La atmósfera de Betelgeuse aparece más alargada o más redonda según la posición prevista de una posible estrella compañera. Un equipo que analizó observaciones de los radiotelescopios ALMA y VLA encontró una relación compatible con la idea de que esa compañera, llamada Siwarha, perturba el gas de la supergigante roja. Las imágenes de radio no muestran directamente a Siwarha ni prueban por sí solas que sea la causa.
El trabajo, dirigido por Lynn D. Matthews, del Observatorio Haystack del MIT, utilizó observaciones obtenidas entre 2021 y 2026 en siete frecuencias. Cada una permite estudiar una profundidad distinta de la atmósfera de Betelgeuse, situada en la constelación de Orión. El artículo fue publicado en septiembre en The Astronomical Journal y el Observatorio ALMA explicó sus resultados el 30 de octubre.
Una forma que cambia con la posición prevista de Siwarha
Los investigadores ajustaron las señales de radio a un modelo de disco elíptico para comparar cuánto se apartaba su contorno de un círculo. En las mediciones del VLA a 22 gigahercios, esa diferencia fue de 2.9% en los datos combinados de septiembre de 2023, 10.4% en octubre de 2024 y 1.6% en abril de 2026.
Esas cifras describen la forma aparente de la región emisora, no un cambio equivalente en el tamaño de toda la estrella. En 2024, el modelo orbital situaba a Siwarha cerca de su máxima separación aparente respecto de Betelgeuse; en otras fases, cuando la compañera debería pasar por delante o por detrás, el contorno tendía a verse más redondo.
El equipo encontró una correlación al comparar las observaciones nuevas y otras anteriores con la fase orbital calculada. Su interpretación es que una compañera tan cercana podría alterar la densidad y la estructura del gas, aunque serán necesarias más observaciones para ponerla a prueba.
"Esta compañera orbita tan cerca de la estrella que, de hecho, atraviesa su extensa atmósfera", explicó Matthews en el comunicado de ALMA.
Qué muestran las imágenes y qué queda por comprobar
Siwarha es demasiado tenue para que el VLA y ALMA la detectaran directamente en estas observaciones. Además, los autores no encontraron cerca de su posición prevista una variación localizada de brillo o una asimetría que pudieran vincular de manera inequívoca con ella.
También observaron que la orientación del alargamiento cambiaba entre frecuencias. Una posibilidad es que cada banda registre una parte distinta de una perturbación tridimensional, como una estela de gas, pero el equipo necesita mediciones en más momentos de la órbita para comprobarlo. La imagen publicada por ALMA junto al comunicado es una ilustración de esa interacción propuesta.
Hay otras pistas, obtenidas con métodos diferentes. En enero de 2026, un equipo que utilizó el telescopio espacial Hubble y observatorios terrestres interpretó cambios en la luz de Betelgeuse como indicios de una estela de gas asociada a la compañera. El análisis de Matthews añade la comparación de la forma del disco de radio con una órbita prevista.
Por su parte, el Observatorio Europeo Austral comunicó en julio que el Very Large Telescope había obtenido una imagen de lo que probablemente es Betelgeuse B, otra designación para la candidata. Esa observación óptica y las mediciones de radio responden a preguntas distintas: una busca distinguir a la compañera; las otras estudian el gas alrededor de la supergigante.

Una atmósfera con capas a distintas temperaturas
Las observaciones también permiten comparar la estrella con el periodo anterior al Gran Oscurecimiento de finales de 2019 y comienzos de 2020. A 22 y 44 gigahercios, las temperaturas de brillo medias volvieron a valores habituales para esas frecuencias, después de los mínimos registrados en 2019.
La temperatura de brillo expresa la temperatura equivalente a la radiación recibida por el telescopio. En los datos estudiados alcanza aproximadamente 3,500 kelvin a una distancia proyectada del centro de unas 2.7 veces el radio de la estrella. Más cerca de la superficie visible, a unos 1.2 radios, la medición de ALMA es de alrededor de 2,220 kelvin.
El descenso confirma indicios previos de una región más fría entre la superficie visible y la cromosfera, una capa exterior de la atmósfera. El resultado coincide en distancia y temperatura con estimaciones anteriores de una zona molecular conocida como MOLsphere, aunque las observaciones de radio y las infrarrojas miden propiedades diferentes.
La recuperación en dos frecuencias no significa que toda la atmósfera haya regresado exactamente a su estado anterior. El estudio apunta a posibles cambios en su estructura y advierte que los datos disponibles no permiten atribuirlos de manera concluyente al Gran Oscurecimiento. Seguir la forma y la temperatura de estas capas a lo largo de más fases orbitales ayudará a determinar cuánto influye la compañera en el gas que rodea a Betelgeuse.
