BepiColombo ya vuela sin el motor que la impulsó durante ocho años. La Agencia Espacial Europea detalló este 7 de septiembre de 2026 cómo salió la maniobra del 3 de septiembre, cuando el Módulo de Transferencia a Mercurio (MTM) se desprendió del conjunto y dejó a los dos orbitadores científicos, el MPO europeo y el Mio japonés, camino de su destino. La confirmación llegó al centro de control de Darmstadt a las 15:49 CEST, casi dos horas después de la hora prevista para el desacople y desde 200 millones de kilómetros de distancia. Con eso arrancó la parte difícil. El 21 de noviembre, la propulsión química del MPO tiene que frenar a la pareja lo suficiente para que la gravedad de Mercurio la capture.
El equipo comandó la separación sin poder corregirla en tiempo real
El Módulo de Transferencia no era un accesorio. Llevó a la misión desde la Tierra, le dio energía y la movió con propulsión eléctrica solar: xenón convertido en plasma y expulsado por cuatro propulsores iónicos, un empuje suave y continuo durante días o semanas que gasta mucho menos propelente que la propulsión química. Ese sistema se apagó el 15 de junio de 2026 y con eso terminó la misión principal del módulo, del tamaño de un auto pequeño y con dos alas solares de 15 metros.

El 3 de septiembre el equipo de control dio el visto bueno a las 12:00 CEST. La separación estaba calculada para las 14:00 y a las 14:20 una señal Doppler preliminar dio el primer indicio de que había ocurrido. La confirmación firme llegó a las 15:49, cuando las antenas de espacio profundo de Cebreros, en España, y Malargüe, en Argentina, engancharon la telemetría. En ese lapso, el conjunto restante entró en modo seguro, corrigió su orientación y se reconfiguró antes de reportar su estado a la Tierra.
Separar dos naves a esa distancia, dijo el responsable de operaciones de la nave en la ESA, Ignacio Clerigo, "no es algo que hagamos todos los días". La propia agencia subrayó el punto que define esta fase: una separación crítica a más de 200 millones de kilómetros exige planeación, navegación y comandos precisos, sin ninguna posibilidad de intervenir mientras ocurre.
El 21 de noviembre entra en juego un sistema que nunca operó así
Tras soltar el MTM, a BepiColombo todavía le faltaban más de tres millones de kilómetros para llegar a Mercurio. Los dos orbitadores siguen unidos, y ahora es el MPO el que alimenta al conjunto y lo mueve con su propio sistema de propulsión química hasta que Mio se separe en diciembre.
Ahí está la incógnita. "Veremos por primera vez en funcionamiento sistemas que no hemos podido probar completamente", dijo Ignacio Tanco, jefe de operaciones de misiones al sistema solar interior de la ESA, en declaraciones a CNN. Tanco comparó el arranque de esta fase con lanzar una nave nueva, con la diferencia de que esta orbitará otro planeta.
La ruta tampoco es la original. Una avería redujo la potencia que los paneles solares del MTM podían entregar y obligó a los equipos a rediseñar la trayectoria a medio camino para mantener la llegada en pie. La ESA describe la fase de llegada como una de las secuencias de aproximación planetaria más complejas que ha intentado, y no como un solo evento: son seis meses de maniobras encadenadas.
El calendario que maneja la agencia reparte esa llegada en cinco momentos.
| Fecha | Etapa |
|---|---|
| 3 de septiembre de 2026 | Separación del Módulo de Transferencia. Confirmada. |
| 21 de noviembre de 2026 | El conjunto MPO y Mio entra en órbita de Mercurio. |
| 9 y 10 de diciembre de 2026 | Mio se separa del MPO. |
| Marzo de 2027 | El MPO alcanza su órbita científica final. |
| Abril de 2027 | Empieza la fase científica de los dos orbitadores. |
Mercurio sigue siendo el planeta interior peor conocido
Solo dos misiones se le han acercado: los sobrevuelos de la Mariner 10 en 1974 y 1975, y la MESSENGER de la NASA, que llegó en 2011 y trabajó cuatro años. La cercanía al Sol explica buena parte de la dificultad, con temperaturas de alrededor de 430 grados Celsius en la superficie durante el día, según datos de la NASA citados por CNN.
MESSENGER dejó preguntas abiertas. Una son las cavidades, depresiones brillantes de bordes escarpados que no se han encontrado en ningún otro planeta del sistema solar y que se formaron sin viento ni agua de por medio. Geraint Jones, científico principal del proyecto BepiColombo en la ESA, explicó a CNN que la superficie da la impresión de estar erosionándose en esas zonas y que quizá se puedan observar cambios con el tiempo. La otra es la densidad: Mercurio es demasiado denso para su tamaño, y la hipótesis que maneja Jones es que un planetesimal grande le arrancó la corteza exterior hace unos 4,500 millones de años.
También quedaron huecos de cobertura. La órbita de MESSENGER le permitió ver el hemisferio norte con mucho más detalle que el sur, y su método para identificar minerales dependía de rocas ricas en hierro, un elemento que resultó escaso en la superficie del planeta. El MPO carga 11 instrumentos y una tecnología distinta, capaz de leer esas rocas sin hierro de por medio.
El reparto de tareas ya está definido. El MPO se ocupará del planeta, es decir relieve, minerales de la corteza, campo gravitatorio, cavidades y depósitos volcánicos. Mio mirará el entorno: la magnetosfera, la delgada exosfera y el polvo que rodea a Mercurio. Los dos llevan instrumentos de campo magnético y podrán medir al mismo tiempo desde puntos distintos, una ventaja frente a los datos de un solo lugar con los que se ha trabajado hasta ahora. La mayoría de esos instrumentos, sin embargo, no entra en operación hasta que los orbitadores se separen: la configuración con la que viajaron los mantuvo sin uso.
Si el frenado del 21 de noviembre sale como está calculado, en abril de 2027 habrá por primera vez dos naves independientes trabajando a la vez alrededor de Mercurio. Hasta entonces la misión depende de maniobras que se comandan por adelantado y que nadie puede corregir mientras ocurren.