Una sesión semanal de sentadillas isométricas contra la pared ayudó a conservar parte de la reducción de la presión arterial sistólica durante cuatro semanas en un ensayo con 100 adultos. Los participantes de ese grupo habían entrenado primero tres veces por semana durante un mes; quienes mantuvieron esa frecuencia obtuvieron una reducción mayor.
El estudio, publicado el 29 de septiembre en BMJ Open Sport & Exercise Medicine, analizó un ejercicio que consiste en mantener una posición fija mientras se contraen los músculos. Sus resultados describen cambios a corto plazo y no establecen que empezar con una sola sesión semanal produzca el mismo efecto.
Dos etapas, distintas frecuencias
Los investigadores asignaron a los participantes a cinco grupos. Cuatro realizaron inicialmente sentadillas en pared tres veces por semana durante cuatro semanas; el quinto actuó como grupo de control y no siguió el entrenamiento. Antes de comenzar, los investigadores determinaron individualmente la intensidad de los ejercicios.
Durante las cuatro semanas siguientes, los grupos que habían entrenado siguieron con tres, dos, una o ninguna sesión semanal. Cada sesión incluía cuatro periodos de sentadilla, separados por descansos sentados. La presión arterial se midió al inicio, a las cuatro semanas y al finalizar la octava.
Al final del ensayo, la presión sistólica promedio había bajado desde el inicio 13,73 mmHg en el grupo que continuó con tres sesiones semanales, 6,95 mmHg en el de dos y 6,56 mmHg en el de una. La presión sistólica es el primer número de una lectura y refleja la presión cuando el corazón se contrae.
Quienes dejaron de entrenar perdieron la reducción inicial: al terminar el estudio, sus valores ya no diferían significativamente de los del grupo de control. Los investigadores también observaron que solo el grupo de tres sesiones conservó mejoras en otras mediciones cardiovasculares.
Qué no demuestra el estudio
Los 100 participantes tenían presión sistólica entre 120 y 140 mmHg, realizaban poca actividad física y no tomaban ni habían tomado medicamentos para la presión arterial. Por eso, los resultados no se pueden trasladar directamente a personas tratadas por hipertensión u otros grupos que no fueron estudiados.
Además, la fase de mantenimiento duró solo cuatro semanas y ni los participantes ni el investigador que dirigió el ensayo pudieron desconocer la asignación de los grupos. Hace falta investigación de mayor duración y en poblaciones más diversas para saber si los efectos se mantienen y a quiénes benefician.
El ejercicio no sustituye los medicamentos recetados. Quien tenga hipertensión, enfermedad cardiovascular u otras limitaciones puede consultar con un profesional de salud antes de iniciar o modificar una rutina; cualquier cambio de tratamiento debe hacerse con su equipo médico.
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