones en varias comunidades, un derrumbe que compromete el puente de Guacimito y un paso interrumpido en el sector de La Perla; la CNE habilitó un albergue temporal en Santa Rosa.
Rutas 32 y 10: los cierres que hay que vigilar
El temporal también amenaza dos arterias clave hacia el Caribe. La CNE pidió a la población estar atenta al posible cierre de la ruta 32, hacia Limón, y de la ruta nacional 10, entre Siquirres y Turrialba, dos vías que se complican cada vez que las lluvias aprietan en esa parte del país.
Qué es una onda tropical y por qué Costa Rica vive tantas
Una onda tropical es un disturbio atmosférico que nace en el oeste de África, viaja con los vientos alisios sobre el Atlántico, entra al mar Caribe y suele pasar por Venezuela, Colombia y Panamá antes de cruzar el istmo centroamericano y salir al Pacífico. Su paso por Costa Rica dura entre ocho y doce horas, según su intensidad.
El dato que explica el verano tico: cada año cruzan por el país entre 40 y 50 de estos sistemas, de acuerdo con datos citados por La Nación. Cuando uno coincide con la zona de convergencia intertropical, una enorme masa de tormenta cercana al istmo, sus efectos se potencian, justo lo que ocurrió con la onda tropical 24.
Para las familias del Caribe y la Zona Norte, la onda tropical 24 es el enésimo capítulo de un mes de lluvias que no da tregua. Con los suelos ya saturados, cada aguacero nuevo pesa más que el anterior, y la diferencia entre un susto y una emergencia depende de qué tan rápido salgan de las zonas de riesgo.