TL;DR:
- Un equipo internacional identificó al impactor de Chicxulub como una condrita carbonácea de la clase Ornans (CO), una de las más raras y primitivas del sistema solar. El estudio salió el 17 de julio de 2026 en Science Advances.
- Las condritas carbonáceas apenas representan el 5% de los meteoritos recuperados en la Tierra, y las CO son una porción mínima de ese 5%. El objeto medía entre 10 y 15 kilómetros y entró a unos 64,000 km/h.
- Una CO habría aportado alrededor de la mitad del azufre que una condrita carbonácea típica. Los autores dejan al polvo fino suspendido en la atmósfera como el factor principal de la catástrofe.
Los geoquímicos ya tienen nombre y apellido para el proyectil que acabó con los dinosaurios. Un equipo internacional encabezado desde el Institut de Physique du Globe de París concluyó que el meteorito que abrió el cráter de Chicxulub, bajo la península de Yucatán, pertenecía a las condritas carbonáceas de la clase Ornans, las CO: uno de los materiales más primitivos y menos estudiados que quedan del sistema solar. El trabajo se publicó el 17 de julio de 2026 en Science Advances y se apoya en mediciones de alta precisión de isótopos de níquel en la capa de arcilla que el impacto dejó regada por todo el planeta hace 66 millones de años. La etiqueta importa más allá del dato curioso: una CO llega cargada de mucho menos azufre que las candidatas que la literatura venía prefiriendo.
El método suena a criminalística porque lo es. Al golpear, el asteroide se vaporizó por completo, así que de él solo quedó una firma química dispersa en la delgada línea oscura que separa el Cretácico del Paleógeno, el llamado límite K-Pg. Los investigadores fueron a buscar esa firma a cinco puntos donde la capa se conserva bien: uno en Dinamarca, uno en España y tres en Italia. Después la compararon contra once meteoritos carbonáceos de distintos subgrupos guardados en colección.
El reto, según explicó Philippe Claeys, geólogo de la Vrije Universiteit Brussel y profesor visitante en la Universidad de Columbia Británica (UBC), es que de un proyectil de esas dimensiones queda preservada apenas una fracción diminuta en la arcilla.
Por qué el níquel funciona como huella digital de un meteorito
El níquel abunda en los meteoritos primitivos y escasea en la corteza terrestre, así que cualquier exceso en el límite K-Pg delata material llegado de fuera. Tiene además cinco isótopos, suficientes para construir hasta tres firmas normalizadas de manera interna, y aparece en prácticamente todos los sólidos que sobrevivieron de los primeros tiempos del sistema solar, incluidos los meteoritos de hierro. Eso amplía el catálogo de sospechosos posibles y, según describen los autores, permite separar con claridad a las condritas CI del resto de su clase.
Una condrita CO es una clase de meteorito carbonáceo, la de tipo Ornans, que conserva material casi sin alterar desde la formación del sistema solar. El análisis de níquel apuntó a ese grupo, con alguna señal de condritas no agrupadas, y descartó a la mayoría de los demás candidatos. Entre los descartados están las condritas carbonáceas de tipo Mighei (CM), que eran las favoritas hasta ahora. En 2024, otro trabajo con isótopos de rutenio ya había situado el origen del objeto más allá de Júpiter; el níquel afina la etiqueta dentro de esa familia.
El azufre baja de rango y el polvo toma el lugar principal
Casi todos los modelos de la extinción reparten culpas entre el polvo, el hollín y el azufre. El azufre vaporizado bloquea el sol y luego cae como lluvia ácida, así que su peso en el guion siempre fue enorme. El problema es que una CO resulta seca en comparación con sus primas: los autores calculan que habría entregado cerca de la mitad del azufre que una condrita carbonácea corriente. Claeys lo puso en estos términos:
"Hace menos probable que el azufre del impactor fuera la pistola humeante."
Ese matiz no tumba la teoría del impacto. El propio Claeys aclaró que el hallazgo no cambia qué causó la extinción, y colocó al polvo fino lanzado a la atmósfera como el factor principal. Tampoco borra el azufre del expediente: lo que el estudio pone en duda es cuánto aportó el proyectil, no cuánto había en las rocas que pulverizó al llegar.
Un cráter bajo Yucatán, muestras europeas y un origen sin resolver
El escenario del crimen tiene domicilio conocido. Estas son las cifras que sostienen la reconstrucción:
- El impactor medía entre 10 y 15 kilómetros de diámetro y llegó a unos 64,000 kilómetros por hora, según la estimación que cita Claeys.
- La estructura que dejó ronda los 180 kilómetros de ancho y hoy está sepultada bajo la península de Yucatán, con los miles de cenotes de la región como herencia visible, de acuerdo con el recuento de Universe Today.
- El evento borró alrededor del 75% de las especies del planeta, incluidos los dinosaurios no aviares.
- Las muestras del límite K-Pg salieron de cinco sitios europeos y se contrastaron contra once meteoritos carbonáceos.

Lo que el estudio no resuelve es de dónde salió la roca. Los autores manejan dos vecindarios posibles: la zona exterior del cinturón de asteroides, cerca de Júpiter, o regiones lejanas y ricas en escombros del sistema solar exterior. Universe Today menciona incluso el cinturón de Kuiper entre los candidatos. Que un objeto de esa clase haya burlado el filtro gravitacional de Júpiter y terminara justo aquí es, en palabras de Claeys, prueba de la mala suerte que tuvieron los dinosaurios.
Preguntas rápidas sobre el impactor de Chicxulub
¿Qué es una condrita CO?
Es una clase de meteorito carbonáceo, el tipo Ornans, formado por material casi inalterado desde los inicios del sistema solar. Según el estudio publicado en Science Advances, las condritas carbonáceas son cerca del 5% de los meteoritos recuperados en la Tierra y las CO son una porción mínima de ese grupo.
¿Dónde cayó el asteroide que mató a los dinosaurios?
En lo que hoy es la península de Yucatán, en México. El impacto ocurrió hace 66 millones de años y dejó el cráter de Chicxulub, de unos 180 kilómetros de ancho y enterrado bajo la caliza. Los miles de cenotes de la zona forman parte de su herencia geológica.
¿Entonces el azufre no causó la extinción?
El estudio no lo descarta, matiza su origen. Los autores calculan que una condrita CO habría aportado cerca de la mitad del azufre que una condrita carbonácea típica, así que el proyectil pesa menos en esa cuenta. Philippe Claeys coloca al polvo fino lanzado a la atmósfera como factor principal.
El interés práctico del trabajo no está en los dinosaurios. Los autores presentan los isótopos de níquel como una herramienta fina para identificar de qué está hecho el material extraterrestre que llega a la Tierra, y ese es justo el dato que falta cuando alguien intenta calcular el riesgo de un impacto futuro. Saber la composición de un objeto cambia lo que le pasaría a la atmósfera si nos alcanza, y también lo que haría falta para apartarlo del camino.