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Un choque de asteroides hace 800 millones de años explicaría los cráteres de la Luna

Un choque en el cinturón de asteroides hace 800 millones de años explicaría los cráteres de la Luna, según el SwRI.

por Alejandro Castillo Leone
An artistic representation of the solar system showing planets orbiting the sun.
Foto de Zelch Csaba en Pexels

TL;DR:

  • El cuerpo padre de la familia Eulalia, de más de 100 kilómetros, se partió pegado a la resonancia 3:1 con Júpiter, la salida natural del cinturón de asteroides.
  • Hasta la mitad de los fragmentos entró a esa resonancia de inmediato y el resto fue llegando por el efecto Yarkovsky, hasta sumar tres cuartas partes de la familia en unos 150 millones de años.
  • Siete cráteres lunares comparten edades modeladas entre 760 y 820 millones de años, encabezados por Copérnico, de 93 kilómetros.

Un equipo del Southwest Research Institute (SwRI) cree haber identificado al responsable de un viejo desorden en el registro lunar: la ruptura de un asteroide de más de 100 kilómetros, el cuerpo padre de la familia Eulalia, hace unos 800 millones de años. El estudio, encabezado por William Bottke y publicado en The Planetary Science Journal, ubica ese choque justo al lado de una compuerta gravitacional que controla Júpiter, por donde la metralla salió disparada hacia el sistema solar interior. Ahí estuvo cayendo sobre la Luna, la Tierra y Marte durante los siguientes 150 millones de años.

El choque ocurrió en el único lugar donde importaba

Las colisiones catastróficas en el cinturón principal pasan seguido. Lo que casi nunca pasa es que ocurran pegadas a una resonancia.

La resonancia 3:1 con Júpiter es una franja del cinturón donde un asteroide da tres vueltas al Sol por cada vuelta que completa el planeta gigante. Ese compás repetido acumula tirones gravitacionales hasta deformar la órbita y empujar al cuerpo a cruzar la ruta de los planetas. Los especialistas la escriben J3:1 y la tratan como la salida de emergencia del cinturón: por ahí llegó buena parte de los asteroides cercanos a la Tierra que se vigilan hoy.

El cuerpo padre de Eulalia se rompió en el borde mismo de esa salida. Según las simulaciones del equipo, hasta la mitad de los fragmentos entró a la resonancia de inmediato. Los demás fueron llegando con calma, arrastrados por el efecto Yarkovsky, la fuerza mínima que aparece cuando un asteroide reemite como calor la luz solar que absorbió y ese desbalance le corre la órbita a lo largo de millones de años. Entre las dos rutas, alrededor de tres cuartas partes de la familia terminó en la J3:1 dentro de una ventana de unos 150 millones de años.

El modelo también pide números concretos: para levantar un cráter del tamaño de Copérnico, varios miles de cuerpos de cuatro a cinco kilómetros tuvieron que alcanzar la resonancia en ese plazo.

Siete cráteres lunares con la misma fecha

En la Tierra este rastro simplemente no existe. Los volcanes fabrican corteza nueva, la tectónica reacomoda continentes y fondos oceánicos, la erosión limpia lo que queda arriba. De las pocas decenas de cráteres terrestres mayores a 20 kilómetros catalogados, casi todos son más jóvenes que 650 millones de años.

La Luna sí lo guarda todo.

Superficie de la Luna cubierta de cráteres de impacto vista en detalle
Imagen ilustrativa. Sin placas tectónicas ni atmósfera densa, la superficie lunar conserva golpes que en la Tierra desaparecieron hace cientos de millones de años. · Foto de Antonio Moura en Pexels

El cráter Copérnico, de 93 kilómetros, funciona como reloj de calibración: los astronautas del Apolo 12 recogieron material de uno de sus rayos brillantes y la datación arrojó 800 millones de años. Alrededor de esa fecha aparecen otros seis, con edades modeladas entre 760 y 820 millones: Lowell, Das, Godin, Saha, Stefan y Al-Khwarizmi.

Tres registros que no dependen entre sí apuntan a la misma ventana temporal:

  • Las edades modeladas de los cráteres lunares grandes, deducidas de la densidad de cráteres pequeños superpuestos sobre ellos.
  • Los vidrios de impacto traídos por las misiones Apolo, esferillas de menos de un milímetro que se forman cuando el calor del golpe funde la roca, y cuyas dataciones se amontonan cerca de los 800 millones de años.
  • Las edades de desgasificación por choque medidas en meteoritos de los grupos H, L y LL, que registran calentamientos violentos en ese mismo periodo.

La Tierra recibió veinte golpes por cada uno de la Luna

Nuestro planeta es mucho más grande y su gravedad atrae más material. Una regla empírica que el propio estudio retoma, calculada a partir de las secciones eficaces gravitacionales de ambos cuerpos, indica que por cada impacto lunar cayeron cerca de veinte iguales o mayores en la Tierra. Traducido a este episodio: llegó una tanda de proyectiles del calibre del que abrió Copérnico, o más grandes.

Cráteres de aquello ya no hay dónde buscarlos. Coincidencias, sí. Hace 800 millones de años el registro isotópico del carbono da un vuelco conocido como anomalía de Bitter Springs, los océanos entraron en anoxia generalizada y la vida eucariota marina se diversificó. Después, con el bombardeo todavía en curso, arrancaron las glaciaciones de la "Tierra bola de nieve", con el episodio Esturtiense entre 717 y 660 millones de años.

Bottke pone el listón donde corresponde: hasta hoy, el único impacto atado con firmeza a un efecto concreto sobre la vida es Chicxulub, el cráter sepultado bajo la península de Yucatán y asociado a la extinción de los dinosaurios hace 66 millones de años. Todo lo demás vive en terreno de hipótesis, empezando por lo que él mismo propone.

"Es tentador sugerir que lo primero produjo lo segundo", dijo Bottke sobre la coincidencia entre el pico del bombardeo y los cambios en la biosfera.

Marte, Venus y el límite de lo que el estudio puede probar

El artículo marca esa frontera sin rodeos. La reconstrucción de la familia Eulalia, su edad, su distribución de tamaños y el flujo de impactos que produjo descansan en modelos de colisiones y de dinámica orbital calibrados contra catálogos de cientos de miles de asteroides. La sección que enlaza ese bombardeo con la biosfera terrestre, el vulcanismo marciano y la superficie de Venus va declarada por los autores como material especulativo, escrito para orientar investigaciones futuras.

⚠️
El estudio no demuestra que los impactos causaran los cambios climáticos ni biológicos de hace 800 millones de años. Los autores presentan esa parte como coincidencia temporal y como hipótesis a comprobar, separada del modelado orbital que constituye el núcleo del trabajo.

Ahí caben las piezas más llamativas. En Marte, el pico de formación de grandes calderas volcánicas cae cerca de los 800 millones de años, y el equipo plantea que las sacudidas sísmicas de impactos repetidos pudieron desestabilizar depósitos de magma. En Venus, la edad promedio estimada de la superficie ronda los 650 millones de años, y los autores dejan abierta la posibilidad de que el mismo enjambre de escombros haya disparado el episodio volcánico que reescribió el planeta entero. Ninguna de las dos cosas está probada.

Un detalle vuelve la hipótesis comprobable en laboratorio. Eulalia y New Polana son las dos familias candidatas en la literatura a haber producido a Bennu y Ryugu, los asteroides de los que OSIRIS-REx y Hayabusa2 trajeron muestras, con los modelos previos favoreciendo ligeramente a New Polana en una proporción de 70 a 30. Esas muestras coinciden con las condritas CI, las meteoritas más primitivas conocidas, que es justo el tipo de proyectil que un análisis de 1973 sobre material del Apolo 12 había sugerido para Copérnico. Si el vínculo aguanta, en los laboratorios de la NASA y de la JAXA hay gramos del mismo escombro que golpeó a la Luna.

La compuerta J3:1 sigue en su sitio y sigue exportando asteroides hacia órbitas que cruzan la nuestra. Lo que cambia con este trabajo no es el riesgo, que es el de siempre, sino la escala a la que conviene leerlo: un solo choque bien colocado en el cinturón puede fijar el ritmo de impactos de todo el sistema solar interior durante cien millones de años.

Fuentes: 1, 2, 3

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por Alejandro Castillo Leone

Soy un amante del arte y la cultura. Desde el 2021 dirijo una web dedicada a la historia de mi país y he emprendido la misión de vivir para la cultura, alimentándome principalmente del ámbito Hispanoamericano.

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