TL;DR:
- Sarah Guo dejó Greylock, donde fue la general partner más joven de su historia, y fundó Conviction en 2022 con un fondo de 100 millones de dólares, apostando a que la IA sería tan grande como la Revolución Industrial.
- De las 21 empresas nativas de IA que superan los 10,000 millones de dólares de valuación con ingresos anuales por encima de los 100 millones, Conviction respaldó seis.
- Su tesis va a contracorriente: los grandes laboratorios (OpenAI, Anthropic, xAI) no pueden construirlo todo, y aún hay espacio para empresas independientes que liberen a los clientes de depender de un solo modelo.
Sarah Guo construyó Conviction hasta convertirla en el fondo de capital de riesgo más cercano a la frontera de la inteligencia artificial. Ahora apuesta contra las ambiciones de sus empresas más grandes. La inversora de 37 años, que fue la general partner más joven en la historia de Greylock Partners antes de lanzar su propia firma en 2022, protagoniza un extenso perfil publicado por la revista Colossus en julio de 2026. Su tesis rema contra el momento: los laboratorios que dominan la IA quieren construirlo todo encima de sus modelos, pero Guo sostiene que no podrán, y que ahí siguen quedando empresas por levantar. El dato que ancla su apuesta: de las 21 compañías nativas de IA que ya superan los 10,000 millones de dólares de valuación con ingresos anualizados por encima de los 100 millones, Conviction respaldó seis.
El contexto es una euforia difícil de exagerar. En los primeros tres meses de 2026, los fondos de capital de riesgo inyectaron 300,000 millones de dólares en startups, más del doble del récord anterior. Pero el dinero no se repartió parejo: 65 centavos de cada dólar fueron a parar a cuatro empresas que ya existían, Anthropic, OpenAI, xAI y Waymo. El inversor Elad Gil, con quien Guo conduce el podcast No Priors, describió el ambiente de Silicon Valley como una energía maníaca que, dijo, cambió en los últimos seis meses.
Guo no comparte la fiebre, y no por falta de acceso. Su socio en Conviction es Mike Vernal, ex ejecutivo de Facebook y ex socio de Sequoia, cuya esposa dirige el área de producto en Anthropic. Ella misma es cercana a Jensen Huang, fundador de Nvidia, desde hace más de una década, y su marido, Pat Grady, es socio codirector de Sequoia. Aun así, cuando el reportero le preguntó por la euforia, respondió que no percibe ningún cambio brusco frente a hace seis meses o un año. Lo que la ocupa es otra pregunta.
"El futuro que quiero no es una sola empresa con un modelo todopoderoso que consuma a la sociedad más rápido de lo que sabemos qué hacer con ella."
Los laboratorios quieren construirlo todo, y sus clientes se cansaron
Ahí está el corazón de su apuesta. Los grandes laboratorios ya no se conforman con vender el modelo: quieren quedarse también con las herramientas, los agentes y las aplicaciones que se construyen encima. Este año subieron el precio de los tokens, en algunos casos hasta cien veces, y varios clientes empezaron a rebelarse. Nadie quiere construir sobre el modelo de otra compañía, pagarle, alimentarlo con sus propios datos y, en la práctica, entrenarlo para que algún día construya lo mismo que ellos. Alex Karp, director ejecutivo de Palantir, fue a la cadena CNBC, describió a sus clientes empresariales como furiosos y sentenció: "se acabó el truco". Un fundador del propio portafolio de Guo lo dijo más pegado al suelo: no quería pasarse la vida bebiendo el agua de Anthropic y OpenAI.
Colossus describe a los investigadores de los grandes laboratorios como "hormigas obreras" que trabajan sin descanso para construir la máquina que un día los va a reemplazar. Cuando el autor le sugirió que Conviction atrae justamente a esas hormigas que abandonan las colonias más grandes, Guo lo rechazó de plano.
"No veo a los fundadores como hormigas obreras en absoluto. Las hormigas no inician rebeliones."
La posición tiene un costo evidente. Las compañías contra las que apuesta valen cerca de un billón de dólares cada una y emplean a varios de sus amigos. Enfrente hay una firma de ocho personas en York Street, con una barra para colgarse en medio de la oficina. No es un terreno parejo, y algunos de sus propios inversores llegaron este año a decirle que ya no quedaba nada en qué invertir. Sobre entrar tarde a los gigantes, Guo es tajante.
"No eres un inversor de etapa temprana en Anthropic o OpenAI entre 2023 y 2026. Así de simple."
El portafolio que la puso en el centro
Su credibilidad no sale de un pronóstico, sino de una lista de cheques tempranos. Antes de que existiera ChatGPT, escribió cheques semilla a Baseten y Harvey; hoy cada una vale más de 11,000 millones de dólares y su inversión se multiplicó más de cien veces. En el primer año de Conviction entró temprano en Sierra, Cognition y Mistral, que juntas valen ahora 54,000 millones de dólares.
Estos son algunos de los números que sostienen su tesis, según Colossus y la lista Midas de Forbes:
- Baseten, la empresa de inferencia que respaldó desde 2019, multiplicó sus ingresos por 20 en un año. En enero levantó 300 millones de dólares con una valuación de 5,000 millones; cinco meses después sumó otros 1,500 millones a una valuación de 13,000 millones.
- Harvey, la startup de IA legal, vale 11,000 millones de dólares, triplicó sus ingresos hasta los 300 millones anuales y ya la usan más de 100,000 abogados. Guo escribió el cheque semilla de su propio bolsillo, antes de tener siquiera el fondo.
- OpenEvidence, un asistente clínico para médicos, duplicó su valuación hasta los 12,000 millones de dólares en enero de 2026. En abril, cerca del 65% de los médicos de Estados Unidos ya lo usaban.
- Mistral, el principal laboratorio de IA de Europa, en el que Conviction entró con un cheque de Serie A, estaría levantando capital a una valuación de 23,000 millones de dólares.
El hilo que conecta a todas, dice Guo, es que a medida que los modelos mejoran, el trabajo de ayudar a un humano a sacarles valor se vuelve más grande, no más pequeño. Harvey lo muestra a las claras: para vender confianza a los despachos, la empresa de IA legal contrató a 200 abogados propios que enseñan a otros abogados a dejar que el software haga su trabajo.

De cazar a Bill Gates a la GP más joven de Greylock
El primer videojuego que tocó Guo era de su padre y consistía en matar a Bill Gates. Tenía seis o siete años, frente a una máquina con Linux en el sótano de su casa; el juego se llamaba XBill y el objetivo era impedir que unos clones de Bill Gates instalaran Windows en la pantalla. "Hay una veta de rebeldía técnica en la ética de mi papá que yo cargo", le dijo a Colossus. "Es como: vamos a ganarle al sistema."
Ese sistema tenía nombre en su casa. Su padre, Jerry Guo, llegó a Estados Unidos desde Hunan en 1987, a los 24 años, con 50 dólares y un expediente de Tsinghua tras sacar el primer lugar en el gaokao, el examen con el que China ordena a sus jóvenes de 18 años. Fundó Casa Systems, una fabricante de equipo de banda ancha en Andover, Massachusetts. Guo construyó el primer sitio web de la empresa a los 14 y a los 19 ya la presentaba ante inversores. Casa salió a bolsa en 2017 con una capitalización implícita de 1,200 millones de dólares y, tras una larga caída, terminó años después en bancarrota. De ahí sacó la lección que repite hasta hoy: una empresa siempre se siente como si pudiera morir en cualquier momento, y las únicas ventajas disponibles son la velocidad, el producto y el foco de trabajar siempre en tiempo de guerra.
Antes de Conviction hizo "mucha escuela", en sus palabras. Se graduó de Phillips Academy y de la Universidad de Pensilvania con cuatro títulos en cinco años. Se mudó a San Francisco en 2012 para trabajar en Goldman Sachs, donde uno de sus clientes fue Nvidia, entonces una empresa de chips para videojuegos de 7,000 millones de dólares con la acción estancada. En 2013 entró a Greylock, la firma fundada en 1965; ayudó a liderar la Serie A de Figma y trabajó sobre Musical.ly, la app que se convertiría en TikTok. A los 28 años la nombraron la general partner más joven en la historia de la firma. En junio de 2022 renunció.
El rumor del fondo cripto
Cuando dejó Greylock circuló una versión: el fondo que de verdad quería levantar era de criptomonedas, y la tesis de IA fue un ajuste posterior. La evidencia no era nula. Guo había co-liderado el esfuerzo cripto de Greylock, su avatar de Twitter llegó a ser un zombi al estilo CryptoPunk y en febrero de 2022 lanzó un podcast del tema. Cinco semanas después de que Conviction abriera como un fondo de 100 millones de dólares "para la era de la IA", FTX quebró; tres semanas más tarde, salió ChatGPT.
Ella lo niega. Dice que fue tan a fondo en cripto como en IA, las dos ideas más interesantes de la tecnología en una década, y que eligió IA por una razón de raíz.
"El cripto es, en el fondo, una tecnología financiera. La IA es una tecnología general."
Una tecnología financiera, por profunda que sea, queda acotada. Una general empieza diminuta y de pronto está en todas partes. Guo quería construir la próxima gran firma de capital de riesgo, y eso encajaba con la tecnología que estaría en todos lados.
Conviction por dentro: ocho personas y una barra para colgarse
La sede de Conviction, en el barrio Mission de San Francisco, no parece una firma de inversión: parece un gimnasio o el departamento de un estudiante de posgrado con dinero. En el centro hay una barra de acero para colgarse hasta que los brazos ceden, con un tazón de gis debajo; cuando alguien se sube, el equipo pone "Eye of the Tiger" a todo volumen. La firma es de ocho personas, cuatro de las cuales invierten. La regla, dice Guo, es sobre irse, no sobre llegar: si un fundador contrata a ocho personas o levanta más de 20 millones, es hora de dejar los escritorios prestados.

Dos veces al año, desde 2023, Conviction corre Embed, un programa que Guo se niega a llamar aceleradora. De unas mil solicitudes eligen alrededor de una docena de equipos, les escriben un cheque de 250,000 dólares y los tratan como empresas del portafolio durante diez semanas. El propósito real, admite, no es solo ganar dinero: es saber, todo el tiempo, qué pasa en el filo de la tecnología, y la forma más segura de saberlo es sentarse con las compañías más jóvenes que empujan ese filo.
Su socio Mike Vernal es el general que el mundo no ve. Pasó ocho años y medio en Facebook, donde llegó a reportar directamente a Mark Zuckerberg, y luego fue socio de Sequoia. Se sumó a Conviction como general partner en enero de 2025. "Soy mucho mejor como número dos", le dijo a Colossus. "No quiero ser la persona principal." De Jensen Huang, en cambio, salió el mejor aval del perfil.
"Sarah es una socia de capital de riesgo poco común. Combina un profundo entendimiento técnico con una perspicacia excepcional para construir startups. Habla el idioma de los emprendedores y es un absoluto placer trabajar con ella."
Después, el fundador de Nvidia añadió que "a Nvidia le encanta invertir con ella".
Lo que está en juego
La duda que ronda dentro de Conviction es la misma que ronda a toda la industria: si los laboratorios tienen tanto dinero, cómputo y talento, ¿qué le queda a un inversor de etapa temprana? Durante un tramo, la respuesta honesta dentro de la firma pareció ser "nada". Guo tomó el otro lado. Los laboratorios serán enormes, concede, pero no fueron ellos quienes construyeron Harvey, Sierra u OpenEvidence: alguien todavía tiene que meter los agentes en el consultorio del médico, en el expediente judicial, en la fila de atención al cliente o en el cierre contable.
El marcador que falta, dice su primer empleado, Pranav Reddy, es una salida a bolsa: la primera de sus empresas que toque la campana será la prueba de que la apuesta va ganando. Para Guo, hija de emprendedores que llevaron su empresa a la bolsa y la vieron terminar en bancarrota, ese día tiene un sabor agridulce.
"Como hija de emprendedores que llevaron una empresa a bolsa, detesto la idea. Y aun así lo haremos."
El desenlace importa más allá de Silicon Valley. Define si el valor de la inteligencia artificial se concentra en un puñado de laboratorios estadounidenses o se reparte en un tejido de aplicaciones e infraestructura independiente, la diferencia entre un mercado cerrado y uno abierto para cualquiera que quiera construir sobre IA, también en español. Que Mistral, en Europa, figure entre las apuestas de Conviction sugiere que la frontera no es territorio de un solo país. Y mientras 65 de cada 100 dólares de capital sigan yendo a las mismas cuatro empresas, la de Guo seguirá siendo una apuesta contra la corriente.