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Bezos y Trump: del pleito a los contratos para Amazon y Blue Origin

Amazon y Blue Origin suman más de 20.000 millones en contratos federales mientras Bezos estrecha lazos con Trump.

por Dilis Salazar
Bezos y Trump: del pleito a los contratos para Amazon y Blue Origin

TL;DR:

  • Bezos pasó de enemigo público de Trump en su primer mandato a colaborador en el segundo, con gestos como el millón de dólares para la investidura y un documental sobre Melania Trump.
  • Amazon y Blue Origin acumulan más de 20.000 millones de dólares en contratos federales vigentes, según el Financial Times.
  • El relato del "premio" no cuadra del todo: los mayores contratos de Blue Origin son previos a 2025 y en 2026 la empresa sufrió una falla de lanzamiento y la explosión de un cohete en Cabo Cañaveral.

Jeff Bezos y Donald Trump se pasaron años lanzándose golpes. Hoy cooperan, y las empresas del fundador de Amazon hacen cada vez más negocio con el gobierno de Estados Unidos. Esa es la lectura que publicó esta semana The Wall Street Journal: el deshielo entre ambos coincidió con más contratos federales para Amazon y para su compañía espacial, Blue Origin. Las cifras sostienen buena parte del relato. Juntas, las dos firmas acumulan más de 20.000 millones de dólares en contratos federales vigentes, según el Financial Times, entre ellos el programa lunar de la NASA y servicios de nube para una agencia de inteligencia. Lo que resiste menos el examen es la relación de causa y efecto.

Del "Jeff Bozo" a la primera fila en la investidura

Durante su primer mandato, Trump trató a Bezos como adversario. Lo apodó "Jeff Bozo", acusó a Amazon de evadir impuestos y pintó al Washington Post, el diario que Bezos compró en 2013, como una fábrica de noticias falsas. El choque más caro llegó en 2019: el Pentágono adjudicó a Microsoft el contrato de nube militar JEDI, valuado en 10.000 millones de dólares, y Amazon demandó al gobierno alegando que Trump había torpedeado su oferta por rencor personal. La demanda citaba comentarios atribuidos al presidente sobre cómo perjudicar a Bezos. El gobierno reabrió el proceso y, ya con Joe Biden en la Casa Blanca, canceló JEDI por completo; el reemplazo se repartió entre Amazon, Microsoft, Google y Oracle.

El exdirector del Post, Marty Baron, resumió el costo de esa guerra al Financial Times: en la redacción se bromeaba con que comprar el diario no le había salido a Bezos en 250 millones de dólares, sino en 10.000.

El cortejo: llamadas, donaciones y un documental de 40 millones

El giro empezó a fraguarse en el verano de 2024. En una llamada en julio, Bezos felicitó a Trump por su reacción tras el atentado en Butler, Pensilvania, y hasta le recomendó a Doug Burgum como candidato a vicepresidente, según reportó Axios. En octubre, Bezos frenó el editorial del Washington Post que respaldaba a Kamala Harris, una decisión que provocó la cancelación de más de 200.000 suscripciones. Amazon donó un millón de dólares a la investidura. Y en enero de 2025, Bezos ocupó la primera fila de la ceremonia, junto a Mark Zuckerberg, Sundar Pichai y Elon Musk, con Prime Video transmitiendo el acto en vivo.

Los guiños no pararon ahí. Amazon pagó 40 millones de dólares por un documental sobre Melania Trump, casi el triple de lo que ofreció Disney, con cerca de 28 millones destinados directamente a la primera dama, según el Financial Times. La plataforma también compró los derechos para reponer viejos episodios de The Apprentice, el reality que Trump condujo entre 2004 y 2017. En febrero de 2025, Bezos instruyó que la sección de opinión del diario publicara solo textos sobre libertades personales y libre mercado.

El propio Bezos había dejado clara su disposición meses antes. En una entrevista en el DealBook Summit de The New York Times, en diciembre de 2024, explicó por qué pensaba colaborar con el presidente electo:

"Parece tener mucha energía para reducir la regulación. Si puedo ayudarlo con eso, lo voy a ayudar, porque tenemos demasiada regulación en este país", dijo Jeff Bezos.

En esa misma charla calificó a Blue Origin como el mejor negocio en el que se ha involucrado, con potencial de superar incluso a Amazon. Para una empresa que todavía depende de contratos públicos, la cercanía con quien reparte esos contratos no es un detalle menor.

Los contratos que sí crecieron con Trump en el poder

La empresa que más terreno ganó fue Blue Origin. En abril de 2025, ya con Trump en la Casa Blanca, la Space Force la incluyó como tercer proveedor en la fase 3 del programa National Security Space Launch: tiene previstas siete misiones por unos 2.400 millones de dólares hasta 2030, en un reparto donde SpaceX se quedó con la porción más grande. La NASA ya le había adjudicado antes, en 2023, 3.400 millones para construir el módulo de aterrizaje lunar Blue Moon del programa Artemis. Y en noviembre de 2025, Blue Origin lanzó su primera misión para la agencia, la sonda ESCAPADE rumbo a Marte, con su cohete New Glenn.

El otro pilar lo pone Amazon. Su brazo de nube, AWS, mantiene un contrato de 10.000 millones de dólares con la Agencia de Seguridad Nacional. Sumando ambas compañías, los contratos federales vigentes rebasan los 20.000 millones, según datos citados por el Financial Times. La huella de Bezos en el presupuesto público, lejos de encogerse tras el pleito, creció.

Por qué la historia del "premio" no cuadra del todo

Conviene bajar el volumen del relato fácil. Los contratos de defensa y de la NASA se adjudican por concurso, con requisitos técnicos y certificaciones de por medio, no por afinidad con el presidente. Y los mayores triunfos de Blue Origin son anteriores al segundo mandato de Trump: su primer contrato militar de lanzamiento data de 2024 y el módulo lunar, de 2023.

Hay más grietas en la tesis del negocio redondo. La fortuna personal de Bezos cayó cerca de 30.000 millones de dólares en los primeros meses de 2025, según el índice de multimillonarios de Bloomberg. Y la relación no ha estado libre de fricción: en abril de ese año, un reporte sobre la posibilidad de que Amazon mostrara el costo de los aranceles junto al precio final irritó a Trump. El presidente llamó a Bezos, la idea se descartó, y luego contó a la prensa que el empresario "resolvió el problema muy rápido".

El propio deshielo carga con imágenes incómodas. El mismo día de octubre de 2024 en que Bezos frenó el respaldo a Harris, Trump se reunió en Texas con el director ejecutivo de Blue Origin, Dave Limp, y con la vicepresidenta de relaciones con el gobierno de la empresa. Bezos aseguró que fue una coincidencia, que ni él ni Limp conocían el encuentro con antelación, y negó cualquier conexión entre ambos hechos. Robert Kagan, exmiembro de la junta editorial del Post que renunció por el episodio, lo leyó al revés y habló abiertamente de un "quid pro quo". El lector se queda con las dos versiones.

Y 2026 no ha sido amable con Blue Origin. En abril, una falla en la etapa superior del New Glenn arruinó el despliegue de satélites de un cliente. El 28 de mayo, un cohete estalló durante una prueba de encendido en Cabo Cañaveral y dañó la plataforma de lanzamiento; la Space Force confirmó que la compañía sigue habilitada para competir, pero la reconstrucción del complejo puede tardar meses. Bezos, que durante años financió Blue Origin vendiendo acciones de Amazon, evalúa por primera vez buscar inversión externa, según el Financial Times.

El patrón rebasa a Bezos: Zuckerberg, Pichai y Sam Altman también limaron asperezas con Trump y aportaron a su investidura. Lo que vuelve distinto el caso de Amazon y Blue Origin es la escala del dinero público en juego: contratos de nube para inteligencia militar y miles de millones en lanzamientos espaciales. Ahí, la frontera entre cercanía política y adjudicación federal se vuelve borrosa, y esa incomodidad es la que deja al descubierto el reporte del Journal.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Dilis Salazar

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