La cueva de La Garma, en Cantabria, España, conserva los restos de una vivienda de hace unos 16,800 años en apenas 5 metros cuadrados. La distribución de los materiales permite investigar las actividades de sus ocupantes manteniendo el suelo arqueológico en su lugar.
La Universidad de Cantabria difundió el inventario de 4,614 objetos y restos el 1 de diciembre de 2023, tras la presentación del trabajo dirigido por Pablo Arias y Roberto Ontañón. En septiembre de 2026, la institución detalló los métodos digitales empleados para estudiar y conservar estos espacios.
Herramientas y adornos alrededor de una hoguera
La planta oval estaba delimitada por piedras y estalagmitas. Según la interpretación del equipo, esos apoyos sujetaban una estructura de palos y pieles junto a la pared de la cueva. En el centro había una pequeña hoguera.
Los huesos de ciervos, caballos y bisontes constituían la mayor parte del inventario. También había 600 piezas de sílex, agujas y un protoarpón. Los materiales aportan evidencias de fabricación de utensilios, procesamiento de animales y trabajo de pieles.
Entre los adornos y huesos decorados destaca una falange de uro perforada, con grabados de ese animal y de un rostro humano.
Conservar la posición también conserva información
El cierre de la entrada original de la galería inferior, a finales del Pleistoceno, permitió que los materiales permanecieran sobre la superficie. El artículo científico del equipo describe un trabajo que prioriza el estudio en el propio lugar y reduce la manipulación para proteger ese contexto.
El 18 de septiembre de 2026, la Universidad de Cantabria explicó que el sistema integra modelos obtenidos mediante escaneo 3D y fotogrametría, una técnica que reconstruye superficies a partir de fotografías. También incorpora mapas del campo magnético y análisis de ácidos grasos y restos botánicos para detectar indicios que no se ven a simple vista.

El procedimiento está descrito en un artículo de Advances in Archaeological Practice, publicado en línea el 19 de septiembre de 2025 y encabezado por Carlos García-Noriega. Cada resto se fotografía y se vincula a un registro espacial. Cuando es necesario manipularlo para estudiarlo, se devuelve a su posición original.
Los investigadores documentaron más de 500 modelos fotogramétricos del área estudiada y de sus materiales. Esas réplicas permiten analizar piezas y probar cómo encajan fragmentos sin acceder físicamente al yacimiento en cada consulta.
La vivienda forma parte de un conjunto mucho mayor: en septiembre de 2026, la universidad situó el inventario de La Garma en más de 213,000 piezas. Conservar la ubicación de los materiales permite seguir estudiando cómo se usaron los distintos espacios de la cueva.