Irán mina y derrumba túneles nucleares mientras se acerca un acuerdo con EE. UU.
Teherán selló su uranio con minas y túneles derrumbados mientras Trump presiona por un acuerdo nuclear.
TL;DR:
- Irán derrumbó accesos a túneles y colocó minas en instalaciones nucleares clave tras detectar que EE. UU. evaluaba una operación terrestre, según CNN.
- Cerca de media tonelada de uranio altamente enriquecido sigue repartida sobre todo entre Isfahán, Natanz y Fordow, enterrada bajo tierra.
- Trump asegura que el acuerdo se firmaría el domingo y reabriría el Estrecho de Ormuz; la Guardia Revolucionaria iraní niega esa fecha.
Irán selló bajo tierra su reserva de uranio casi de grado armamentístico y volvió su rescate mucho más peligroso. Tras detectar que Washington evaluaba una operación terrestre, el régimen derrumbó deliberadamente los accesos a varios túneles y sembró minas en las entradas de instalaciones nucleares clave, según reportó CNN citando a fuentes con conocimiento de la inteligencia estadounidense. El efecto es inmediato: llegar a cerca de media tonelada de uranio altamente enriquecido es hoy mucho más difícil, lento y arriesgado que hace apenas un mes. Y la maniobra cae en el peor momento diplomático posible: Donald Trump asegura que un acuerdo con Teherán podría firmarse este domingo —reabriendo el Estrecho de Ormuz y obligando a destruir ese uranio—, pero la Guardia Revolucionaria iraní ya desmintió la fecha. El material que el pacto exige eliminar acaba de quedar enterrado tras minas y escombros.
Una operación terrestre que estuvo a un paso de aprobarse
La fortificación responde a un susto real. A mediados de mayo, el ejército estadounidense tenía lista una misión para apoderarse del material por la fuerza, una operación que terminó catalogada como demasiado arriesgada, según CNN. Lo cerca que estuvo de recibir luz verde quedó en evidencia con un viaje exprés: el 19 de mayo de 2026, el general Dan Caine, jefe del Estado Mayor Conjunto, abandonó a toda prisa una reunión de alto nivel de la OTAN en Bruselas y cruzó el Atlántico de vuelta a Tampa, Florida, para que le presentaran en persona el plan de enviar tropas a Irán.
Caine se lo llevó a Trump. El presidente apretó el freno tras ser advertido de una represalia iraní severa, una guerra más larga, sacudidas en la economía global y un número considerable de bajas estadounidenses.
El propio Pentágono le puso número a ese riesgo. Los mandos calcularon que una operación así caería entre "Alto y Extremo" en la escala de "Nivel de Riesgo Aceptable" para las fuerzas de operaciones especiales; en cristiano, que podía dejar muchos muertos estadounidenses aunque saliera bien. Una fuente lo resumió sin anestesia ante CNN:
"Sería increíblemente difícil rebuscar entre esos túneles y todos los barriles. Tendríamos que montar una presencia enorme. Básicamente, tendríamos que invadir."
De cara a la galería, Trump le bajó el tono. Consultado el jueves en la Oficina Oval sobre la posibilidad de ir por el uranio, fue tajante:
"Nadie se le está acercando porque está enterrado bajo una montaña."
Dónde está el uranio y por qué sacarlo es una pesadilla
El botín en disputa no es menor. Los bombardeos conjuntos de EE. UU. e Israel de junio de 2025 golpearon tres instalaciones nucleares iraníes —Isfahán, Fordow y Natanz— pero no destruyeron todo el material, que quedó sepultado en túneles subterráneos. Un mes después, Teherán cerró la puerta a los inspectores del Organismo Internacional de Energía Atómica (OIEA). Desde entonces, el cálculo se hace casi a ciegas.
Esto es lo que está sobre la mesa, según la inteligencia estadounidense y el propio OIEA:
- Cantidad: cerca de media tonelada de uranio altamente enriquecido, repartida sobre todo entre Isfahán, Natanz y Fordow.
- Pureza: enriquecido a alrededor del 60%, por debajo del 90% que exige el grado armamentístico, según el Wall Street Journal; el salto sería relativamente rápido si las centrifugadoras siguen girando.
- Estado físico: se cree que sigue en forma de gas, como en la última verificación del OIEA en junio de 2025.
- Potencial: el director general del OIEA, Rafael Grossi, advirtió que esa reserva alcanzaría para hasta 10 bombas si Irán decidiera fabricarlas, y estimó que unos 200 kilogramos seguirían en Isfahán.
- Riesgo extra: Irán conserva además material de bajo enriquecimiento que podría servir para una "bomba sucia".
La inteligencia de EE. UU. dice saber dónde está cada gramo gracias a la vigilancia satelital permanente. Saberlo, sin embargo, no es lo mismo que poder sacarlo. El exfuncionario Scott Roecker, especialista en retirada de material nuclear, advirtió que cualquier recuperación exigiría ahora una operación de excavación y desminado tan compleja como peligrosa.
El acuerdo que Trump quiere firmar el domingo —y que Irán frena
Toda esta maniobra militar transcurre sobre un tablero diplomático que se mueve por horas. Trump anunció que el pacto "está programado para firmarse mañana" e insiste en que, apenas se selle, el Estrecho de Ormuz volvería a abrirse de inmediato y sin pagos de por medio. El memorando de entendimiento sobre la mesa exige a Irán desmantelar su programa nuclear, reabrir el estrecho y permitir que EE. UU. destruya su uranio enriquecido. Justo lo que Teherán acaba de blindar.
Del lado iraní, el entusiasmo brilla por su ausencia. La Guardia Revolucionaria (IRGC) negó que se vaya a firmar nada el domingo, calificó el calendario de "prueba para el equipo negociador iraní" y criticó la "inusual insistencia" de Trump en esa fecha, recordando que el marco "todavía no está cerrado". En un mensaje en Telegram, llegó a sugerir que el presidente busca hacer coincidir la firma con su cumpleaños, el 14 de junio, para convertirla en un acto publicitario. El portavoz de la Cancillería iraní, Esmaeil Baghaei, fue más sobrio: dijo que no hay planes de viajar a Ginebra ni a ningún otro sitio en los próximos días y que habrá que esperar a conocer la fecha real.
Ahí está la jugada de fondo. Al fortificar su uranio mientras negocia, Irán convierte el material en moneda de cambio: cuanto más difícil sea arrebatárselo por la fuerza, más vale en la mesa, prospere o no el acuerdo. Y el pulso no se queda en Medio Oriente. Con el Estrecho de Ormuz —por donde pasa buena parte del petróleo del mundo— como ficha central, cada día sin pacto presiona los precios de la energía y la inflación global; el Banco Mundial ya recortó su previsión de crecimiento para 2026 al 2,5%, el ritmo más débil desde la pandemia. Para los bolsillos en México, España y América Latina, lo que se firme —o no— el domingo se sentirá en la bomba de gasolina mucho antes que en los titulares.