Saltar al contenido
Medicina

Stanford revisa los efectos atribuibles a la COVID prolongada en registros médicos

Un análisis de seguros halló menos desenlaces vinculados a la infección con un grupo de comparación distinto. Los autores advierten que el resultado no mide una caída en el número de pacientes.

por Gerardo Pavez
Three-panel illustration comparing magnetic spin patterns in materials, showing arrows and glowing field lines on panels arranged in a triptych.
Foto: Stanford University, términos de uso, vía news.stanford.edu

Un equipo de Stanford encontró que la elección del grupo de comparación cambia de forma considerable los efectos de salud que un análisis de seguros atribuye a la COVID prolongada. En la misma base de datos, el método del equipo identificó un 98 % menos de desenlaces atribuibles a la infección entre cuatro y doce meses después que un enfoque convencional. Los investigadores advierten que ese porcentaje no significa que haya un 98 % menos de personas con COVID prolongada.

La investigación, publicada el 27 de octubre en Proceedings of the National Academy of Sciences (PNAS), parte de una base de reclamaciones de seguros con información de más de 244 millones de pacientes en Estados Unidos, según Stanford. Esa cifra describe la base de datos y no precisa cuántas personas integraron los grupos comparados.

Stanford señala que la base contiene 14,400 millones de registros de seguros; SBS News informa de 4,400 millones. Las fuentes consultadas no aclaran esa diferencia.

El efecto del grupo de comparación

La universidad explica que algunos análisis anteriores compararon a personas que dieron positivo con otras que nunca recibieron un diagnóstico, incluidas personas que no se hicieron la prueba. Esos grupos pueden diferir desde el principio: quien acude a hacerse una prueba también puede buscar atención médica con más frecuencia o tener otros problemas de salud registrados.

Para su análisis, los investigadores compararon a personas con resultado positivo y negativo en su primera prueba PCR y usaron un método de control sintético para alinear sus historiales. Según Stanford, la intención era reducir el riesgo de atribuir al virus diferencias que ya existían entre los grupos.

El equipo también puso a prueba ambos enfoques con resultados que la infección no debería causar, como mordeduras de perro o lesiones por rayos. El método anterior produjo asociaciones con esos eventos; el nuevo no las identificó, de acuerdo con la universidad. Esa prueba ayuda a detectar sesgos, aunque no demuestra por sí sola que todas las conclusiones de estudios previos sean incorrectas.

Entre los efectos que el análisis siguió vinculando con la COVID, Stanford menciona enfermedades musculares, neumonía no tuberculosa, problemas respiratorios y neumotórax. La universidad presenta esos resultados como estimaciones a nivel de población, no como un diagnóstico para cada paciente.

Lo que los registros no muestran

Las reclamaciones de seguros no recogen toda la experiencia de una persona. Stanford advierte que síntomas como la fatiga y las dificultades cognitivas pueden no quedar diagnosticados o registrados. Su ausencia en la base no prueba que esos síntomas hayan desaparecido ni resuelve por sí sola cuál es su causa.

Jure Leskovec, profesor de informática en Stanford y uno de los autores, señaló que los resultados deben complementar la evaluación clínica. También planteó que otros estudios poblacionales podrían revisarse con mejores controles.

El médico Paul Griffin, de la Universidad de Queensland, explicó a SBS News que la COVID prolongada puede involucrar numerosos sistemas del organismo y que algunos pacientes se enfrentan a que sus síntomas sean descartados. Para ellos, una comparación estadística no sustituye la valoración de su situación individual.

Fuentes: 1, 2

Gerardo Pavez imagen de perfil
por Gerardo Pavez

Redactor y creador de contenido especializado en deportes y tecnología. Apasionado por todo lo que ocurre dentro y fuera de la cancha.

Leer más de Tecnología y Ciencia