Un reportaje de Popular Mechanics, publicado el 17 de septiembre de 2026, volvió a poner los microtúbulos en el centro de una hipótesis controvertida: que procesos cuánticos dentro de las neuronas podrían contribuir a la conciencia. La investigación que recupera no es nueva y llega mucho menos lejos que el titular: estudia propiedades ópticas de proteínas aisladas, no experiencias conscientes en personas. Ese resultado justifica seguir investigando, pero no ha demostrado que los microtúbulos generen la experiencia subjetiva ni que la teoría Orch OR explique la conciencia humana.
El experimento no observó conciencia humana
El trabajo que suele citarse en esta discusión, publicado en 2023 en ACS Central Science, examinó cómo migra la energía electrónica en microtúbulos formados a partir de tubulina purificada bajo condiciones de laboratorio. Los microtúbulos son estructuras proteicas que ayudan a mantener la forma de las células y a transportar materiales en su interior, incluidas las neuronas.
El experimento es relevante porque investiga la migración de energía electrónica en una estructura biológica. No registró actividad cerebral, no comparó estados conscientes e inconscientes en personas y no midió sensación, percepción ni memoria. Por eso, el resultado no responde por sí mismo a la pregunta de cómo aparece la experiencia de ser alguien.
La cautela también viene de los propios investigadores. Jack Tuszyński explicó en una entrevista de la fundación que financió parte del proyecto que las duraciones medidas para esos estados estaban entre dos y cinco nanosegundos, por debajo de una relevancia fisiológica clara, y reconoció retos de interpretación pendientes. Esa entrevista documenta la posición del equipo, no una corroboración independiente.
Orch OR propone un salto mucho mayor
La hipótesis de reducción objetiva orquestada, conocida como Orch OR, fue propuesta por Roger Penrose y Stuart Hameroff. Plantea que un estado cuántico colectivo en microtúbulos neuronales podría constituir la base física directa de la conciencia.
Un artículo de 2025 de Michael C. Wiest argumentó que resultados sobre microtúbulos y anestésicos son compatibles con esa posibilidad. El texto, sin embargo, declara de forma explícita que no aporta datos nuevos. También reconoce que los anestésicos inhalados interactúan con varios tipos de proteínas y que la explicación habitual de la anestesia incluye la desconexión funcional entre regiones cerebrales. Que una hipótesis sea compatible con un resultado no equivale a que ese resultado la haya confirmado.
Un estudio posterior en ratas relacionó un estabilizador de microtúbulos con un retraso en la pérdida del reflejo de enderezamiento bajo anestesia. Abre una vía de prueba interesante, pero ese reflejo es una medida conductual durante anestesia, no una lectura directa de experiencia subjetiva. Tampoco separa por sí solo una causa cuántica de explicaciones celulares o neuronales convencionales.
La física no basta para explicar cómo se siente una experiencia
Una revisión crítica publicada en 2026 en Frontiers in Psychology propuso tres condiciones para evaluar las teorías cuánticas de la conciencia: que el proceso sea físicamente viable en tejido neural cálido y húmedo, que exista un puente explicativo hacia la experiencia subjetiva y que produzca predicciones distinguibles de las alternativas clásicas.
Sus autores concluyeron que ninguna propuesta cuántica cumple todavía las tres condiciones de forma convincente. La revisión no descarta que haya efectos cuánticos con funciones biológicas. Su punto es más preciso: encontrar un efecto cuántico en una proteína no demuestra que ese efecto constituya la conciencia.
Para fortalecer la hipótesis, harían falta mediciones repetibles en sistemas vivos que vinculen un mecanismo definido con cambios en estados o contenidos conscientes y que descarten explicaciones clásicas. La revisión propone comparaciones preregistradas entre vigilia, anestesia y sueño, junto con controles fisiológicos que permitan separar correlación de causalidad.
Los titulares recientes no discuten la misma pregunta
La oleada de textos sobre conciencia publicada entre el 15 y el 17 de septiembre mezcla preguntas distintas. Skeptic difundió dos ensayos filosóficos con conclusiones opuestas sobre si el llamado problema difícil tiene solución. Tim Bayne planteó en Scientific American que el término podría no corresponder a una categoría científica única. Y el neurocientífico Antonio Damasio defendió que los sentimientos y la regulación del cuerpo vivo son centrales para entender la conciencia.
La entrevista de KQED a Damasio y la reseña de C. T. May en Splice Today cumplen la misma función: abren una discusión conceptual, no presentan nuevos datos experimentales. Ninguna de esas piezas equivale a un experimento que resuelva Orch OR. Más bien muestran por qué un mismo titular puede saltar entre varias cuestiones: estar despierto, responder al entorno, tener experiencia subjetiva, depender de un cuerpo o atribuir conciencia a una máquina.
La pregunta que dejan los microtúbulos es legítima, pero sigue abierta. La prueba decisiva no será encontrar otro fenómeno cuántico en una proteína, sino demostrar que produce predicciones específicas sobre la experiencia consciente que los modelos neuronales conocidos no puedan explicar.