Saltar al contenido

Buscaba dónde acampar en Google Maps y halló un cráter de meteorito de 390 millones de años

Un astrónomo aficionado detectó la estructura en Quebec. Mide 25 km y el impacto ocurrió hace 390 millones de años.

por Alejandro Castillo Leone
Stunning aerial view of snowy forest and lake during winter sunset in Huntsville, Ontario.
Foto de Photos by OhCaN en Pexels

TL;DR:

  • Un equipo franco-canadiense confirmó que la depresión circular centrada en el lago Marsal, en Quebec, es un cráter de impacto. La detectó el astrónomo aficionado Joël Lapointe revisando imágenes satelitales.
  • Mide unos 25 kilómetros de diámetro y el impacto ocurrió hace unos 390 millones de años, según la datación paleomagnética, con un rango de 370 a 400 millones.
  • Es el primer cráter nuevo reportado en Canadá desde 2010. El trabajo se presenta en agosto en Frankfurt y todavía no pasa por revisión por pares.

Un astrónomo aficionado canadiense encontró en Google Maps una depresión circular casi perfecta en una zona remota de Quebec, y un equipo de geólogos acaba de confirmar que se trata de un cráter de impacto de unos 25 kilómetros de diámetro, formado hace alrededor de 390 millones de años. La estructura se llama Uhackatik, nombre elegido tras conversaciones con el consejo innu de Ekuanitshit, en cuyo territorio tradicional se encuentra. Quien la vio primero fue Joël Lapointe, que revisaba caminos forestales de la región de Côte-Nord para un viaje cuando notó el anillo centrado en el lago Marsal, unos 100 kilómetros al norte del poblado de Magpie. No aparecía en ninguna base de datos. Canadá no reportaba un cráter nuevo desde hacía 16 años.

Lo primero que hizo Lapointe fue desconfiar de sí mismo. Lo contó a la agencia The Canadian Press, que difundió su testimonio el 19 de julio de 2026.

"Me dije: 'No has descubierto nada, Joël, no es posible, seguro ya lo conocen'".

Vio el hoyo a finales de 2023, según ese mismo relato, y el aviso llegó a los científicos en 2024, que es la fecha que consigna el resumen firmado por el equipo. Escribió a varios académicos hasta que un centro francés, el CEREGE, se interesó. El geofísico Pierre Rochette revisó la topografía y la consideró muy sugerente de un impacto; las primeras muestras, facilitadas por el Servicio Geológico de Canadá, contenían circón, un mineral que puede transformarse bajo las presiones de una colisión. Ninguna de las dos señales bastaba para cerrar el caso.

⚠️
El resumen firmado por Jérôme Gattacceca (CNRS) y Gordon Osinski (Western University) afirma que la estructura es de origen de impacto a hipervelocidad. Ese texto todavía no pasa por revisión por pares y el análisis de laboratorio sigue abierto: los investigadores buscan deformaciones en el cuarzo y firmas químicas de fusión a alta temperatura.

La expedición llegó en hidroavión y encontró la prueba a simple vista

En octubre de 2025, Osinski, profesor de geología planetaria en Western University, aterrizó en el sitio con un equipo pequeño. El terreno complicó todo lo que se podía complicar.

"No sabíamos muy bien qué esperar, dónde podríamos aterrizar para llegar a la orilla ni dónde montar el campamento. Así que era entrar en lo desconocido, que es algo que disfruto, un poco de aventura", dijo Osinski a The Canadian Press.

Después fue menos poético: describió a Live Science el trabajo de campo como una de las campañas más arduas de su carrera, y lleva 25 expediciones al Ártico y trabajo en seis continentes. Culpó al terreno accidentado y a los insectos.

Vista aérea de un lago rodeado de bosque boreal y roca expuesta en el norte de Canadá
Así luce el terreno de Côte-Nord donde se ubica la estructura. Imagen ilustrativa, no corresponde al cráter Uhackatik · Foto de Kian Babanezhad en Pexels

Para demostrar un impacto hay dos caminos: encontrar el proyectil o encontrar las huellas que dejó la presión en la roca. Lo primero era improbable, explicó Osinski a The Canadian Press, porque los fragmentos de meteorito suelen aparecer en cráteres chicos y este mide 25 kilómetros. Quedaba el segundo camino.

"Una de las cosas clave que buscamos es evidencia de metamorfismo de choque, que solo puede ocurrir por las inmensas presiones que generan los impactos de asteroides o cometas, o las explosiones nucleares", explicó Osinski a Live Science. "La mayoría de estos rasgos son microscópicos, así que solo se pueden confirmar en el laboratorio con muestras".

Hay una excepción que se ve sin microscopio. Los conos de astillamiento son marcas estriadas y ramificadas en la roca que solo se forman cuando una onda de choque de presión extrema atraviesa el terreno. Esto es lo que el equipo documentó:

  • Conos de astillamiento de escala decimétrica en el basamento grenvilliano, justo en el centro de la estructura.
  • Un paquete de roca fundida por impacto de al menos 50 metros de espesor, con disyunción columnar y fragmentos de basamento de hasta 50 centímetros. El acantilado más visible se levanta 25 metros a cuatro kilómetros del centro.
  • Núcleos orientados para paleomagnetismo que arrojan una edad de formación de unos 390 millones de años, dentro de un intervalo de polaridad inversa del campo geomagnético.
  • Datos preliminares de isótopos de plomo en circones, que apuntan a una edad mínima de entre 350 y 400 millones de años.

Ese paquete de roca fundida fue la sorpresa mayor. Osinski comentó a Space.com que suele ser de lo primero que se lleva la erosión, y aquí sobrevivió casi 390 millones de años. La misma formación había sido descrita en un mapeo geológico de 2001 como una diatrema, es decir, una chimenea volcánica. El equipo la reinterpretó por completo.

Canadá no reportaba un cráter nuevo desde 2010

Se conocen alrededor de 200 cráteres de impacto en la Tierra y 31 están en Canadá, según las cifras que Osinski dio a Live Science. Cada año se identifican uno o dos en todo el mundo, casi siempre de menos de cinco o diez kilómetros. Por eso uno de 25 juega en otra liga.

El propio Osinski le dijo a Space.com que el último hallazgo de escala comparable fue la estructura de Hiawatha, de unos 31 kilómetros, detectada bajo el hielo de Groenlandia en 2018, con una diferencia importante: aquella sigue enterrada, su diámetro es incierto y su origen todavía se discute. En Uhackatik, dice, no hay duda de dónde salió el agujero.

¿Y cómo se veía recién formado? Osinski apunta al cráter Tycho de la Luna. En la Tierra, su referencia es Kamestastin (también llamado Mistastin), en el norte de Labrador, de tamaño muy parecido y donde en 2023 entrenaron los astronautas de Artemis II Jeremy Hansen y Christina Koch junto con su propio equipo. Lo usó como plantilla mental para explorar la estructura de Quebec.

Un detalle de forma: varios medios escribieron el nombre como Uhaachatik. El resumen firmado por el equipo lo registra como Uhackatik.

99 de cada 100 avisos que llegan a los científicos no son cráteres

Osinski administra Impact Earth, la plataforma de Western University donde cualquier persona puede reportar un candidato a cráter a partir de imágenes satelitales. Ahí aterrizó el aviso de Lapointe, entre montones de falsas alarmas.

"Recibo muchos mensajes del público que cree haber encontrado un cráter y 99 de cada 100 resultan no serlo", contó Osinski a Live Science. "Este es uno de esos raros ejemplos que muestran que sí es posible".

El resumen científico lo dice con otras palabras y es quizá la parte más provocadora del hallazgo: llama la atención que una estructura de impacto de 25 kilómetros todavía pueda ser descubierta por el público general con imágenes satelitales disponibles para cualquiera. Lapointe, que creció mirando estrellas en casa de su abuela, lo resumió a Radio-Canada así:

"No todos los días un ciudadano común encuentra un cráter de 390 millones de años. Animo a todos a no ignorar la intuición o una observación, aunque no sea parte de su campo de especialidad".

Preguntas rápidas sobre el cráter Uhackatik

¿Dónde está el cráter Uhackatik?

En la región de Côte-Nord, en Quebec, Canadá, centrado en el lago Marsal, alrededor de los 51.2 grados de latitud norte y 64.7 de longitud oeste, unos 100 kilómetros al norte del poblado de Magpie. Mide cerca de 25 kilómetros de diámetro, según el resumen presentado por el equipo investigador.

¿Cómo saben que fue un meteorito y no un volcán?

Por el metamorfismo de choque. El equipo halló conos de astillamiento, marcas que según Gordon Osinski (Western University) solo produce la presión de un impacto de asteroide o cometa, o una explosión nuclear. Sumó un paquete de roca fundida por impacto de más de 50 metros que antes se interpretaba como formación volcánica.

¿Quién descubrió el cráter y cómo lo hizo?

El astrónomo aficionado Joël Lapointe, revisando imágenes satelitales de Google Maps mientras planeaba un viaje por Côte-Nord. Al no encontrar la estructura en las bases de datos de cráteres, la reportó a especialistas: el aviso llegó a la plataforma Impact Earth, de Western University, y al centro francés CEREGE.

El 9 de agosto de 2026 arranca en Frankfurt la reunión anual de la Meteoritical Society, y ahí se presenta el trabajo mientras las muestras siguen en el microscopio. Queda un dato que incomoda y entusiasma por partes iguales: una cicatriz de 25 kilómetros aguantó 390 millones de años a la vista, en un mapa que millones de personas abren todos los días, y hizo falta que un aficionado se fijara.

Fuentes: 1, 2, 3

Alejandro Castillo Leone imagen de perfil
por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

Suscríbete GRATIS

Recibe las noticias más importantes de política, tecnología, negocios, deportes, entretenimiento y cultura directamente en tu correo.

¡Listo! Revisa tu correo

Para completar la suscripción, haz clic en el enlace de confirmación que enviamos a tu correo. Si no llega en 3 minutos, revisa tu carpeta de spam.

Ok, gracias

Leer más de Tecnología y Ciencia