Los cambios habituales en la duración y los horarios del sueño se asociaron con más problemas cardiovasculares en un estudio de 10,362 adultos de Estados Unidos. La investigación observó patrones durante meses, por lo que no demuestra que una noche fuera de rutina cause un infarto o aumente por sí sola el riesgo en una cifra determinada.
El artículo de Anh Khoa Tran y Minh Tuan Viet Nguyen apareció el 2 de noviembre en la revista Circulation: Population Health and Outcomes. Sus autores combinaron registros de dispositivos Fitbit con expedientes médicos de participantes del programa de investigación All of Us.
Qué significa la cifra de 29 minutos
El equipo evaluó el sueño durante 180 días, con al menos 90 noches válidas por participante. Después siguió a los participantes durante una mediana de 3.7 años. En ese periodo, 230 personas desarrollaron alguno de los problemas incluidos en el resultado cardiovascular combinado: infarto, insuficiencia cardíaca, enfermedad del músculo cardíaco o accidente cerebrovascular isquémico.
Por cada 29 minutos más de variación en la duración del sueño de una noche a otra, los investigadores estimaron una tasa de aparición de esos eventos un 24 % mayor. Los 29 minutos corresponden a una desviación estándar de esa medida de variabilidad en la muestra. También encontraron asociaciones al analizar cuánto cambiaban las horas de acostarse y despertarse.
La comparación describe diferencias entre patrones de sueño medidos durante meses. El 24 % es una medida relativa estimada, no un aumento de 24 puntos porcentuales en la probabilidad de cada persona. El intervalo de confianza del 95 % abarcó aumentos relativos de entre el 9 % y el 41 %. El total de 230 casos describe a toda la muestra; no indica el riesgo absoluto de cada grupo de sueño.
Lo que el estudio puede y no puede mostrar
Los autores ajustaron sus cálculos por características demográficas, situación socioeconómica, hábitos y otras condiciones de salud. También excluyeron los diagnósticos registrados en los 180 días posteriores al período de medición para reducir la posibilidad de que una enfermedad previa explicara los cambios de sueño. Aun así, un estudio observacional no puede descartar todos los factores que influyen en ambos.
La mayoría de los participantes eran mujeres y el 81.6 % se identificó como población blanca, según la American Heart Association (AHA). Además, los dispositivos estimaron las etapas del sueño en casa, en vez de medirlas con el equipo de un laboratorio de sueño. Esas características limitan la extrapolación de algunos resultados a otras poblaciones y a otras formas de medición.
Marie-Pierre St-Onge, investigadora del sueño de la Universidad de Columbia que no participó en este trabajo, advirtió en el comunicado de la AHA que "aún no contamos con datos que respalden un efecto causal e independiente de la regularidad del sueño" en el riesgo cardiovascular.
Un estudio anterior de 72,269 adultos del Reino Unido también encontró una asociación entre sueño irregular y eventos cardiovasculares. Publicado en 2025, midió la regularidad durante siete días y siguió a los participantes durante ocho años. Era igualmente observacional.
Dormir de forma regular y suficiente
En el nuevo análisis, la duración media del sueño no mostró una asociación concluyente con el resultado cardiovascular combinado. Ese resultado por sí solo no establece que dormir suficientes horas sea irrelevante para la salud.
El Instituto Nacional del Corazón, los Pulmones y la Sangre de Estados Unidos recomienda reservar tiempo suficiente para dormir y procurar horarios semejantes entre semana y el fin de semana. También reconoce que los turnos laborales pueden dificultar el descanso y plantea consultar con un profesional de salud cuando persisten las dificultades para adaptarse.
El trabajo se presentará en las sesiones científicas de la AHA del 6 al 9 de noviembre. Aunque la asociación describió el resumen del congreso como preliminar, el artículo con los resultados de la misma cohorte ya se publicó en una revista científica el 2 de noviembre.