TL;DR:
- Un estudio de Oxford, Syracuse y Copenhague identificó un mecanismo oceánico que conecta el nivel del mar con la regulación climática.
- El mayor enterramiento de carbono ocurrió cuando el nivel del mar estaba entre 10 y 40 metros por encima del actual.
- El hallazgo explica parte del enfriamiento de la Tierra, pero describe un proceso geológico que opera durante millones de años.
Un equipo de investigadores de la Universidad de Oxford, Syracuse University y la Universidad de Copenhague identificó un mecanismo oceánico que ayuda a explicar cómo la Tierra reguló su clima durante los últimos 60 millones de años. El estudio, publicado en Proceedings of the National Academy of Sciences el 30 de junio de 2026, conecta las variaciones del nivel del mar con la disponibilidad de fosfato, la productividad marina y la cantidad de carbono enterrada en los sedimentos. Ese proceso retiró CO₂ de la atmósfera y favoreció el enfriamiento del planeta durante largos periodos.
La investigación aborda una pregunta que seguía abierta: si la atmósfera perdió grandes cantidades de dióxido de carbono mientras la Tierra se enfriaba, ¿dónde terminó todo ese carbono?
La respuesta propuesta apunta al océano. El carbono orgánico producido por la vida marina se hundió y quedó atrapado en el fondo marino, pero la cantidad que podía enterrarse dependía de una variable poco evidente: el nivel del mar.
El nivel del mar decidía cuánto fosfato llegaba al océano abierto
El fosfato llega al océano mediante la erosión y disolución de rocas continentales. Sin embargo, que ese nutriente alcance el océano abierto depende de lo que ocurre en las zonas costeras.
Cuando el nivel del mar era alto, amplias plataformas continentales quedaban inundadas. Esas áreas acumulaban sedimentos con rapidez y retenían gran parte del fosfato en aguas poco profundas. El océano abierto recibía menos nutrientes, la productividad marina disminuía y se enterraba menos carbono orgánico.
Cuando el nivel del mar bajaba, la superficie de esas plataformas capaces de atrapar fosfato se reducía. Una mayor cantidad del nutriente escapaba hacia el océano abierto, donde alimentaba la actividad biológica.
Ros Rickaby, investigadora de Oxford y autora principal del estudio, resumió la importancia de ese proceso:
“Nuestros resultados sugieren que el enterramiento de carbono orgánico en sedimentos marinos desempeñó un papel mucho más importante de lo que se había apreciado.”
La conexión entre el nivel del mar y el fosfato permitió que el océano funcionara como un depósito de carbono durante millones de años.
La cadena que convirtió al océano en un depósito de carbono
El estudio describe una retroalimentación entre nutrientes, vida marina, oxígeno y carbono:
- Al bajar el nivel del mar, menos fosfato quedaba atrapado en las plataformas continentales.
- Más fosfato llegaba al océano abierto y aumentaba la productividad marina.
- Una mayor cantidad de materia orgánica se hundía y quedaba enterrada en el fondo del mar, retirando CO₂ de la atmósfera.
- La descomposición de esa materia consumía oxígeno y ampliaba las zonas oceánicas con poco oxígeno.
- En esas condiciones, los sedimentos podían liberar más fosfato, lo que alimentaba nuevamente la productividad y reforzaba el enterramiento de carbono.
El mecanismo tenía un límite. Conforme las zonas pobres en oxígeno se desplazaban hacia aguas más profundas, se separaban de los sedimentos ricos en fosfato de las plataformas continentales. Esa separación reducía el reciclaje del nutriente y evitaba que el enfriamiento avanzara sin control.
El Eoceno muestra qué ocurre cuando el mecanismo se apaga
El Eoceno, periodo que se extendió aproximadamente entre 56 y 34 millones de años atrás, ofrece un caso de contraste.
Durante esa etapa, el nivel del mar alcanzó valores muy elevados y las plataformas continentales permanecieron ampliamente inundadas. El fosfato quedó atrapado en sedimentos poco profundos, el océano se mantuvo bien oxigenado y la productividad marina fue menor.
Con menos materia orgánica enterrada, una mayor cantidad de carbono permaneció en la atmósfera. El planeta conservó entonces un clima cálido, conocido como una etapa de tipo invernadero.
Los investigadores utilizaron este periodo para comparar la relación entre el nivel del mar, la disponibilidad de fosfato, el oxígeno oceánico y el enterramiento de carbono. Sus resultados indican que el vínculo entre esos procesos se mantuvo durante decenas de millones de años.
El rango más eficiente estaba entre 10 y 40 metros sobre el nivel actual
La mayor captura de carbono no ocurrió con el nivel del mar más alto ni con el más bajo. El estudio identificó una franja intermedia, entre 10 y 40 metros por encima del nivel actual, en la que las zonas oceánicas con poco oxígeno coincidían con sedimentos ricos en materia orgánica de las plataformas continentales.
Esa coincidencia maximizaba el enterramiento de carbono durante periodos que podían durar millones de años.
Para reconstruir un proceso que ocurrió mucho antes de que existieran mediciones directas, el equipo combinó:
- Registros de isótopos de carbono.
- Datos sobre la acumulación de fósforo en sedimentos marinos profundos.
- Mediciones de yodo y calcio en foraminíferos, organismos microscópicos preservados en el fondo oceánico.
- Análisis de laboratorio para estimar cuánto oxígeno había en las aguas antiguas.
Los autores proponen que, con el paso del tiempo geológico, las zonas mínimas de oxígeno se hicieron más profundas y la ventana eficiente para enterrar carbono se estrechó. Esa evolución habría reducido las oscilaciones extremas del oxígeno y del dióxido de carbono atmosférico, haciendo más estable el sistema climático de la Tierra.
El estudio ayuda a explicar cómo el planeta pasó de un mundo cálido con altas concentraciones de CO₂ a un estado climático más frío. Por su propia escala temporal, este termostato geológico no representa una respuesta rápida al calentamiento actual. Su valor está en mostrar cómo el océano, la vida marina y el carbono han estado conectados durante millones de años.