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El techo de la vida humana serían 156 años y el freno está en el cerebro y el corazón

Un estudio en npj Aging calcula que la vida humana se topa entre 146 y 194 años: neuronas y corazón ponen el freno.

por Alejandro Castillo Leone
Portrait of an elderly woman with a blue veil in a sunny outdoor setting.
Foto de Cengiz Kudat en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo de los institutos Skoltech y AIRI, en Moscú, calculó cuánto viviría una persona si la medicina curara todos los mecanismos del envejecimiento salvo uno: las mutaciones que el ADN acumula en las células del cuerpo.
  • La mediana cae de 1,759 años, la de un cuerpo hipotético que no envejece, a 156 años. Integrando todos los órganos, el rango va de 146 a 194 años.
  • El cuello de botella son las neuronas y las células del corazón, que no se dividen. El hígado, en cambio, aguantaría milenios. Los autores insisten en que no es un pronóstico.

Un equipo del instituto Skoltech y del Artificial Intelligence Research Institute (AIRI), ambos en Moscú, se hizo una pregunta incómoda para la industria de la longevidad: si mañana se curaran todos los mecanismos conocidos del envejecimiento menos uno, ¿cuántos años viviría una persona? La respuesta salió publicada el 25 de junio de 2026 en npj Aging, revista del grupo Nature, y ronda los 156 años de mediana, con un rango de 146 a 194 años cuando el modelo integra todos los órganos. El freno lo imponen las mutaciones somáticas, los errores que el ADN va acumulando a lo largo de la vida en las células del cuerpo. Y no las impone cualquier tejido: las imponen dos que no pueden cambiar de piezas, las neuronas y los cardiomiocitos del corazón.

El trabajo se titula "Somatic mutations impose an entropic upper bound on human lifespan" y es de acceso abierto. Nature advierte en la propia página del artículo que se trata de una versión sin editar, publicada para dar acceso temprano a los hallazgos y todavía pendiente de la edición final. Lo firman Evgeniy Efimov, Vlad Fedotov, Leonid Malaev, Ekaterina E. Khrameeva y Dmitrii Kriukov, este último como autor de correspondencia, y lo financió la Fundación Rusa de Ciencia.

Para tener una línea de base, los autores hicieron una jugada elegante: asumieron que todo el mundo tenía la tasa de mortalidad de una persona de 30 años en Suiza. La lógica es que a esa edad, y en ese país, la enfermedad asociada al envejecimiento casi no pesa en las estadísticas, pero uno sigue expuesto a accidentes, infecciones y otros riesgos normales de estar vivo. Con esa tasa congelada para siempre, la mediana de vida restante se dispara a 1,759 años y el máximo llega a 29,221, según recogió IFLScience del texto del estudio. Ahí es donde entra la parte interesante: al encender de nuevo un solo mecanismo, las mutaciones somáticas, esos 1,759 años se derrumban a 156.

⚠️
El estudio no predice que alguien vaya a vivir 156 años. Modela un escenario hipotético en el que ya se curaron todos los demás mecanismos del envejecimiento, algo que hoy no existe. Kriukov describió el resultado como una estimación matemática, no como datos experimentales.

El hígado aguantaría milenios; las neuronas no tienen repuesto

El hallazgo que más rendimiento tiene no es la cifra redonda, sino la asimetría entre tejidos. Los órganos que renuevan sus células constantemente diluyen el daño: cada célula nueva llega con el ADN limpio. Los que no se renuevan van cargando errores hasta que fallan.

"Las neuronas y los cardiomiocitos, que carecen de la capacidad de dividirse, resultaron ser los principales factores limitantes: cuando se eliminan todas las demás causas del envejecimiento, las mutaciones somáticas por sí solas reducen la mediana teórica de vida de 1,759 años a 156 años", explicó Evgeniy Efimov, coautor del estudio e investigador del centro de tecnologías biomédicas del Skoltech, en un comunicado.

La otra cara la dio el mismo Efimov: los tejidos con alta capacidad regenerativa, y el hígado es el ejemplo estrella, podrían mantener su función durante miles de años a base de renovación celular, neutralizando el efecto de las mutaciones. Traducido al cuerpo real:

  • Hígado, piel y otros tejidos que se reponen: toleran milenios de acumulación de mutaciones sin perder función.
  • Neuronas y células del músculo cardiaco: no se dividen, no diluyen el daño y acaban marcando el tope.
  • Esa diferencia explica por qué la demencia y la insuficiencia cardiaca dominan la última etapa de la vida y no, por decir algo, la falla hepática.
Ilustración de neuronas con sus ramificaciones sobre fondo oscuro
Imagen ilustrativa: las neuronas no se dividen, así que acumulan mutaciones sin poder diluirlas. · Foto de Google DeepMind en Pexels

En el escenario más optimista del modelo, algún individuo excepcional alcanzaría los 470 años. Nadie llegaría a la inmortalidad.

El 156 no es un pronóstico: es una forma de ordenar prioridades

Aquí es donde conviene bajarle dos rayas al entusiasmo. El propio equipo dice que las mutaciones somáticas explican una parte del envejecimiento, no todo.

"Nuestro estudio muestra que las mutaciones somáticas contribuyen de forma significativa al envejecimiento, pero por sí solas no pueden explicar la mortalidad observada. Esto significa que otros mecanismos, como la pérdida de proteostasis, la disfunción mitocondrial o los cambios epigenéticos, contribuyen de manera comparable a limitar la esperanza de vida", señaló Dmitrii Kriukov, autor de correspondencia del trabajo.

Especialistas que no participaron en la investigación leen el resultado en la misma clave. Jordan Weiss, profesor asistente de la Escuela de Medicina Grossman de la Universidad de Nueva York, dijo a Newsweek que la enseñanza no es que la gente vaya a llegar a 190 años, sino que los investigadores ya tienen una manera de establecer prioridades. Su colega Michael Leone, de la división de medicina de precisión de la misma escuela, fue más lejos y llamó a las mutaciones somáticas la fruta más alta del árbol de la geriatría experimental: apuntar antes a blancos más accesibles, como inhibir la vía mTOR con rapamicina o eliminar células senescentes, le parece la ruta lógica.

El propio paper apunta en esa dirección cuando plantea que una terapia celular capaz de reemplazar neuronas podría ser el único camino viable hacia vidas de más de 150 años, incluso mitigando todo lo demás. Es una frase que suena a ciencia ficción y que, por ahora, describe una línea de investigación, no un tratamiento.

Entre los 156 y la realidad: México promedia 75.7 años

Vale la pena poner la cifra contra el suelo. En México, la esperanza de vida al nacer se estimó en 75.7 años para 2025 según el INEGI, con 72.6 para hombres y 79 para mujeres. Los países que encabezan las tablas globales, Japón y Suiza entre ellos, apenas rebasan los 84. Y el récord verificado de longevidad humana sigue en 122 años y 164 días, una marca que en 2019 un matemático y un gerontólogo pusieron en duda.

Dicho de otro modo: entre lo que hoy vive un mexicano promedio y el techo teórico del modelo hay más de 80 años de diferencia, y ninguno de esos años se gana con suplementos ni con protocolos de biohacking. Se ganarían, si acaso, curando de raíz media docena de mecanismos biológicos que hoy nadie sabe curar.

Preguntas rápidas sobre el límite de la vida humana

¿El estudio dice que voy a vivir 156 años?

No. El modelo del Skoltech y AIRI calcula cuánto duraría un cuerpo en el que ya se curaron todos los mecanismos del envejecimiento excepto las mutaciones del ADN. Ese escenario no existe hoy. Kriukov, autor de correspondencia, aclaró que es una estimación matemática y no datos experimentales.

¿Qué son las mutaciones somáticas?

Son cambios en el ADN que ocurren después de la concepción, en células del cuerpo y no en las reproductivas, así que no se heredan. Aparecen por errores de copiado durante la división celular y por factores externos. La mayoría es inofensiva; algunas derivan en cáncer.

El valor práctico del trabajo no está en la cifra que se llevaron los titulares, sino en el mapa: por primera vez alguien puso números a cuánto pesa un mecanismo del envejecimiento frente a los demás, y el resultado dice que el dinero y el talento deberían ir hacia el cerebro y el corazón. El equipo ya anunció que sumará al modelo la disfunción mitocondrial, la deriva epigenética y el acortamiento de telómeros. Cuando eso ocurra, el número de 156 años probablemente se mueva. Esa es justo la idea.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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