TL;DR:
- El USGS documentó que, entre los episodios 29 y 48, el magnesio del magma del Kīlauea subió y bajó junto con la altura de sus fuentes de lava.
- Las fuentes de esta erupción han ido de 40 a 540 metros; el récord, de marzo, dejó ceniza sobre carreteras y comunidades enteras.
- La erupción sigue en pausa y el observatorio ubica el episodio 53 entre el 11 y el 14 de agosto.
El Observatorio de Volcanes de Hawái (HVO) del Servicio Geológico de Estados Unidos publicó el 6 de agosto un análisis que cruza dos series que hasta ahora se seguían por separado: la química del magma del Kīlauea y la altura de sus fuentes de lava. Entre los episodios 29 y 48, cuando subía la altura de la fuente también subía el óxido de magnesio medido en la tefra, y cuando la altura se desplomó en el episodio 44, el magnesio cayó con ella. En los episodios 46 a 48 las dos volvieron a subir, y el HVO lee ahí una posible reactivación del suministro de magma. Fuera del laboratorio, la altura de la fuente decide qué tan lejos vuela la tefra, y en marzo eso significó carreteras cerradas y ceniza sobre varias comunidades de la Isla Grande.
Qué mide el USGS cuando recoge tefra caliente
Cada episodio de fuentes lanza tefra, fragmentos de lava que se enfrían en el aire y congelan la composición que el magma tenía justo antes de salir. Analizarla permite reconstruir en qué estado venía. El indicador principal en Hawái es el óxido de magnesio (MgO): más magnesio significa magma más caliente y más fresco, menos magnesio significa magma que tuvo tiempo de enfriarse y diferenciarse. El segundo indicador es el contenido de forsterita en el olivino, ese mineral verde tan común en las lavas hawaianas, que funciona como espejo de la composición del magma que lo cristalizó.
La autora del análisis, la investigadora posdoctoral Heather Winslow, lo explica con una malasada, la dona hawaiana rellena. Si el relleno entra rápido o entra demasiado, revienta por el otro lado y deja un desastre. Si entra despacio, sale un chorrito y el postre queda limpio. El ritmo al que el magma llega a la cámara bajo Halemaʻumaʻu se traduce en la violencia con la que sale.
Y sale con mucha variedad. Las fuentes de esta erupción, que arrancó el 23 de diciembre de 2024 y ya acumula 52 episodios a un promedio de uno cada 11 días, han ido de 40 a 540 metros (130 a 1,770 pies). En su resumen semanal en audio, el propio HVO pone la escala en términos reconocibles: las más altas rebasaron los 1,700 pies, por encima del Empire State Building.
El episodio 44 dejó su firma en los cristales de olivino
La mayoría de esos 52 episodios produjo cristales de olivino muy parecidos entre sí, señal de que llega tanto magma nuevo a la cámara somera que no alcanza a enfriarse. En el episodio 44, justo después de la última caída brusca de altura, los científicos del HVO detectaron una población distinta: cristales con un borde de menos magnesio, Fo81 frente al Fo83 habitual. Es decir, magma que sí tuvo tiempo de enfriarse y cambiar de composición.
La explicación que el observatorio pone sobre la mesa es una baja en el suministro. Menos magma fresco entrando al sistema, más tiempo para que el que ya estaba ahí se enfríe.
Los tres ciclos previos de crecimiento fueron los episodios 5 al 16, 17 al 28 y 29 al 43, cada uno rematado por un desplome. El cuarto habría arrancado en el 44, y los episodios 46 a 48 mostraron la señal esperada, con MgO y altura subiendo juntos.
"El Kīlauea podría estar entrando en otro periodo de crecimiento de las fuentes."
Heather Winslow, investigadora posdoctoral del USGS, en el artículo Volcano Watch del 6 de agosto de 2026 (traducción propia)

La altura de la fuente decide hasta dónde llega la ceniza
Aquí es donde el dato deja de ser una curiosidad de petrología. El episodio 43, el 10 de marzo de 2026, duró nueve horas y su boca sur alcanzó los 540 metros, récord de esta erupción. Los vientos del suroeste empujaron la tefra hacia el noreste y el resultado quedó documentado: más de 200 reportes ciudadanos de caída de material, desde Kalapana en el sur hasta Laupāhoehoe en el norte, con acumulación continua en el mirador Uēkahuna, el Kilauea Military Camp, tramos de la carretera 11 y la comunidad Volcano Golf Course. Un tramo de la carretera y parte del parque nacional se cerraron temporalmente para limpiar.
El episodio 52, el del 28 y 29 de julio, alcanzó 150 metros desde la boca norte. Su tefra se quedó casi toda dentro del área cerrada del parque, al suroeste de las bocas activas. Mismo volcán, misma erupción, misma temporada, y dos días completamente distintos para quien vive abajo.
La diferencia tiene consecuencias medibles incluso en el agua. Muchas casas de la zona dependen de sistemas de captación de lluvia en el techo, y el USGS midió el flúor que la tefra deposita ahí tras el episodio 41 de enero: entre 0.06 y 0.3 partes por millón en los tanques, muy por debajo del límite de 4.0 ppm que la EPA fija para sistemas públicos. El escurrimiento de los techos durante la primera lluvia fue otra historia: 7 a 10 ppm en techos sin limpiar, contra cerca de 1.5 ppm en un techo que sí se había barrido.
El pronóstico del cuándo se movió seis veces en una semana
El HVO ya sabe anticipar el momento aproximado de cada episodio con los inclinómetros de la cumbre, que miden cómo se hincha el terreno mientras el magma se acumula. Ese pronóstico es un blanco móvil por diseño, y la última semana lo dejó claro: el 2 de agosto la ventana del episodio 53 iba del 6 al 13, el 3 pasó al 7-14, el 4 al 8-14, el 5 al 8-13, el 6 al 8-12, el 8 al 10-13 y este domingo quedó entre el 11 y el 14 de agosto. Seis ajustes en siete días, casi todos empujados por escalones de deflación que retrasan el llenado.
Lo que la inclinación no dice es qué tan grande será el episodio cuando llegue. Esa es la pregunta que el equipo de Winslow quiere responder con la química, y por eso el análisis se hace casi en tiempo real, con un acuerdo de cooperación con la Universidad de Hawái en Hilo y la colaboración de otros observatorios volcánicos del USGS.
Mientras tanto, el volcán está en pausa. La actualización diaria del observatorio, emitida a las 9:38 de la mañana del domingo 9 de agosto, hora de Hawái, reporta resplandor débil y continuo solo desde la boca norte, con la boca sur y la grieta que se abrió el 30 de julio a oscuras. El nivel de alerta volcánica sigue en ADVISORY y el código de color para aviación en AMARILLO, con emisiones de dióxido de azufre entre 1,000 y 5,000 toneladas diarias. Toda la actividad ocurre dentro de un área cerrada del Parque Nacional de los Volcanes de Hawái.
Quien quiera ver el episodio 53 en vivo no necesita estar en la isla. El USGS mantiene tres cámaras en transmisión continua apuntando a la cumbre.
Si la lectura del HVO se confirma en los próximos episodios, el Kīlauea volverá a lanzar lava cada vez más alto, y el récord de 540 metros de marzo dejará de ser el techo de esta erupción. Todavía quedaría lejos de los más de 580 metros que se midieron en el Kīlauea Iki en 1959, la fuente más alta jamás registrada en este volcán. Pero para las comunidades de Kaʻū, Puna e Hilo, la cifra que importa no es el récord, sino cuántos metros suba la próxima.