TL;DR:
- Investigadores de UC Davis y Berkeley Lab observaron una meseta inesperada en reacciones de fusión de baja energía dentro de metales.
- Algunas muestras registraron tasas hasta 10¹⁸ veces mayores que las reacciones sin un material anfitrión.
- En Alemania, TUM e IPP lanzaron un proyecto de 4.8 millones de euros para estudiar cuánto pueden durar los materiales de un reactor de fusión.
La investigación sobre fusión nuclear está avanzando por dos frentes ligados a la materia que rodea la reacción. En Estados Unidos, un equipo de UC Davis y Berkeley Lab descubrió que ciertos metales pueden elevar de forma drástica las tasas de fusión de deuterio a muy baja energía. En Alemania, investigadores de TUM y el Instituto Max Planck para Física del Plasma estudian cómo evitar que las condiciones extremas de un futuro reactor dañen sus componentes.
El primer trabajo se publicó el 18 de julio de 2026 en Nature Communications. El segundo corresponde al proyecto FUMA, anunciado el 15 de julio en el campus de investigación de Garching, cerca de Múnich.
La fusión de baja energía mantiene una meseta inesperada
El experimento estadounidense utilizó láminas delgadas de paladio y titanio, dos metales capaces de alojar deuterio, una forma pesada del hidrógeno. Los investigadores cargaron el deuterio dentro de las láminas mediante dos métodos distintos y después dispararon haces de iones de deuterio contra ellas.
Las tasas obtenidas se compararon con las de una reacción de fusión sin un material anfitrión. El equipo observó que el resultado dependía tanto del metal como de la forma en que se introducía el deuterio.
- El efecto más grande apareció por debajo de 2.5 kiloelectronvoltios (keV).
- En lugar de caer de manera continua, la tasa mostró una meseta a energías muy bajas.
- Algunas muestras registraron tasas aproximadamente 10¹⁸ veces superiores a las de la fusión sin material.
Ese último dato necesita contexto. El factor compara la frecuencia de las reacciones, no la cantidad de electricidad producida. Tampoco significa que una lámina de paladio o titanio pueda alimentar una ciudad. Las tasas absolutas siguen siendo bajas y el resultado no demuestra la existencia de un reactor de fusión práctico.
La explicación todavía no está resuelta. Una posibilidad es que los electrones y los defectos de la estructura metálica reduzcan parcialmente la repulsión eléctrica entre los núcleos de deuterio. Si los núcleos consiguen acercarse más, la probabilidad de fusión puede aumentar.
Jeremy Munday, profesor de UC Davis y autor correspondiente del estudio, resumió el siguiente paso de la investigación:
“Se trata de entender mejor el mecanismo para intentar potenciarlo. Hemos visto que podemos aumentar las tasas de fusión, pero ¿cuál es el límite? ¿Podemos llevarlas a temperaturas o energías más bajas?”

El hallazgo podría servir para fabricar generadores de neutrones
El valor inmediato del estudio está en la plataforma experimental. Los investigadores desarrollaron una forma reproducible de examinar cómo los materiales sólidos modifican una reacción nuclear, algo que conecta la física de la fusión con la ciencia de materiales y la química.
Berkeley Lab apunta a posibles aplicaciones futuras si el mecanismo puede controlarse mejor:
- Generadores de neutrones más compactos y eficientes.
- Inspección de carga.
- Investigación de materiales y planetas.
- Terapia e imagen médica.
La siguiente etapa consiste en probar otros materiales y estudiar si la meseta se mantiene a energías todavía menores. El objetivo no es presentar una fuente de electricidad lista para comercializar, sino averiguar si la estructura de un sólido puede convertirse en una herramienta para dirigir reacciones nucleares.
Alemania estudia cuánto puede durar un reactor de fusión
El proyecto FUMA aborda una pregunta distinta: cómo sobrevivirán los materiales dentro de una futura planta de fusión. Las paredes y componentes internos tendrían que soportar temperaturas extremas, tensión mecánica y un intenso bombardeo de partículas y neutrones.
Esas condiciones pueden alterar la red cristalina, generar poros y defectos internos, y provocar fallas. Entre los materiales analizados estarán:
- El acero ferrítico EUROFER97.
- El tungsteno y sus aleaciones para la pared interna.
- Las aleaciones de cobre utilizadas en componentes de enfriamiento.
- El renio que se forma dentro del tungsteno después de la irradiación con neutrones.
TUM y el Instituto Max Planck para Física del Plasma combinarán espectroscopia de positrones, técnicas de neutrones y análisis de componentes fabricados mediante impresión 3D o soldadura. Los equipos podrán estudiar cargas térmicas de hasta 20 megavatios por metro cuadrado y daños provocados de forma controlada por irradiación neutrónica.
El proyecto tendrá una duración de tres años y recibirá cerca de 4.8 millones de euros del Ministerio Federal de Investigación, Tecnología y Espacio de Alemania.
Christoph Hugenschmidt, coordinador del proyecto en TUM, explicó el objetivo de observar el deterioro desde sus primeras etapas:
“Con nuestra espectroscopia de positrones en FRM II queremos entender el daño de los materiales a nivel atómico. Con las antipartículas de los electrones podemos rastrear cómo los defectos más pequeños se convierten en estructuras mayores que, en última instancia, determinan la vida útil de un material”.
Los investigadores quieren relacionar esos daños microscópicos con el comportamiento de piezas completas para predecir de forma confiable cuánto tiempo podría funcionar un componente dentro de un reactor.
Los dos trabajos apuntan a la misma conclusión desde lugares distintos: en la fusión nuclear, los materiales no son una simple carcasa. Pueden modificar la frecuencia de la reacción y, al mismo tiempo, decidir cuánto dura la máquina que intenta contenerla. El salto entre una prueba de laboratorio y una planta capaz de producir electricidad sigue siendo enorme, pero el problema ya tiene una definición más precisa: controlar la materia será tan importante como controlar el plasma.