TL;DR:
- Sony Music presentó una segunda demanda contra Udio el 20 de julio de 2026 en Nueva York, por 30,117 grabaciones que la empresa de IA habría usado sin permiso.
- La jugada dispara la exposición potencial de Udio por daños: de unos 50 millones de dólares (con 333 obras en el caso original) a más de 4,500 millones.
- Sony es la única major que sigue en pleito: Universal y Warner ya firmaron licencias con Udio, y Sony usa esos acuerdos como prueba contra la defensa de "uso legítimo".
Sony Music Entertainment volvió a demandar a Udio. La disquera presentó una segunda demanda por infracción de derechos de autor el lunes 20 de julio de 2026 ante la Corte del Distrito Sur de Nueva York, esta vez por 30,117 grabaciones que, según el documento, la empresa de inteligencia artificial copió sin licencia para entrenar sus modelos generativos de música. No es un caso nuevo, sino la respuesta directa a un revés judicial: el 29 de junio, ese mismo tribunal le negó a Sony sumar esas más de 30,000 grabaciones a la demanda que ya mantenía contra Udio desde 2024. El juez reconoció que Sony sí puede reclamar por todas sus obras, aunque no dentro de aquel expediente. Sony captó el mensaje y abrió uno nuevo.
El revés de un juez, convertido en una segunda demanda
Para entender la jugada hay que retroceder unas semanas. Sony demandó a Udio por primera vez en junio de 2024, en un litigio coordinado por la RIAA (la asociación de la industria discográfica de EE. UU.) junto a Universal Music y Warner Music. Con el avance del proceso, Sony consiguió inspeccionar los datos de entrenamiento de Udio y, mediante huella digital de audio, identificó cientos de miles de grabaciones suyas dentro del sistema. Quiso entonces ampliar el caso original: pasar de las 333 obras iniciales a más de 30,000.
El juez Alvin K. Hellerstein dijo que no. En su fallo del 29 de junio concluyó que meter más de 30,000 grabaciones a esas alturas, a semanas de cerrar la fase de pruebas, perjudicaría "sustancialmente" a Udio y alteraría por completo el alcance del caso. Pero dejó una puerta abierta: Sony tenía derecho a reclamar por todas sus obras, solo que "no existe el requisito de que se haga en esta demanda". Sony leyó esa frase como una invitación. La segunda demanda la firma Sony Music Entertainment junto a nueve sellos afiliados, entre ellos Arista Records y LaFace.
La exposición por daños salta de 50 millones a 4,500 millones de dólares
Aquí está el músculo real de la segunda demanda. Sony reclama daños legales de hasta 150,000 dólares por cada obra infringida, más hasta 2,500 dólares por cada acto de elusión de medidas tecnológicas, además de una orden judicial para frenar el uso. Con 333 obras en el caso original, la exposición máxima de Udio rondaba los 50 millones de dólares, de acuerdo con Billboard. Con 30,117 grabaciones sobre la mesa, esa cifra se dispara: multiplicada por el tope legal, supera los 4,500 millones de dólares.
Conviene matizar ese número. Es el máximo teórico que permite la ley estadounidense, no una factura que Udio vaya a pagar ni un monto que Sony tenga asegurado, y los tribunales rara vez conceden el tope por cada obra. Sirve para otra cosa: presionar. Frente a una amenaza de esa magnitud, negociar una licencia deja de ser una opción y empieza a parecer la salida más barata. Es exactamente el camino que ya tomaron los otros dos grandes sellos.

Sony es la única major que no ha firmado con Udio
De las tres grandes disqueras que demandaron a Udio en 2024, quedan pocas en pie de guerra. Universal Music y Warner Music ya cerraron acuerdos de licencia con la empresa y se bajaron del pleito. Udio también firmó con Merlin, Kobalt, Believe y la National Music Publishers' Association. Sony es la única major que sigue sin llegar a un acuerdo, y la única que mantiene viva la demanda.
Lejos de esconder esos acuerdos, Sony los usa como munición. Su argumento es sencillo: si Universal y Warner pagaron por licenciar sus catálogos para entrenar IA, entonces ese mercado existe y el permiso es necesario. Lo plantea sin rodeos en el documento:
"Una empresa que paga por licenciar los mismos insumos en disputa no puede sostener de forma creíble que no exista un mercado para esos insumos, ni que dicho mercado sea demasiado especulativo como para ser reconocido."
El detalle humano no es menor: la relación entre Udio y buena parte de la industria se volvió cordial. Según Music Ally, un alto ejecutivo de Universal llegó a elogiar en público al CEO de Udio, Andrew Sanchez, y describió su actitud como la de alguien que reconoció haber empezado por el camino equivocado y quería enmendarlo. Sony, en cambio, eligió la línea dura.
El pleito de fondo: ¿entrenar una IA con música ajena es "uso legítimo"?
Detrás de las cifras hay una pregunta que ninguna corte estadounidense ha resuelto del todo: ¿puede una empresa alimentar su IA con millones de canciones protegidas sin pedir permiso, amparándose en el "uso legítimo" (fair use)? Esa es la defensa de Udio, la misma que esgrimen casi todas las tecnológicas cuando entrenan modelos con material con derechos.
Sony ataca esa defensa por dos flancos. El primero es el origen del material. La demanda sostiene que Udio consiguió buena parte de las grabaciones descargándolas ilegalmente de YouTube mediante la herramienta YT-DLP, esquivando las protecciones técnicas de la plataforma. Fallos recientes en otros casos de IA han apuntado que el uso legítimo se debilita cuando el material de partida es pirateado. El propio Udio ya reconoció, al responder la demanda original, que obtuvo datos de audio de YouTube y que entrenó sus modelos con una enorme cantidad de grabaciones de distinto tipo, entre ellas, presumiblemente, grabaciones de Sony.
El segundo flanco es el daño al mercado. Sony argumenta que la música sintética que producen estos modelos termina inundando el mercado con contenido hecho por máquinas que compite con las grabaciones reales, las abarata y, a la larga, las ahoga. Es el argumento de la "dilución de mercado", otra vía por la que un tribunal puede tumbar la defensa de uso legítimo. En total, la demanda articula tres cargos: infracción de grabaciones posteriores y anteriores a 1972 (estas últimas amparadas por la Music Modernization Act) y elusión de medidas tecnológicas bajo la ley DMCA.
Para Sony, la reciente conversión de Udio a las licencias no ayuda a su causa, la delata:
"La tardía adopción de licencias por parte de Udio solo subraya la ilegalidad de su decisión de copiar las grabaciones protegidas de las demandantes, sin licencia, desde el primer momento."
El caso no ocurre en el vacío. El rival directo de Udio, Suno, enfrenta demandas paralelas de Universal y Sony en un tribunal de Massachusetts, donde los sellos buscan sumar 61,026 grabaciones, más del doble de las que están en juego contra Udio. Warner ya salió de ese frente tras llegar a un acuerdo con Suno en noviembre de 2025. El patrón se repite: pleito, presión, acuerdo.
Preguntas rápidas sobre la demanda de Sony contra Udio
¿Por qué Sony demandó a Udio otra vez si ya lo estaba demandando?
Porque el juez le negó ampliar la demanda original de 2024 para incluir más de 30,000 grabaciones nuevas, al considerar que era demasiado tarde en el proceso. El mismo fallo aclaró que Sony podía reclamar por esas obras en otro expediente, así que la disquera presentó una segunda demanda independiente.
¿Cuánto dinero podría pagar Udio?
La ley estadounidense permite daños de hasta 150,000 dólares por obra infringida. Con 30,117 grabaciones, la exposición teórica de Udio supera los 4,500 millones de dólares. Es un tope máximo, no un monto garantizado: los tribunales rara vez conceden el máximo por cada obra, y la cifra funciona sobre todo como palanca para negociar.
¿Qué es el 'stream ripping' de YouTube que menciona la demanda?
Es descargar el audio de videos de YouTube sin autorización, esquivando las protecciones técnicas de la plataforma. Sony acusa a Udio de haber obtenido así muchas de las grabaciones con las que entrenó su IA, usando la herramienta YT-DLP. Ese origen pirateado es clave, porque debilita la defensa de 'uso legítimo'.
El desenlace más probable, como en los casos de Universal y Warner, es que Sony termine firmando con Udio, solo que negociando desde una posición más fuerte. Pero mientras eso llega, lo que de verdad está en juego trasciende a Sony: si un tribunal define que entrenar una IA con música ajena sin licencia es o no legal, esa decisión marcará las reglas para toda la industria musical, incluidos los catálogos y artistas en español que hoy alimentan, sin saberlo, a los mismos modelos.